Qué ha cambiado en cada versión, y por qué. Una vez instalado el sistema se actualiza solo desde el panel: la ISO no vuelve a hacer falta.
Cómo se actualiza
Una vez instalado, la ISO no vuelve a hacer falta.
Desde el panel
Sistema → LGM-OS → Actualizar. Mientras trabaja enseña la fase y un porcentaje; el panel se reinicia a mitad y la barra sigue contando al volver.
Desde la consola
sudo lgm update
Sola
Se puede dejar en automático: que avise en Notificaciones, o que se instale sin preguntar cada 6, 12 o 24 horas, o cada semana.
Si algo sale mal
La actualización es atómica: compila y comprueba antes de promover, y si el panel no responde después, revierte sola a la versión anterior.
Los dos pasos largos son normales. Instalar los paquetes del sistema y compilar la interfaz tardan varios minutos cada uno sin dar señales. Compilar la interfaz necesita memoria: en un equipo justo, cierra antes las máquinas virtuales.
Novedades
215 versiones publicadas. Las dos últimas van abiertas; el resto se despliegan.
Ninguna versión menciona eso. Prueba con una palabra suelta —«copias», «cámara», «disco»— o con un número de versión.
Música: guardar la clave de AcoustID acababa en «acoustid.org contestó 400» con cualquier clave, también con la buena; ahora se acepta, y si de verdad no vale lo dice en palabras.
LGM Connect: al buscar el NAS en casa se quedaba a veces con su dirección IPv6, que no responde, y no había forma de entrar; ahora elige la IPv4 y, si un nombre da varias direcciones, las prueba en ese orden.
Música: «Corregir» ya no se rinde con «musicbrainz contestó 503»: espera un momento y vuelve a preguntar. Y «Artista - Título» escrito en el campo busca esa canción de ese artista, con la que se llama igual la primera.
Música: corregir a mano. Busca el disco, el artista o la canción en el catálogo y elige la ficha correcta; el artista del disco pasa a todas sus canciones que no tengan ninguno.
Películas y series estrena portada: filas que se recorren de lado (lo empezado, lo recién añadido, lo que te puede gustar, por género, series y sagas), carátulas tres veces más pequeñas y una cabecera para seguir con lo que dejaste a medias de un toque.
Música estrena portada con lo que has escuchado hace poco, tus artistas y tus discos, buscador por bloques y página propia de artista y de álbum; en el ordenador con carril a la izquierda y barra de reproducción abajo, y en el móvil con el reproductor a pantalla completa.
Películas y series: lo que se completa desde internet —carátulas, sinopsis, notas y títulos de episodio— aparece en la pantalla según llega, sin recargar.
Música: las portadas, las fotos de artista y las canciones reconocidas por su sonido aparecen en las listas según llegan, sin recargar.
Cambios
Películas y series: abrir una ficha que aún no tiene datos de internet la completa en ese momento, en vez de esperar a la revisión de la hora siguiente.
Música: abrir un artista o un disco sin carátula pide sus datos en ese momento.
Películas y series: las fichas ya completadas se repasan solas —cada semana una película, a diario una serie en emisión— para que la nota y los capítulos no se queden viejos. Una ficha corregida a mano conserva el título que se le eligió.
Música: los discos y los artistas ya completados se repasan una vez al mes, por si el catálogo ya tiene la portada o la foto que le faltaba.
Películas y series: el NAS mira cada tres minutos si hay películas nuevas en las carpetas, en vez de cada diez.
Películas y series: encender «Completar desde internet» o guardar una clave empieza a completar en el acto.
Escritorio y LGM Connect: «Seguir viendo» se pone al día solo mientras está a la vista, así que lo que se deja a medias en el móvil aparece arriba en el ordenador.
Correcciones
Películas y series: una cuenta infantil ya no ve títulos para mayores en «Para ti» ni en «Te puede gustar».
Actualizar: la 1.79.0 no se instalaba —la compilación del panel fallaba y el NAS se quedaba en la versión anterior—. Un NAS que lo intentó se actualiza solo a esta.
Películas y series: subtítulos de internet. Botón «Buscar subtítulos» en cada ficha y, con «Subtítulos automáticos» encendido (Ajustes), llegan solos al abrir una película que no los trae en tu idioma. Se dejan junto al archivo, así que valen para toda la casa; los emparejados por la huella del archivo salen marcados «Para este archivo».
Películas y series: «Te puede gustar». La ficha propone hasta ocho títulos parecidos que ya están en el NAS, y la portada añade una fila «Para ti» con lo que encaja con lo último que has visto.
Películas y series: aviso de episodio nuevo. Enciéndelo en Ajustes, debajo de «Completar desde internet»: cuando sale un capítulo de una serie que tienes y aquí no está, el panel lo dice con su temporada, su número y la fecha de emisión.
Usuarios: cuentas infantiles. Marca «Cuenta infantil» en la ficha de una persona y en Películas y series solo verá lo calificado como apto hasta 12 años (la calificación llega con «Completar desde internet»; lo que no la tiene tampoco se ve).
Música: reconocer canciones sin etiquetas. Las que llegaron como «Track01.mp3» se identifican por su sonido y quedan con título, artista y disco. Hace falta una clave gratuita de acoustid.org; pégala en los ajustes de Música.
Música: radio por internet. Miles de emisoras del catálogo libre radio-browser.info, con buscador, filtro por país y por tema, y tus emisoras marcadas. El sonido pasa por el NAS, así que suenan también las que emiten sin cifrar.
Música: podcasts. Suscríbete por nombre o pegando la dirección de su RSS, oye los episodios desde el panel y retoma por donde ibas. Se refresca solo cada seis horas y puede avisarte de los episodios nuevos.
Escritorio: recuadro «Seguir viendo» —hasta seis películas o episodios a medias con su carátula; al pulsar uno, Películas se abre en esa película—. Se enciende con el «+» del panel.
LGM Connect: subir una ISO. Al crear o editar una máquina virtual, «Subir una ISO desde este ordenador» copia al NAS la imagen que tengas aquí —con barra, cancelable y sin pasar por ninguna carpeta de red— y la deja elegida.
LGM Connect: enviar a la tele. Con una película o una canción puestas, el botón de la tele la pasa al televisor del salón (DLNA y Chromecast) y deja el mando —pausa, posición y «volver a este aparato»— en todas las pantallas.
Correcciones
LGM Connect: la 0.3.5 se abría con «La aplicación ha fallado por dentro»; la 0.3.6 lo corrige y se instala sola desde «Actualizar».
Películas y series: completar las fichas desde internet. Apagado de fábrica; al encenderlo (Ajustes, administración) trae carátula, sinopsis, géneros, nota, fecha y los títulos de los episodios de Wikidata, Wikipedia y TVmaze, sin registrarse en ninguna parte. Solo salen del NAS el título y el año.
Películas y series: con una clave gratuita de themoviedb.org llegan además el tráiler, el reparto y la saga —que agrupa la rejilla—, y con una de omdbapi.com, la nota de IMDb.
Películas y series: el .nfo que dejó tu organizador de videoteca y el identificador de IMDb del nombre del archivo mandan sobre el catálogo, y hacen que la ficha se acierte siempre.
Películas y series: «Corregir», en la ficha, empareja a mano buscando por título y año.
Películas y series: elegir la calidad. Original, 1080p, 720p o 480p al lado de los subtítulos: reduce la imagen para ver una película grande en el móvil o fuera de casa, y se queda elegida en ese equipo.
Música: completa tus discos desde internet. Carátula, fecha, géneros, nombre correcto del artista, su foto y su biografía, de siete catálogos libres y sin ninguna clave. Apagado de fábrica: lo enciende quien administra, y la pantalla dice qué se envía y a dónde.
Música: letras de las canciones, sincronizadas cuando las hay: la línea que suena se resalta y al tocarla la canción salta a ese momento. Un .lrc o .txt junto a la canción manda sobre internet y funciona con la opción apagada.
Música: ficha del artista con su foto, de dónde es, sus géneros y su biografía.
LGM Connect: al entrar, la portada enseña lo que dejaste a medias —«Seguir viendo» y «Escuchado hace poco»—; se vuelve a ella pulsando el logotipo, y «Seguir viendo» abre esa misma película.
LGM Connect: películas guardadas. Baja una película o un episodio al móvil o al ordenador y míralo sin conexión, con su tope de espacio y solo con wifi.
Películas y series: el NAS crea su carpeta compartida «Peliculas», como «Galeria» y «Musica». Ahí van las películas y las series —se arrastran desde el ordenador por red— y la aplicación la mira siempre.
Cambios
LGM Connect: la pantalla de una máquina virtual se abre en una ventana propia, ampliable a toda la pantalla, que recuerda dónde la dejaste.
LGM Connect: los nombres de las categorías de la barra van en el azul del logotipo, para distinguirlos a golpe de vista de las pantallas de dentro.
Copia de la galería del móvil. Las fotos y vídeos que sube LGM Connect desde el teléfono quedan en la Galería, en Fotos del móvil, por persona, aparato y mes, con su fecha real; la misma foto no se guarda dos veces.
LGM Connect en el móvil: las fotos suben solas. En Android, lo que sacas con la cámara sube al NAS al abrir la aplicación; «Volcar toda la galería» la primera vez, solo con wifi si quieres, y la misma foto nunca dos veces.
Música: la pestaña Carpetas baja por tus carpetas como en el disco (género → artista → disco), cada una dice cuántas canciones tiene, y «Reproducir la carpeta entera» toca todo lo que cuelga de ella.
Correcciones
Música: tras mover canciones de carpeta desde el ordenador, reproducir decía «el archivo no existe»; ahora el NAS lo explica, pone la biblioteca al día en el acto y además mira si hay cambios cada tres minutos.
Actualización: la 1.75.0 no llegaba a instalarse (fallaba al preparar la interfaz y el NAS se quedaba en la versión anterior). Los equipos que se quedaron en la 1.74 reciben ahora la 1.75.1 con todo lo de abajo.
Actualización: si las dependencias de la interfaz no cuadran, el actualizador las resuelve sobre la marcha en vez de rendirse.
Música: el NAS crea su carpeta compartida «Musica», como ya hacía con «Galeria». Ahí van las canciones —se arrastran desde el ordenador por red— y la aplicación la mira siempre.
LGM Connect, la aplicación del NAS para el ordenador. El NAS entero en una ventana propia: las mismas apps y ajustes que en el navegador, con lo que tu cuenta puede usar. Para Windows, macOS, Ubuntu (y cualquier Linux moderno) y Android; iPhone, después. Descárgala en lgm-os.com → Descargar.
LGM Connect: carpetas del NAS como si fueran del ordenador. «Conectar» en cualquier carpeta que veas y aparece como una unidad más. La contraseña se pide una vez y puede volver a conectarse sola al arrancar.
LGM Connect: tu carpeta también sin conexión. «Sincronizar aquí» la copia al ordenador y mantiene los dos lados iguales, como un Drive.
LGM Connect: la música como en una app de verdad. Un mini-reproductor visible desde cualquier pantalla, las teclas de reproducción del teclado y «Guardar en este equipo» para oírla sin conexión.
LGM Connect: los avisos del NAS, en el sistema. Llegan como avisos del ordenador, con la foto si vienen de una cámara. Elige todos o solo los importantes en Sistema → Avisos.
LGM Connect: las cámaras en su propia ventana, y el directo en imagen en imagen para tenerlas a la vista mientras haces otra cosa.
LGM Connect se actualiza sola. Avisa cuando hay una versión nueva y la instala desde Sistema → Actualizar, comprobando antes su firma.
Web: Descargar empieza por dos botones, la ISO del NAS y LGM Connect, que ofrece el instalador de tu sistema (Windows, macOS, Ubuntu o Android). La página de las apps con la demostración desaparece.
Tu NAS aparece solo en LGM Connect. El equipo se anuncia en la red de casa y la aplicación lo encuentra sin escribir ninguna dirección.
Invitar a un ordenador. En Usuarios y grupos, un código para copiar y pegar en LGM Connect con dónde está tu NAS y su firma. No lleva contraseñas: cada uno entra con su usuario.
El mismo código en tu cuenta de la web, junto a cada licencia, para estrenar la aplicación desde un equipo que todavía no sabe llegar al NAS.
Películas y series. Una aplicación nueva para ver lo que hay en el NAS: rejilla de carátulas, series agrupadas por temporada, subtítulos y «seguir viendo» por persona. Elige sus carpetas en su pantalla de ajustes.
Películas y series: el título, el año, la serie y el episodio salen del nombre del archivo, y la carátula de la imagen que esté a su lado o de un fotograma. Nada se consulta en internet.
Carpetas del NAS en tu ordenador. Cada cuenta ve la lista de lo que puede conectar, con su nombre por red y el puerto correcto, sin necesitar el Panel de control.
El Drive, para cada uno. Cualquier cuenta enlaza su propio ordenador a su carpeta, ve sus instrucciones y lo da de baja; quien administra los sigue viendo todos.
Cambios
Copias: el icono de la app es ahora un disco duro con un escudo, que es lo que hace.
Panel de control: el icono de la app es ahora una rueda dentada, como los ajustes de un móvil.
Música: las teclas de reproducción del teclado y el control de medios del sistema manejan lo que suena, también en el navegador y en el móvil.
Correcciones
Drive: las instrucciones para el ordenador llevan la dirección por la que entras al NAS (de casa, tu dominio o la aplicación), y ya no el nombre de red, que fuera de casa no vale.
Drive: el puerto de WebDAV que se enseña es el que sirve el NAS, no el 443 de siempre.
Drive: la lista de carpetas sincronizadas deja de enseñar a cada cuenta las de los demás y los ordenadores de toda la casa.
Carpetas compartidas: la contraseña con la que se entra desde Windows o Mac se pone al día con la del panel cada vez que esa persona entra; antes, si se había quedado con una vieja, «contraseña incorrecta» para siempre.
Copias: el panel dice qué carpetas se quedan fuera de las copias —sin copia, solo dentro del NAS o copiada fuera de casa—, en Copias, en la Comprobación y en el informe semanal.
Traer los datos de tu NAS anterior. Se conecta al equipo que tenías, crea aquí las mismas carpetas y copia lo que hay sin tocarlo allí; si se corta, «Continuar» sigue donde iba.
Equipos vistos en la red: cada aparato se identifica solo —fabricante, y si suele ser teléfono, cámara, impresora, enchufe o router— y el NAS le pregunta su nombre y lo recuerda.
Equipos vistos en la red: ponle nombre a cualquier aparato desde su fila; ese nombre manda sobre el que dé el aparato y vuelve al restaurar la configuración.
Alertas: «Estoy fuera de casa». Mientras está puesto, el NAS avisa de cada entrada al panel, de cada equipo que se conecta a las carpetas compartidas y de cualquier movimiento en las cámaras que graban; al apagarlo, todo vuelve a como estaba.
Primer arranque: tras crear el administrador, el asistente propone el volumen con los discos vacíos que hay —sencillo, espejo o paridad, con el espacio que de verdad va a caber— y lo crea con un botón; después ofrece la primera carpeta compartida.
Cámaras: aviso cuando una cámara detecte movimiento, con una foto dentro (correo, Telegram, Discord y el móvil). Se enciende cámara a cámara en su ficha y solo funciona mientras esa cámara graba.
Cámaras: cada cámara puede llevar la dirección de su segundo vídeo, el de poca resolución: es el que usan el mosaico y el directo, y con «HD» o al grabar se usa el principal. Con ONVIF se rellena sola.
Consumo eléctrico. Con un SAI que lo publique, el panel dice cuántos vatios gasta el equipo ahora, la media del último día y lo que costaría al mes con el precio del kWh que escribas en Panel de control → SAI.
Carpetas que se vacían solas. Cada carpeta compartida puede retirar sola lo que lleve N días sin tocarse; se enciende en su ficha y lo retirado va a su papelera.
Galería: los viajes salen solos como álbumes, con las fotos de cada racha de días fuera de casa.
Copias: el disco que te llevas de casa, cifrado. Al crear un destino en un disco USB puedes cifrarlo: los nombres y el contenido se cifran en el NAS, así que un disco perdido no se puede leer. Guarda la clave de recuperación que se enseña al crearlo: se enseña una sola vez y sin ella no se recupera nada.
Copias entre dos NAS, con un código. El que recibe genera un código en Copias de seguridad → Destinos → Recibir copias de otro NAS; el que manda lo pega y el destino queda listo y probado. Nadie toca un archivo en ningún equipo.
Recibir copias de otro NAS. Elige el volumen y mira quién te copia, en qué carpeta y cuánto ocupa; «Dejar de recibir» retira su permiso y no borra lo que ya había copiado.
Cambios
Almacenamiento: la pestaña «Mudanza» desaparece; lo que hacía lo hace ahora «Traer los datos de tu NAS anterior», en Panel de control → Mantenimiento.
Equipos vistos en la red: la dirección física deja de tener columna propia y pasa a la letra pequeña, debajo del nombre del aparato.
Dominio dinámico: el registro IPv6 se publica solo si lo enciendes en la ficha, y con la dirección fija del NAS, no con la temporal que cambia cada pocas horas.
Aviso de entrada desde un sitio nuevo: ahora dice la hora y si fue desde fuera de casa.
Escritorio: el recuadro de Cámaras se refresca cada diez segundos y al pulsar una cámara la abre en directo.
Tienda: la ficha de una aplicación y la confirmación de instalar avisan si usa la red del NAS directamente: sus puertos son los del equipo y no se pueden cambiar.
Casa domótica: «Quitar la contraseña» deja el NAS entrando en el broker sin ella; hasta ahora no había forma de quitarla.
Copias: un destino sin cifrar ya no se puede crear en la misma carpeta de disco que uno cifrado; elige otra carpeta.
SAI: el precio del kWh se guarda con el «Aplicar cambios» de arriba, como el resto de la pantalla; el segundo botón desaparece.
Correcciones
Carpetas remotas, VPN de salida, redes etiquetadas y carpetas de las máquinas virtuales: su configuración se pone al día sola al encender el NAS.
Carpetas compartidas: una carpeta con contraseña propia, cerrada, seguía ofreciéndose por rsync —vacía y con permiso de escritura—; ahora se retira al cerrarla y vuelve al abrirla.
Energía: guardar esa pantalla ya no le cambia el modo del procesador a un equipo cuyo dueño nunca lo eligió.
Energía, Acceso externo, Discos externos y Copias: sus pantallas ya no se caen cuando el NAS contesta a medias.
Acceso externo: con el router sin UPnP, la pantalla enseña los números que hay que abrir a mano en vez de dejar la lista vacía.
Tienda: cambiar el puerto de una aplicación y encender su VPN a la vez dejaba el cortafuegos abriendo el puerto viejo.
Tienda: las aplicaciones recomendadas (Jellyfin, Nextcloud, Plex…) no salían en ninguna estantería de la portada ni al filtrar por categoría.
Tienda: con el panel en inglés, el título de cada estantería salía en castellano.
Música: con el panel en inglés, el resumen de «Buscar música» salía en castellano.
Música: la pantalla abre al momento aunque la biblioteca sea grande; las portadas se preparan al buscar música.
Copias: con el panel en inglés, «Qué puede hacer este NAS» y los pasos de «Probar conexión» salían en castellano.
Archivos: compartir una carpeta dejaba la aplicación en «La aplicación ha fallado por dentro».
Casa domótica: guardar con el interruptor apagado anunciaba que el NAS había dejado de publicar y que se habían retirado sus sensores.
Certificado: al pegar un archivo que no es un PEM, «Instalar» se quedaba en gris sin decir qué faltaba.
Energía: el ajuste del procesador se llamaba «Perfil» a secas, sin decir de qué.
Restaurar los ajustes: la pantalla hablaba solo de los del volumen y no de los que cada copia deja en su destino, que son los que sobreviven a reinstalar el sistema.
Salud: una prueba automática de la que el disco no dice nada se apunta como sin terminar, no como superada.
Salud: un disco que deja de contestar a su propia revisión justo después de la prueba a fondo ya no sale aprobado, que es cuando más hay que mirarlo.
Almacenamiento: crear un volumen ya no acaba en «no se puede contactar con el servidor» a los 30 segundos con el volumen creado detrás.
Probar un disco a fondo: un disco que forma parte de un volumen, de un RAID por software o de un grupo LVM ya no se ofrece ni se escribe.
Enlaces compartidos: una foto compartida se descarga con barra de progreso, se puede reanudar si se corta y el navegador deja de bajarla entera cada vez.
Equipos vistos en la red: sus botones dejan de apagarse solos mientras el NAS averigua qué aparato es cada uno.
Discos externos: cuando el NAS no puede comprobar qué discos hay abiertos, no abre ninguno en vez de montar uno encima de otro.
Carpetas con contraseña propia: si abrir una carpeta se queda a medias y su contraseña sigue cargada en el equipo, el panel lo dice y pide bloquearla.
Nubes y carpetas remotas: si el NAS no puede comprobar que se han desmontado, no las da por desmontadas ni borra su configuración.
Escritorio: el reloj y la fecha salían en castellano con el panel en inglés.
Escritorio: el título de la pestaña se iba llenando de repeticiones («Cámaras · Cámaras · LGM-OS») en vez de decir qué hay abierto.
Tienda: la ficha de una aplicación decía «se te pedirán 20 dato(s)»; ahora dice «un dato» o «20 datos».
Seguridad
Acceso externo: el motivo que da el router ya no puede llevar dentro la contraseña de su página de configuración.
Tienda: la clave privada de la VPN de salida ya no puede salir dentro de un error al actualizar o al instalar una aplicación, ni en el aviso del móvil cuando su horario falla.
Acceso externo: encender la apertura de puertos del router y que salga mal dejaba abierto lo que ya se había llegado a abrir, con el interruptor apagado; ahora se retira y, si no se puede, se dice qué quitar a mano.
Acceso externo: el NAS marca en el router las redirecciones que pone él, así que retirarlas funciona también cuando se ha dejado de publicar lo que las pedía.
Copias: los ajustes que cada copia deja en su destino ya no llevan la semilla del segundo factor de ninguna cuenta. Tras restaurar, quien lo tuviera activado lo vuelve a emparejar con su teléfono.
Copias: esos ajustes tampoco llevan ya los testigos de los equipos de casa ni de los ordenadores sincronizados, que estaba escrito y no se cumplía.
Archivos: un enlace con tope de descargas ya no se puede descargar sin gastarlo pidiéndolo en trozos; y el zip de una carpeta o de un álbum cuenta siempre.
Tienda: la aplicación que sale por la VPN no puede quedarse con la red del NAS ni cambiar lo que se ejecuta dentro de su contenedor.
Monitor: las cifras para Prometheus solo incluyen volúmenes y discos si la cuenta de la clave tiene Almacenamiento concedido.
Música: una portada o una canción que sea un enlace a otro sitio del NAS deja de servirse y de indexarse.
Tareas programadas: borrar una tarea con orden propia pide administrar y sesión iniciada, como crearla.
VPN de salida: retirarla se lleva también la clave privada que quedaba escrita en la carpeta de cada aplicación que la usaba.
Carpetas compartidas: abrir una carpeta con contraseña propia, o cambiársela, tiene freno de intentos: cinco fallos y hay que esperar diez minutos.
Máquinas virtuales: la lista de carpetas del NAS que se pueden dar a una máquina solo la ve quien puede editar máquinas.
Compartir: las fotos salen sin el lugar donde se hicieron aunque el archivo lleve otra extensión; se mira el contenido.
Cifrado: cambiar la contraseña de un volumen y la de una carpeta cifrada a la vez ya no pueden leerse la contraseña el uno al otro.
Salud: probar un disco a fondo antes de usarlo. Escribe y relee todos sus sectores y compara su estado antes y después; borra el disco, así que solo se ofrece sobre uno sin uso y pide escribir su nombre.
Salud: los discos se prueban solos. Una prueba rápida cada domingo y una completa el primer domingo del mes, de madrugada; viene encendido y la hora se elige en Salud.
Carpetas compartidas: una carpeta puede tener su propia contraseña: se abre cuando la necesitas y se cierra al terminar; cerrada no la ve nadie, y al reiniciar el NAS queda bloqueada hasta que la abras.
Discos externos: el disco USB que enchufas se comparte en la red con un interruptor y los mismos permisos que una carpeta; se apaga solo al expulsarlo y vuelve al enchufarlo.
Red: cada tarjeta admite una red etiquetada (VLAN): una segunda red por el mismo cable, con su número y su dirección, para dejar aparte las cámaras sin tirar otro cable.
Energía: elige cómo va el procesador —Ahorro, Equilibrado o Rendimiento— con el modo y los megahercios de ahora mismo delante.
Claves de API: el NAS publica sus cifras (procesador, memoria, red, cada volumen y cada disco) para Prometheus o Grafana; la dirección está en Tu cuenta → Claves de API.
Tienda: una aplicación puede salir a internet por la VPN que tengas contratada, ella sola; sube el archivo de tu proveedor en Panel de control → VPN.
Máquinas virtuales: comparte carpetas del NAS con una máquina y se ven dentro, sin copiarlas ni pasar por la red.
Monitor: tarjeta de la gráfica con uso, memoria y temperatura en los equipos que tienen una.
Acceso externo: el NAS abre los puertos del router él solo; enciéndelo en «Tu conexión» y, si tu router no tiene UPnP, el panel te da los números para abrirlos a mano.
Acceso externo: «Comprobar el acceso desde fuera» enseña tu dirección pública por IPv4 y por IPv6 y a dónde apunta tu dominio por cada una.
Dominio dinámico: DuckDNS y Cloudflare publican también el registro IPv6, así que se llega al NAS desde una red que solo tenga IPv6.
Certificado: puedes usar el tuyo; se comprueba que certificado y clave casen, que no esté caducado y que cubra tu nombre antes de instalarlo.
Certificado: aviso catorce días antes de que caduque, sea el del NAS, uno de Let's Encrypt o el tuyo.
Copias: cada copia guarda también los ajustes del NAS —cuentas, carpetas, permisos y avisos— en su destino y conserva los diez últimos; se puede apagar en cada trabajo.
Tareas programadas: «Ejecutar una orden propia», solo para quien administra: una línea de órdenes desde una carpeta compartida, con tope de tiempo y sin permisos de administración del sistema, con su salida a la vista.
Archivos: un enlace compartido puede limitarse a un número de descargas; con «1» se cierra solo en cuanto lo descarguen, y desde la lista se renueva sin cambiar la dirección.
Casa domótica: el NAS se conecta al sistema domótico de la casa (MQTT) y aparece allí como un aparato más, con procesador, memoria, temperatura, lo lleno que está cada volumen, la salud de cada disco, el SAI y un aviso de si hay algo sin leer.
Cámaras: cada cámara puede preparar sola, de madrugada, el resumen del día anterior; se enciende en los ajustes de la cámara.
Música. Oye lo que hay en el NAS sin bajártelo: por artista, por álbum o por carpeta, con cola, búsqueda, favoritas y listas propias; la canción sigue sonando al cambiar de pestaña y se puede saltar a un minuto concreto.
Música: la biblioteca se pone al día sola y las portadas salen del cover.jpg de la carpeta o de la propia canción.
Cambios
Restaurar los ajustes enseña también los que cada copia dejó en un disco o una carpeta de este equipo, no solo los de los volúmenes.
Compartir: las fotos que salen por un enlace público o en un álbum compartido salen sin el lugar donde se hicieron; dentro del panel el archivo sigue intacto y los vídeos salen como están.
Correcciones
Avisos: «Silenciar 7 días» se lee en el tema oscuro (salía en gris sobre gris).
Tienda: una aplicación sin icono enseña un icono del panel, no un emoji.
Buscar: la cruz de vaciar el buscador de la tienda y del Panel de control es un icono.
Galería: pulsar un sitio del mapa vuelve a abrir sus fotos, y solo queda marcado ese sitio.
Apagar y reiniciar: la pantalla ya no se cae entera —con el apagado programado dentro— cuando el NAS contesta a medias la lista de equipos a los que puede encender.
Tienda: instalar una aplicación ya no se cae cuando el NAS contesta a medias la lista de tarjetas de red.
Panel en inglés: dejan de salir en castellano el aviso del disco del sistema al crear una carpeta, los fallos de guardar SMB, NFS, WebDAV, SSH y rsync, y una treintena de frases más.
Sincronización: los motivos por los que una pasada se frena salen en inglés con el panel en inglés.
Tareas programadas: el aviso de que falta el destino nombra el campo («Sobre qué») en vez de mandarte «al campo del centro», que en un móvil no existe.
Red: un cambio que no se pudo aplicar ya no se lleva por delante, al deshacerse, la configuración de otra tarjeta.
Certificado: el NAS ya no pisa en cada arranque un certificado tuyo autofirmado que dure más de un año.
Tareas programadas: «Ejecutar ahora» dejaba la fila con el resultado de la vez anterior hasta salir de la pantalla y volver.
Seguridad
Tienda: una receta ya no puede meterse en la red con dirección propia del panel pidiéndola por su nombre.
Tienda: una receta ya no puede fijar las direcciones de su propia red (ipam); con la subred de casa dentro dejaba al NAS sin camino hacia su red.
Máquinas virtuales: la copia de la memoria de firmware ya no escribe a través de un enlace dejado en la carpeta de destino.
Tienda: una receta ya no puede meter una aplicación dentro de la red de otro contenedor del NAS.
Contraseñas: toda contraseña que elijas pide al menos 8 caracteres —cuentas, enlaces públicos, pedidos de archivos, álbumes compartidos, carpetas y volúmenes cifrados—; un equipo con el mínimo por debajo lo sube solo al arrancar.
Volúmenes cifrados: el panel avisa de la longitud mínima antes de empezar a crear el volumen, en vez de fallar a mitad.
Tienda: ponle horario a una aplicación y se enciende y se apaga sola a la hora que elijas, como ya hacían las máquinas virtuales.
Tienda: «Actualizar todas» pone al día de una vez las aplicaciones instaladas, y una que falle no detiene a las demás.
Tienda: una aplicación puede tener su propia dirección en la red de casa, para que AdGuard o Home Assistant no se peleen con el panel por los puertos; desde el propio NAS no se la ve.
Copias de seguridad: un trabajo puede incluir máquinas virtuales, con su disco y su definición; una encendida se copia desde una instantánea o se salta diciéndolo.
Sincronización con la nube en los dos sentidos. Lo que cambia en la nube vuelve al NAS; si un archivo cambia a los dos lados, el de la nube se queda al lado acabado en «.nube».
Instantáneas: la tarea programada puede conservarlas por tramos —tantas horarias, diarias, semanales y mensuales a la vez—, así que con menos de cincuenta se llega a hace un año.
Máquinas virtuales: cede una tarjeta del equipo —la gráfica, casi siempre— a una máquina; el panel dice cuáles se pueden ceder y las devuelve al NAS al quitarlas.
Caché de escritura. Un SSD (o dos en espejo) recoge lo que se copia a las carpetas que elijas y lo pasa al volumen de madrugada: copiar desde el portátil va a velocidad de SSD.
Carpetas compartidas: tope de tamaño. Ponlo al crear la carpeta y el sistema de archivos lo hace cumplir; en una que ya existe, el NAS avisa al 90 % pero no para la escritura.
SMB: usar varias tarjetas de red a la vez. Reparte una copia grande entre dos tarjetas, desde Servicios de archivos → SMB, con el recuento de las que el NAS ve de verdad.
Almacenamiento: saca un disco de un volumen sin destruirlo. Los datos se mueven solos a los demás discos y el disco queda libre para otra cosa.
Almacenamiento: mantenimiento semanal de los discos SSD, para que no acaben escribiendo más despacio con los años. Se puede apagar.
Almacenamiento: el NAS avisa de los errores de lectura y escritura que ve el sistema, que suelen aparecer semanas antes de que el disco se declare enfermo.
Energía: el NAS puede apagarse solo tras unas horas sin que nadie lo use. Viene apagado, y la pantalla dice exactamente qué cuenta como usarlo.
Sincronización con la nube. Elige qué no se sube: por patrón (*.tmp, ~$*, node_modules/**) o por tamaño, y mira lo que ya se queda fuera de serie.
Salud de discos: la pestaña dice cuánto tarda en contestar cada disco y cuál frena al equipo, que es lo que explica un NAS lento cuando el espacio y el estado están bien.
Salud de discos: queda apuntado cuándo se comprobó cada volumen y cada disco, cuánto tardó y qué encontró, con aviso cuando algo lleva más de tres meses sin comprobarse.
Máquinas virtuales: elige qué vas a instalar —Windows 11, Windows 10 o Linux— y la máquina viene con el firmware, los controladores y el tamaño que ese sistema necesita.
Instantáneas: abre una instantánea como carpeta compartida nueva, al lado y sin tocar la de ahora, para mirar dentro con calma o probar una aplicación sobre los datos de ayer.
Galería: tus fotos sobre un mapa que se dibuja dentro del NAS, sin pedir nada a ningún servidor de fuera; las hechas en tus zonas privadas no aparecen.
Volúmenes cifrados: el NAS puede abrirlos solo tras un corte de luz, con la llave en un pendrive o en el chip de la placa; la pantalla dice qué protección se pierde con cada opción.
Carpetas compartidas. Cada una elige su compresión y su tamaño de bloque, para que la carpeta de vídeo y la de documentos no se guarden igual.
Cambios
SMB: usar varias tarjetas a la vez pasa a estar apagado salvo que lo enciendas en Servicios de archivos → SMB; hasta ahora venía activo sin que el panel lo dijera.
Cifrado y claves: dejar la llave en un pendrive se hace solo desde «Abrir el volumen cifrado sin nadie delante», eligiendo de la lista de discos extraíbles abiertos.
Correcciones
Sincronización: el sentido «los dos» no llegaba a sincronizar nada en ningún equipo. Vuelve a emparejar tus carpetas con «Emparejar ahora».
SMB: la compatibilidad con equipos antiguos se apagaba sola al guardar cualquier otro ajuste de SMB.
Sincronización: las carpetas que nunca deberían subirse (papeleras y miniaturas) sí se subían cuando la sincronización iba en un solo sentido.
Máquinas virtuales: una máquina rechazada al crearla dejaba su disco ocupando sitio en el volumen e impedía volver a intentarlo con el mismo nombre.
Avisos y errores: una cámara apagada o una nube que no contesta ya no se explican como «Docker no está en marcha»; ese consejo solo sale cuando la orden que falló era de Docker.
Sincronización: los fallos se cuentan en castellano; antes salía el mensaje en inglés de la herramienta, con la marca del sistema delante.
Sincronización: una carpeta del NAS que llega a su tope de espacio ya no se cuenta como «tu nube se ha quedado sin espacio».
Volumen cifrado: dejar la llave en un pendrive exFAT, FAT o NTFS fallaba siempre; ahora funciona y el panel avisa de que ahí la puede leer cualquiera que abra el disco (usa ext4 si quieres que solo la lea el NAS).
Volumen cifrado: el NAS abre por su cuenta el pendrive de la llave al encenderse, así que el volumen vuelve solo tras un corte de luz.
Cifrado y claves: los errores al cambiar la contraseña o al mover la llave dejan de salir en inglés y con la jerga del sistema de archivos dentro.
Instantáneas: el aviso de «quedaron sin borrar» de la limpieza automática ya no lleva la orden del sistema dentro.
Seguridad
Avisos y errores: el motivo de un fallo ya no puede llevar dentro la contraseña que un programa mete en su propio mensaje (la dirección de una nube, la de una cámara).
Galería: quitar el lugar a las fotos de las zonas privadas pasa a ser de administración y queda a nombre de quien lo hace.
Galería: la ficha de una foto hecha dentro de una zona privada deja de decir sus coordenadas.
Sincronización con la nube: las carpetas del propio NAS ya no se suben. Sincronizar un volumen entero llevaba a la nube sus ajustes —con los hash de las contraseñas de todas las cuentas— y lo montado dentro. Si tenías un volumen entero sincronizado, borra esas carpetas de tu nube y cambia las contraseñas de las cuentas.
Volumen cifrado: la llave del arranque desatendido solo puede quedar en un disco extraíble abierto en ese momento; una ruta con «..» la llevaba al disco del sistema o dentro del volumen.
Volumen cifrado: guardar la llave con el pendrive ya expulsado escribía la contraseña en claro en el disco del NAS y lo daba por bueno.
Cifrado y claves: las dos pantallas dejan de contestar a cuentas que solo pueden mirar; devolvían la ruta exacta del archivo de la llave.
Red: «Equipos vistos en la red» lista quién se ha conectado a casa, cuándo se le vio y un botón para encenderlo; funciona aunque las direcciones las reparta el router.
Red: cada tarjeta enseña la velocidad negociada del puerto (100 Mb/s, 1 Gb/s, 2,5 Gb/s) y avisa cuando un puerto va a 100 Mb/s pudiendo ir a mil.
Uso del espacio: el informe dice aparte cuánto ocupan las papeleras de todas las carpetas, con un botón para vaciarlas todas de una vez.
Uso del espacio: cuánto ocupa la carpeta «Mi unidad» de cada persona, de más a menos.
Escritorio: widget «Lo que está haciendo el NAS»: lo que está copiando, convirtiendo o actualizando, con su barra.
Escritorio: widget de próximas citas, con lo de hoy y lo de mañana.
Impresora: la cola de impresión, con quién mandó cada papel y cuándo, y botones para cancelar uno, vaciarla entera o reanudarla cuando se para sola (impresora apagada o sin papel). Cancelar es cosa de quien administra.
Usuarios y grupos: cada cuenta enseña cuándo se entró por última vez con ella, con un filtro para ver solo las que llevan más de 90 días sin usarse.
Usuarios y grupos: ponle a una cuenta el día en que deja de funcionar; al llegar se cierra sola (panel, carpetas compartidas, calendario y consola) y se avisa a quien administra.
Usuarios y grupos: «Cerrar todas sus sesiones» echa a una persona del panel y de la app en todos sus dispositivos, desde su ficha.
Avisos: «No molestar» de noche: entre las horas que elijas, lo que no es crítico espera a la mañana; lo crítico pasa siempre, y en el panel aparece todo igual.
Avisos: «Silenciar 7 días» en cada aviso, para quien administra; lo silenciado se ve y se levanta en Panel de control → Alertas.
Avisos: el NAS avisa cuando tu operador cambia la dirección de internet de tu casa, y dice qué hacer si no tienes DNS dinámico.
Avisos: el NAS avisa cuando se queda sin salida a internet, y cuando vuelve.
Avisos: el NAS avisa de la aplicación que se reinicia una y otra vez, con lo último que dijo y dónde mirarlo.
Archivos: «Calcular tamaño» en el menú de una carpeta (y en Propiedades) dice cuánto ocupa y cuántos archivos tiene, sin salir de la lista.
Archivos: filtro por tipo en la barra (fotos, vídeos, documentos, música, otros) para quedarse solo con lo que buscas dentro de la carpeta.
Archivos: «Restaurar todo» devuelve de una vez lo que hay en la papelera a las carpetas de las que se borró; lo que ya exista con ese nombre se conserva y lo recuperado entra como «nombre (2)».
Agenda: las citas con alarma avisan también por el NAS, a la hora que pide cada una y solo a quien es suya.
Máquinas virtuales: cada máquina puede encenderse y apagarse sola a la hora que le pongas, los días que elijas (en su ficha, «Horario»).
Copias: aviso cuando el disco de una copia «al enchufar» lleva un mes sin conectarse.
Cámaras: endereza la imagen de una cámara mal colocada (girada 180°, volteada en horizontal o en vertical) desde su ficha: el directo, la Galería y el resumen salen derechos; lo grabado se guarda tal cual lo manda la cámara.
Cámaras: pinta hasta cuatro zonas que la detección de movimiento ignora, para que la calle o un árbol dejen de disparar avisos.
Cámaras: guarda en la Galería la imagen de lo que ves, dentro de «Cámaras/<nombre>».
Cámaras: resumen del día (hoy hasta ahora, o ayer) en un vídeo de un minuto, para ver de un vistazo qué ha pasado; se ve en el panel y se descarga.
Seguridad: verificación en dos pasos obligatoria para quien administra (Panel de control → Seguridad → Contraseñas); quien no la tenga entra solo a la pantalla para ponerla.
Entrar: «No pedir el código en este navegador durante 30 días» al entrar con verificación en dos pasos; se anula al cambiar la contraseña, al cerrar todas las sesiones o al rehacer el segundo factor.
Seguridad: cierre de sesión por inactividad: cierra el panel cuando nadie lo toca durante los minutos que elijas; apagado de fábrica y con las subidas en curso a salvo.
Mensaje para toda la casa: un aviso («esta noche apago el NAS a las 23:00») que sale en el escritorio de todos al entrar hasta que cada uno lo cierra o hasta el día que le pongas; se escribe en Panel de control → Portal de acceso.
Pantalla de entrada con tu foto: elige la imagen que se ve detrás del formulario de acceso en Panel de control → Portal de acceso; «Quitar» vuelve a la de siempre.
Letra grande: en Panel de control → Región y apariencia, sube el tamaño de todo el panel; se recuerda en cada aparato, como el tema.
Cambios
Tienda: deja de ofrecer las aplicaciones que este NAS nunca podría instalar —las que piden permisos de root o el mando de Docker—; el resto del catálogo sigue igual.
Correcciones
Usuarios y grupos: una cuenta recién invitada decía «Enlace de recuperación vivo» en vez de «Invitación pendiente».
Tienda: las aplicaciones que solo necesitaban saber la hora del NAS ya se instalan.
Red: las redes que crea el NAS para sus máquinas virtuales dejan de salir como una tarjeta más, marcadas «sin enlace».
Archivos repetidos: buscarlos y borrarlos vuelve a ser cosa de quien administra el NAS.
Uso del espacio: el análisis ya no busca archivos repetidos (eso lo hace «Archivos repetidos», que además los borra) y termina bastante antes.
Monitor: el veredicto de la velocidad lo decide la dirección más lenta y habla de velocidad, no de cables; el medidor dice dónde se mide internet, y solo admite una medición a la vez.
Servidor DHCP: el botón de encender un equipo se llama «Encender», como en Encendido y apagado.
Uso del espacio y archivos repetidos: solo puede correr un recorrido del volumen a la vez; el segundo espera a que termine el primero.
Correcciones
Archivos repetidos: «Borrar todas las sobrantes» fallaba sin borrar nada con más de 20.000 copias, y la cifra de espacio a liberar bajaba de golpe al borrar el primer grupo.
Servidor DHCP: en el móvil, los botones de cada equipo quedaban fuera de la pantalla.
Archivos: «Numerar» dejaba renombrar sin escribir el nombre y borraba todos los nombres de golpe; y renombrar en lote acepta hasta 2.000 elementos y lo dice, en vez de quedarse colgado.
Archivos: renombrar en lote desplazando los nombres (renumerar las fotos desde el 2) contestaba «ya existe» y el botón se apagaba; ahora sale, y si algo falla a medias, todo vuelve a su nombre anterior.
Seguridad
Una cuenta con «Uso del espacio» concedido podía recorrer el volumen entero y mandar a la papelera archivos de las carpetas de los demás desde «Archivos repetidos».
LGM Connect: tu cuenta en la web dice si el túnel de cada NAS está en marcha o parado; lo cuenta el propio NAS en su latido, y al momento al encender Connect.
Tu cuenta: «Últimas entradas» enseña las veinte últimas veces que se entró con tu cuenta (desde dónde, con qué aparato y cómo) y qué hacer si alguna no fuiste tú.
Panel de control: el buscador encuentra por lo que se teclea («papelera», «wifi», «2fa», «apagar») y no solo por el nombre de la pantalla; Intro abre la primera.
Lanzador y búsqueda global: las pantallas de ajustes salen también al buscar allí y abren el Panel de control directamente en esa pantalla.
Red: «Encender» junto a cada equipo de la lista del DHCP: enciende el ordenador del salón desde el móvil, sin apuntarlo antes en ninguna parte.
Monitor: «Medir la velocidad con este dispositivo» dice a qué velocidad hablan tu ordenador y el NAS y si la lentitud está en tu Wi-Fi. No hace falta ser administrador.
Archivos: arrastra una carpeta al gestor (o «Subir → Subir carpeta…») y sube entera, con sus subcarpetas y las vacías.
Archivos: con varios elementos marcados, «Renombrar» renombra en lote (buscar y reemplazar, prefijo o sufijo, numerar) con los nombres nuevos a la vista antes de aplicarlos.
Copias: «Al enchufar este disco, hacer la copia sola»: al conectarlo, el NAS lo abre, copia, lo cierra y avisa de que ya puedes desenchufarlo. Márcala con el disco conectado.
Tienda de apps: interruptor «Actualizar sola» en cada aplicación instalada: de madrugada instala la versión nueva y, si la aplicación no arranca, repone la anterior y te avisa.
Máquinas virtuales: crea una máquina Debian 12 o Ubuntu 24.04 LTS sin instalador: el NAS descarga la imagen oficial, la comprueba y la deja lista para entrar. La primera vez baja unos 600 MB.
Almacenamiento: un volumen btrfs de dos discos o más pasa a espejo (RAID1) sin vaciarse, y vuelve atrás para recuperar el espacio de la copia.
Almacenamiento: «Archivos repetidos», en el informe de espacio, encuentra el mismo archivo guardado varias veces y manda las copias sobrantes a la papelera; tú eliges cuál se queda.
Tienda de apps: «Exportar copia» guarda una aplicación entera (configuración y datos) en un archivo del NAS, e «Importar copia» la devuelve en otro equipo.
Cámaras: la tarjeta de cada cámara dice desde cuándo hay vídeo guardado («guardado desde hace 6 días»), para ver de un vistazo hasta dónde llegan las grabaciones.
Cambios
Cámaras: el tope de espacio por cámara pasa a ser opcional: se guardan los días que digas y el tope, si lo quieres, se pone al añadir o editar la cámara. Las que tenían el de fábrica lo pierden.
Correcciones
Red: el aviso de encendido (Wake-on-LAN) sale ahora por todas las redes del NAS; antes salía por una sola y en muchos equipos no llegaba aunque el panel dijera que sí.
Cámaras: con el tope de espacio de fábrica (50 GB) se borraban grabaciones que aún estaban dentro de los días de retención, sin avisar.
Escritorio: los cinco primeros pasos de un NAS nuevo (volumen, carpeta compartida, cuentas, copia y acceso desde fuera) en una tarjeta que se marca sola y desaparece al terminarlos.
Almacenamiento: «Medir velocidad» mide de verdad la lectura de cada disco y la escritura de cada volumen y guarda el resultado, para ver que uno va lento antes de que falle.
Usuarios y grupos: crea una cuenta sin contraseña y pásale un enlace para que la ponga ella; la cuenta queda cerrada hasta entonces, y el enlace dura 48 horas y vale una vez.
Cámaras: cada cámara elige cuándo graba (siempre, solo en unas horas y días, o solo cuando ningún móvil de la casa está conectado); fuera de su horario sale «fuera de horario» y no como avería.
Cambios
Cámaras: los horarios de grabación que ya existían (la rejilla semanal) se convierten a una franja de horas y días. Revisa el de cada cámara: puede grabar más horas que antes, y uno que no grababa nunca deja la cámara apagada.
Correcciones
Archivos: en los NAS que ya estaban instalados, el vaciado automático de la papelera viene apagado hasta que se elija un plazo en la Papelera; la primera pasada tras actualizar podía llevarse de golpe lo que llevaba más de un mes, sin avisar.
Archivos: un elemento de la papelera que no se puede leer se conserva; antes la limpieza automática lo destruía.
Cámaras: al actualizar, un horario pintado en la rejilla con dos días de horas distintas perdía uno de los días; ahora graba de más, nunca de menos.
Cámaras: una cámara que no puede grabar (contraseña cambiada) ya no se pinta bien a ratos ni repite sus avisos; y guardar un horario que ya toca la arranca en el acto.
Usuarios y grupos: un enlace de invitación no se puede emitir para cuentas del sistema ni del dominio, y si la contraseña no entra en ninguna puerta se dice y el enlace sigue valiendo.
Tu cuenta y 2FA: entrar con una llave de acceso desde un sitio nuevo también avisa.
Actualizaciones: la franja horaria se guarda de verdad desde la pantalla, una franja corta también se cumple, y el aviso de versión nueva sale una sola vez.
Red: muchos equipos nuevos de golpe se avisan juntos, y la memoria de equipos vistos tiene tope.
Impresora: el escáner tardaba hasta 25 segundos en aparecer; la pantalla sale al momento con lo último que se supo y busca de fondo, con un «Buscar otra vez» para el recién enchufado.
Tu cuenta y 2FA: aviso cuando alguien entra al panel con tu cuenta desde una dirección que no habías usado, con el navegador y el sistema desde el que entró. Desde casa y desde la VPN nunca avisa.
Actualizaciones: las automáticas se instalan solo en la franja que elijas (de fábrica, de 03:00 a 06:00); el aviso de que hay versión nueva llega igual. Para instalarlas a cualquier hora, quita la franja en Actualizaciones.
Escritorio: el fondo puede ser un álbum de la Galería, con una foto distinta cada día.
Cámaras: el directo en HD de una cámara que solo admite una conexión sale ahora de lo que se está grabando: resolución completa, sin quitarle la conexión a la grabadora y con unos segundos de retraso. Para verlo al instante, «Fluido».
Usuarios y grupos: «Duplicar» crea una cuenta con las mismas aplicaciones, carpetas, grupos, tope de espacio, acceso al panel y puertas que otra persona; la contraseña es nueva.
Archivos: la papelera se vacía sola pasado un tiempo (nunca, 7, 30 o 90 días; de fábrica, 30), y se elige desde la propia Papelera.
Correcciones
Archivos: lo borrado desde Windows ya se fecha por cuándo se borró, y no por cuándo se editó por última vez.
Copia de la configuración: la zona horaria y la hora en red viajan en la copia y se ponen al restaurar; el equipo restaurado se quedaba en UTC.
Copia de la configuración: el resultado de restaurar ya no sale en español a quien tiene el panel en inglés.
Tu cuenta en la web: la ficha de cada NAS dice qué versión lleva, cuándo se conectó por última vez, cuánto espacio le queda y si tiene avisos pendientes. El NAS lo cuenta en su comprobación de cada doce horas; nada más viaja.
Usuarios y grupos: aviso al administrador y a la persona cuando alguien llega al 90 % de su tope de espacio, una vez por susto.
Red: aviso cuando se conecta a tu red un equipo que no se había visto antes, si el NAS es quien reparte las direcciones.
Escritorio: arrastrar un icono del escritorio o del Launchpad a la barra lo deja fijado.
Escritorio: el widget de cámaras enseña la imagen de cada cámara, refrescada cada veinte segundos; un toque abre la app.
Conectar tus equipos: un código QR con la dirección del panel para abrirlo en el móvil apuntando con la cámara.
Correcciones
Licencia: cambiar el nombre del NAS ya se refleja en tu cuenta de la web; hasta ahora se quedaba con el nombre que tenía al activar la licencia.
Escritorio: arrastrar un icono del Dock al escritorio deja allí su acceso directo, igual que desde el Launchpad.
Cambios
Usuarios y grupos: todo lo de una persona en una sola ficha —contraseña, aplicaciones, carpetas, por dónde entra, grupos, espacio y horario— con un solo «Guardar».
Usuarios y grupos: cuatro pestañas en vez de seis: Usuarios, Grupos, Para todos y Conectados. Los permisos, las cuotas y los horarios de cada persona viven ahora en su ficha.
Usuarios y grupos: la ficha de un grupo reúne miembros y aplicaciones; las listas de personas y de grupos enseñan lo mismo con los mismos botones, y cada fila dice el horario y el tope de espacio de esa persona.
Correcciones
Nombre del equipo: cambiarlo desde el panel acababa en «el equipo sigue llamándose…» aunque el cambio estuviera hecho, y el Resumen enseñaba el nombre viejo hasta reiniciar.
SSH: en un equipo donde nunca se guardó la pantalla de SSH, el panel ya no impone su configuración de fábrica al arrancar: solo añade la lectura de sus claves y la jaula del SFTP.
Discos externos: un disco que es destino de una copia programada no se puede formatear; el botón sale apagado con el motivo.
Máquinas virtuales: si no se puede comprobar qué discos usa el NAS o cuál es el SAI, no se entrega ningún aparato USB nuevo hasta poder mirarlo.
Correcciones
Actualizaciones: la versión retirada con «Volver a la versión anterior» ya no se vuelve a instalar sola, y la tarjeta dice que se volvió atrás en vez de «última actualización correcta».
Actualizaciones: «Volver a la versión anterior» explica por qué no puede en un equipo que nunca se actualizó o cuya copia se retiró por falta de espacio.
Claves de API: las caducadas se ven como tales, no cuentan para el tope por cuenta y la lista dice a qué aplicaciones llega cada una.
Aplicaciones: la aceleración de vídeo se aplica solo al servicio principal de la aplicación, no a su base de datos.
Aplicaciones: las recetas se leen como las lee Docker Compose; un puerto «22:22» o un «restart: no» sin comillas ya no cambian de significado al editarlos.
Claves SSH: al arrancar se retiran los archivos de las cuentas que ya no tienen claves en el panel (tras restaurar una copia de la configuración, por ejemplo).
Registro remoto: con el envío apagado, el archivo de rsyslog que quedara de antes se retira al arrancar.
SAI: tras restaurar la copia de la configuración, el panel avisa de que la contraseña del SAI compartido es otra y hay que copiarla en los demás equipos.
SAI: si el puerto compartido no se pudo abrir en el cortafuegos, la pantalla lo dice; y el punto verde solo sale cuando hay datos del SAI.
Idioma y hora: al guardar, la lista de servidores de hora no desaparecía hasta recargar.
Nombre del equipo: avisa de que las llaves de acceso registradas con el nombre viejo dejan de valer, y el aviso se queda en pantalla en vez de irse a los cinco segundos.
Discos externos: dos «Abrir» seguidos ya no montan el mismo disco dos veces; una etiqueta demasiado larga dice que es larga.
Discos en red: un archivo de configuración ilegible ya no se lee como «sin discos» (y ya no cierra el puerto); si no se puede mirar quién tiene un disco montado, no se quita ni se cambia nada; sin targetcli se dice qué instalar.
Discos en red: la lista de equipos de un disco publicado antes de la 1.66 se cambia bien; vaciarla pide confirmación.
Máquinas virtuales: clonar dos veces a la vez con el mismo nombre se niega; sin libvirt se dice; un clonado que falla al dar de alta la máquina ya no se queda «en curso»; el clon no hereda consolas volcadas a archivo ni aparatos PCI; el aviso de falta de espacio dice cuánto hace falta.
Informe para soporte: ya no se corta a los 30 segundos; el error, si lo hay, se ve.
Copias: un tope de velocidad por debajo de 1 KB/s ya no se convierte en «sin tope».
Aplicaciones: un valor con dos puntos o guiones bajos en una receta («1:30.5») ya no cambia al editarla desde el panel.
Panel en inglés: los textos bajo la barra de cada tarea («recreando contenedores», «disco listo»…) salen en inglés.
Seguridad
Ayudante: las opciones cortas agrupadas («rsync -avze …») y los nombres sueltos sin ruta de ffmpeg, ffprobe y qemu-img ya no se saltan las vallas; un montaje del panel lleva siempre «nosuid,nodev»; las recetas de las aplicaciones se levantan tal como se revisaron.
Claves de API: una clave no puede crear ni cambiar cuentas de SMB o WebDAV, ni descargar el informe para soporte.
Aplicaciones: el veto a los grupos privilegiados de una receta vale también escritos por número; un adaptador USB que traiga la plantilla no se entrega sin haberlo elegido.
Informe para soporte: no lleva las direcciones de webhook y Discord, el tema de ntfy ni la comunidad SNMP; el recorte del diario no parte una línea con una contraseña dentro.
SAI compartido: el puerto 3493 se abre solo para las redes privadas de casa (10.x, 172.16.x y 192.168.x), no para cualquiera que llegue al NAS.
Copias de seguridad: cada tarea puede llevar una velocidad máxima (MB/s) para que una copia a otro equipo o a la nube no se coma la conexión de casa. Restaurar no se frena.
Máquinas virtuales: clonar una máquina apagada con otro nombre (el disco copiado entero, identidad de red nueva y sin los aparatos USB) desde su ficha, como tarea con progreso.
Discos en red (iSCSI): cada disco puede limitarse a unos equipos concretos (su nombre de iniciador); vacío sigue siendo «cualquiera». Se cambia desde la lista, con el disco desconectado.
Comprobación: «Descargar informe para soporte» baja un archivo con el estado del equipo, sus registros y su configuración, sin contraseñas, para mandarlo a quien te ayude.
Correcciones
Panel: un error muy largo de ffmpeg o de rclone podía dejar el panel parado medio minuto mientras se le quitaban las contraseñas.
Seguridad
Ayudante: una ruta del árbol de configuración de los discos en red con «..» dentro ya no sube hasta exportar un disco entero del NAS.
Aplicaciones: límite de memoria y de CPU por aplicación, desde «Puertos y carpetas»; una que se desboque ya no se come el NAS.
Claves SSH. Cada cuenta guarda las claves públicas de sus equipos (y el administrador las de cualquiera): SFTP y copias con rsync sin escribir la contraseña.
Aplicaciones: una tarjeta Nvidia también sirve para acelerar vídeo, en cuanto el equipo tiene su controlador y el runtime de contenedores.
Red: una dirección IPv6 fija se pone en los mismos campos que la IPv4.
SAI en red. El SAI puede estar enchufado a este NAS y compartirse con los demás equipos de la casa, o estar en otro equipo y que el NAS le haga caso (Panel de control → SAI).
SAI compartido. El panel enseña la contraseña y la línea exacta que hay que copiar en cada equipo, y abre el puerto 3493 para la red local solo mientras esté compartido.
El nombre del equipo se cambia desde el panel, en Información del equipo. Es la dirección por la que se entra: actualiza los marcadores y reinicia el NAS para que el certificado lleve el nombre nuevo.
Servidores de hora propios. En Idioma y hora, uno por línea (pool.ntp.org o la dirección del router). Vacío: los del sistema.
Enviar los registros a otro equipo. Una copia de todo lo que el NAS deja escrito va a un servidor de registros de tu red (equipo, puerto y UDP o TCP), desde Registros.
Duración de la sesión. El panel se cierra solo a los 30 minutos sin usarlo; el plazo se elige ahora entre 5 minutos y un día en las reglas de la contraseña.
Discos externos. Enchufa un disco o una memoria USB y ábrelo desde Almacenamiento: se ve en Archivos como una carpeta más, se expulsa sin perder nada y se puede formatear en exFAT para llevártelo a cualquier ordenador. Un disco de Windows apagado con inicio rápido se abre solo para leer, y se dice cómo poder escribir en él.
Máquinas virtuales: entrégale un aparato USB del NAS (el mando Zigbee o Z-Wave de tu domótica) desde Detalles → Red, CD y aparatos. Lo que ya usa el SAI, una aplicación, un disco del NAS u otra máquina no se ofrece; si el aparato no está enchufado al arrancar, la máquina arranca sin él.
Cambios
SAI: «conectado a otro equipo» solo se guarda si ese equipo contesta; si no, no se guarda nada y el panel dice el motivo.
«Dispositivos externos» pasa del Panel de control a Almacenamiento → Discos externos, que además sabe formatear. Los discos montados con la pantalla anterior siguen donde estaban: expúlsalos y vuelve a abrirlos desde el sitio nuevo.
Correcciones
Información del equipo: el nombre se quedaba en el anterior hasta reiniciar el panel.
Discos externos: un disco de Windows o de Mac se montaba sin permisos y no se veía en Archivos, aunque la pantalla dijera que sí.
Calendario y contactos: activarlo sin Radicale instalado dice qué instalar, en vez de dejar archivos a medias y un error a secas.
Volver a la versión anterior. Un botón en Actualizar LGM-OS devuelve la versión que había antes de la última actualización, sin tocar datos ni ajustes; la retirada no se vuelve a instalar sola.
Aceleración de vídeo en las apps. Jellyfin y Plex pueden usar la gráfica integrada del NAS para convertir vídeo; se enciende al instalar o desde «Puertos y carpetas».
Claves de API. Cada cuenta crea claves para guiones y domótica, con caducidad y limitadas a las aplicaciones que elija; se ven, se revocan y nunca tocan la cuenta.
Adaptadores USB para las apps. Home Assistant puede usar el Zigbee o el Z-Wave conectado al NAS; se marca al instalar o desde «Puertos y carpetas».
Consola:lgm revertir vuelve a la versión anterior, igual que el botón del panel.
Correcciones
Aplicaciones: desde la 1.63.5 ninguna app arrancaba, se paraba ni se desinstalaba en un NAS con volumen («las apps solo se ejecutan desde su almacén»).
Copias: desde la 1.63.5 ninguna copia por rsync funcionaba, ni local ni a otro NAS.
Cámaras: desde la 1.63.5 no se podía dar de alta ni grabar una cámara cuya dirección lleve la contraseña como pass=.
Diagnóstico: la comprobación del ayudante daba por vivo a uno parado.
Actualizar: «Volver a la versión anterior» no estaba disponible justo después de actualizar, que es cuando hace falta.
Aplicaciones: pedir aceleración de vídeo en un NAS sin gráfica se explica en vez de instalar una app que no arranca; y editar una app con su adaptador USB desenchufado ya no falla.
Aplicaciones: editar una receta con puertos sin comillas ya no cambia el puerto (22:22 pasaba a ser 1342), no pierde la política de reinicio, y guardar «Puertos y carpetas» ya no contesta «el puerto ya está en uso» por el propio puerto.
Aplicaciones: «Puertos y carpetas» solo ofrece la gráfica y los adaptadores USB a las apps que los usan; los grupos de la gráfica y del USB se ponen al día al arrancar tras restaurar en otro equipo; un adaptador con «:» en su nombre se ofrece por su nodo.
Claves de API: con segundo factor no se podía crear ninguna (ni añadir una llave de acceso), y equivocar la contraseña cerraba la sesión del panel; ahora se pide el código.
Claves de API: copiar la clave sin portapapeles (panel por http) explica que se copie a mano; «1 aplicación» en singular; y la pantalla de la cuenta no se queda en blanco con una respuesta incompleta.
Actualizar: la vuelta atrás enseña su propio progreso; la versión retirada no se reinstala sola y se ofrece «Instalar de todas formas»; el motivo de no poder volver se enseña siempre.
Actualizar: una actualización que falla antes de instalarse ya no borra la copia de la versión anterior; sin copia de las unidades del sistema, sin poder comprobar los ajustes o con trabajo de datos en marcha no se vuelve atrás, y se dice por qué.
Seguridad
Claves de API: una clave limitada a unas aplicaciones no llega a nada fuera de ellas; y con ninguna clave se registran llaves de acceso ni se abre la consola de root.
Ayudante: una opción corta con el valor pegado («-u0») ya no se salta el veto; las rutas del API de Docker con «..» no pasan; y el cambio de protocolo solo se admite para la consola de un contenedor.
Ayudante: la receta que compose va a levantar se revisa también en el proceso con privilegios, no solo en el panel: la que compose resuelve de verdad, con sus overrides.
Claves de API: una clave ya no consigue una sesión completa del panel; con una clave no se crean ni cambian cuentas; una clave acotada no administra ni dentro de su aplicación; borrar una cuenta desde «Usuario y grupo» revoca sus claves; las claves no viajan en la copia de configuración, así que restaurarla no devuelve la vida a una revocada; y con una clave no se restaura una copia de la configuración.
Ayudante: ffmpeg y ffprobe ya no aceptan entradas ni salidas con prefijo de protocolo (file:, concat:, tee:), con las que se leía cualquier archivo del equipo; exportfs solo relee; el API de Docker tiene cupo de conexiones; y las recetas no entran en los grupos root, disk o docker del NAS.
Ayudante: ffmpeg tampoco escribe en rutas relativas ni abre listas de reproducción (HLS, DASH) que apunten fuera; la lista de un concat se revisa entrada por entrada.
Carpetas compartidas y DNS: desde la 1.63.5, guardar una carpeta compartida o los ajustes del DNS fallaba por una comprobación demasiado estricta.
Simulacro de restauración: por SSH o por nube no traía ningún archivo y daba el simulacro por fallido; ahora restaura y comprueba los veinte.
Escáner: escanear desde el panel acababa sin encontrar la página escaneada.
Copias blindadas: la comprobación del señuelo no llegaba a subirlo al destino.
Seguridad
Consola de root: el proceso con privilegios comprueba por su cuenta la contraseña y el código —o la llave de acceso— antes de abrirla, y cada código vale una sola vez.
Docker: el panel deja el grupo «docker» y habla con Docker a través del proceso con privilegios, que solo deja pasar lo que el panel hace de verdad.
Las versiones nuevas llegan por oleadas. Cada equipo la recibe a los cero, dos o cuatro días de publicarse y el panel dice cuándo le toca; «Instalar de todas formas» la adelanta y un interruptor la pide siempre el primer día. Una versión de seguridad llega a todos el primer día.
Cambios
Blindaje del panel: cada orden con privilegios solo puede hacer lo que el panel hace de verdad: nada de montar, enlazar servicios, arrancar contenedores con la raíz del equipo, meterse en grupos con poder ni leer archivos del sistema por caminos indirectos.
Publicaciones en GitHub: cada versión sale ya con sus notas, en español e inglés; las anteriores, que estaban en blanco, se han rellenado.
Actualizar LGM-OS: no se actualiza con el SAI en batería ni dos veces a la vez, y al terminar comprueba que responde la versión nueva y no la anterior.
Actualizar LGM-OS: una actualización cortada a mitad (un corte de luz) se avisa al arrancar, con qué hacer, y una versión que ya falló no se reintenta sola.
La agenda se vale sola. Crea tu calendario y tu libreta desde el panel, sin tener que conectar antes un móvil.
Trae tu calendario de donde estuviera. Importa el .ics o el .vcf que exportaste de tu calendario anterior; lo que ya estuviera se pone al día en vez de duplicarse.
Buscar en la agenda. Encuentra una cita, una tarea o un contacto por su título, su sitio, su nota o su teléfono, sin tildes ni mayúsculas.
Avisos de las citas. Elige cuánto antes quieres que te avise; el aviso viaja con la cita al móvil.
Cambios
La instalación pregunta el nombre del NAS. Una pantalla de bienvenida y otra con el nombre (https://<nombre>.local:5001; antes todos salían como lgm-nas), con «Retroceder» y «Continuar» que se mueven entre ellas sin dar acceso al menú del instalador.
Deshacer al borrar. Al quitar una cita, una tarea o un contacto, el aviso trae un botón para recuperarlo.
El calendario y los contactos se pueden copiar. La carpeta de la agenda aparece como origen en las copias de seguridad: hasta ahora no había forma de respaldarla.
Correcciones
Con Docker parado, las pantallas que lo usan dicen que hay que arrancarlo en vez de enseñar el error interno de conexión.
Despertar por red, nubes y carpetas remotas: su configuración se pone al día sola al arrancar; hasta ahora lo que mejoraba cada versión solo llegaba al volver a darlas de alta.
Calendario en el móvil: el botón de traer otro calendario pasa a icono para que la caja de buscar quepa entera.
La agenda no pisa lo que cambia el móvil. Si algo cambió mientras lo tenías abierto, el panel avisa en vez de guardar encima.
Certificados de los servicios: se renuevan también con el NAS encendido; antes solo se miraban al arrancar y un equipo que no se reiniciara en un año se quedaba sin calendario ni WebDAV.
La agenda avisa cuando no cabe entera en vez de enseñar media lista en silencio.
Calendario y contactos: el panel vuelve a ver la agenda; en los equipos instalados salía vacía porque el panel no podía entrar en la carpeta del servicio.
Calendario y contactos se editan desde el panel. Citas, tareas y contactos se crean, cambian y quitan sin sacar el móvil; el móvil lo ve en la siguiente sincronización. Las citas que se repiten se siguen cambiando desde el teléfono.
Correcciones
Tienda, Cámaras, Galería, Máquinas virtuales y Calendario: la pantalla ya no se queda en «ha fallado por dentro» si el NAS contesta algo distinto de lo que espera, como pasa con un panel más nuevo que su sistema.
Calendario y contactos: la dirección que se copia al móvil ya dice «https://» cuando el servicio va cifrado; la componía siempre con «http://».
Galería: zonas privadas. Marca tu casa, el colegio o el trabajo y, al compartir fotos hechas ahí, el NAS les quita el lugar. En Herramientas.
Un solo nombre para entrar al NAS, dentro y fuera de casa. Con el DNS del NAS puesto en el cliente de la VPN, tu nombre de internet contesta con la dirección de casa a los de casa y con la del túnel a los de la VPN. La aplicación instalada en el móvil deja de fallar según dónde estés. Todo lo que había sigue funcionando igual.
Cambios
WebDAV va cifrado de verdad. El panel anunciaba «https://» y Apache servía ese puerto en claro. Si lo tenías configurado con «http://», cámbialo a «https://»; si el equipo se queja del certificado, instala antes la autoridad del NAS.
El calendario y los contactos van cifrados. Cambia la dirección del móvil de «http://» a «https://» (la que enseña el Panel de control → Direcciones). Si el móvil se queja del certificado, instala antes la autoridad del NAS desde Acceso externo.
Correcciones
Docker: en los equipos que movieron su almacén al volumen antes de agosto se pone el orden de arranque que faltaba; sin él, Docker podía arrancar antes que el volumen y rehacer su almacén en el disco del sistema.
Certificados: quien responde a la renovación de Let's Encrypt se comprueba en cada arranque, también en un NAS sin nada publicado; antes podía quedarse sin nadie que contestara y el certificado caducaba dos meses después.
El NAS en «Red» y en el Finder: su anuncio se pone al día al arrancar, así que las mejoras del icono y de los destinos de Time Machine llegan sin volver a guardar la configuración de carpetas compartidas.
Servidor DNS del NAS: si el propio NAS figura como su DNS, ya no se toma a sí mismo como servidor al que reenviar; antes se quedaba sin ninguno y la casa dejaba de resolver nombres de internet con el panel diciendo que todo iba bien.
Servidor multimedia y antivirus: su configuración se pone al día sola al arrancar. Hasta ahora, lo que mejoraba cada versión solo llegaba al volver a guardar esa pantalla.
Servidor DNS del NAS: su configuración se pone al día sola al arrancar y al cambiar la VPN o el DNS dinámico; antes solo se rehacía al guardar esa pantalla, así que encender la VPN dejaba a los clientes sin resolver nombres.
VPN: los perfiles nuevos usan el NAS como DNS cuando su servidor DNS está encendido, así el nombre de casa lleva al NAS también por el túnel.
Máquinas virtuales: el arranque automático se cambia de un clic en la ficha, sin abrir el formulario de editar.
Cámaras: el directo por 4G o por la VPN ya no se para y arranca sin parar; cuando la red va a rachas deja algo más de vídeo por delante (hasta 3 s) a cambio de verse seguido.
VPN: el túnel recorta el tamaño de segmento de cada conexión, así que un teléfono con una configuración anterior al arreglo del tamaño de paquete —o una ruta que encoge por el camino— ya no deja el panel en blanco. Si el sistema no admite la regla, se ignora y el túnel sigue como estaba.
Galería: búsquedas guardadas. «Los vídeos del verano que marqué» se guarda como la pregunta, no como la lista: se pone al día sola según subes fotos. Está en el menú de tres puntos, junto a los filtros que la componen.
Correcciones
Galería en el móvil: las opciones están en un menú de tres puntos; antes había que arrastrar la barra de lado y la mitad no se veía.
Galería: subir fotos desde el móvil funciona. Decía que sí y la galería seguía enseñando lo de antes, no avisaba de nada al ir subiendo, y una foto rechazada cancelaba todas las demás.
Subidas: con muchos archivos el panel se atascaba dibujando la lista en vez de subir.
Cámaras en el móvil: el directo se abría a media pantalla; ahora ocupa la pantalla.
Almacenamiento, Copias y Centro de paquetes: la fila de secciones avisa de que sigue a la derecha, y «Actualizar» sale de ella.
VPN: un cliente guardado con un formato antiguo ya no impide que el túnel se ponga al día al arrancar.
Archivos: arrastrar la ventana de vista previa con el dedo no la movía; con el ratón sí. Es el mismo fallo que tenían los mandos de las cámaras.
Almacenamiento: «Discos en red» fallaba por dentro y dejaba la ventana con el aviso de error en vez de la pantalla, hasta volver a abrirla.
La configuración del túnel se pone al día sola al arrancar. Los arreglos que trae una versión solo llegaban al equipo el día que alguien daba de alta o quitaba un cliente de la VPN; hasta entonces seguía puesta la configuración del día que se montó. Si el archivo lo escribiste tú a mano, se respeta y no se toca.
VPN: al crear un cliente se elige hasta dónde llega —solo el NAS, toda tu casa, o todo el tráfico— y junto a cada opción se ve la dirección por la que se abrirá el panel: con «solo el NAS», la del túnel y ninguna más; con las otras, también las de casa.
Correcciones
Cámaras: mover la cámara con el dedo no hacía nada —con el ratón sí—.
VPN: se dice por qué dirección se entra al panel con el túnel puesto, también dentro del archivo de configuración. El nombre que usas en casa («algo.local») no funciona por la VPN —y el navegador no lo dice: contesta que el NAS no responde—.
Direcciones: la del túnel se enseña aparte y rotulada como la de entrar desde fuera; antes estaba mezclada con las demás direcciones IP.
VPN: el panel se quedaba en blanco al abrirlo por el túnel. Cargaba la página y no el programa de dentro. El tamaño de paquete estaba puesto solo en el lado del teléfono, así que reconfigurar la VPN no lo arreglaba; ahora también en el NAS, y con eso se arregla para los clientes que ya existen sin volver a escanear nada.
Los códigos de respaldo del segundo factor ya se ven y se guardan. Al activar la verificación en dos pasos aparecen diez llaves de un solo uso para entrar si pierdes el móvil; el panel dice cuántas te quedan y permite hacer diez nuevas. Antes se generaban y no se enseñaban nunca: perder el teléfono era perder la cuenta.
Horarios por cuenta (Usuarios y grupos → Horarios). Fuera de su franja, esa cuenta no entra al panel y sus carpetas compartidas se cierran. Quien administra no puede tener uno.
Diagnóstico comprueba el acceso desde fuera de casa: si hay dirección de internet, si el certificado la cubre, si el panel se abre desde la VPN y qué clientes de VPN llevan una configuración antigua que conecta pero no deja abrir el panel.
Ficha completa de cada disco en Almacenamiento → Salud: capacidad, firmware, si gira o es de estado sólido, por dónde se conecta y a qué velocidad, años encendido, veces encendido, datos escritos y leídos en toda su vida, reserva gastada y cómo acabó la última prueba. Todo lo que hacía falta para decidir un recambio, sin entrar por SSH.
Rehacer la configuración de un cliente de la VPN sin borrarlo: mismo nombre y misma dirección, claves nuevas. Úsalo si el túnel conecta pero el panel no abre. Hay que volver a escanear el código en ese aparato.
Cambios
Los números se escriben como en tu idioma. En castellano, «1,9 TB» y «45,3 %» con coma decimal; el panel ponía punto en todas partes. El tamaño de un archivo llegaba a verse con coma en Almacenamiento y con punto en Galería, según la pantalla.
La pestaña del navegador dice qué hay abierto («Cámaras · LGM-OS»). Con el panel en varias pestañas, todas se llamaban igual en la barra y en el histórico.
La página declara el idioma en el que está, así que un lector de pantalla la pronuncia bien y el navegador deja de ofrecer traducir lo que ya está traducido.
Las fechas se escriben igual en todo el panel. Cada pantalla llevaba su propia copia del formato y podían separarse.
Correcciones
Acceso externo: el certificado del NAS no incluía tu dirección de internet, así que por ella el navegador decía que el certificado no era de este sitio —un aviso que en el móvil no se salta— y no dejaba instalar el panel como aplicación. Ahora la lleva dentro; si acabas de configurar el dominio, reinicia el panel para que se rehaga.
VPN: limitar el panel a la red de casa dejaba fuera a la propia VPN. El túnel conectaba, el ping funcionaba y el panel no abría ni por su dirección ni por su nombre.
Salud: un dato del disco en un formato inesperado tiraba la pantalla entera, justo la que se abre cuando se sospecha que un disco se está muriendo.
Avisos: quien administra ya no vacía el centro de avisos de los demás. Al limpiar se llevaba por delante los avisos personales de cada cuenta, que ni siquiera puede ver.
El aviso de que te han compartido una carpeta llega al móvil, que era su razón de ser. Solo aparecía si entrabas al panel y mirabas la campana.
Salud: un disco de estado sólido conectado por SATA se enseña como tal; antes salía igual que uno del que no se sabe nada.
Salud: la ficha del disco habla en castellano —«SATA», «2,5 pulgadas», «Sin errores»— en vez de repetir la jerga de la herramienta del sistema.
Salud: «Última prueba» dice cuánto hace que se pasó. Antes enseñaba la vida que tenía el disco ese día, así que una prueba de ayer salía como «hace 337 días».
Seguridad
Un aviso personal ya no llega a un móvil del que no se sabe de quién es. Los dispositivos suscritos antes de que se guardara el nombre de su dueño recibían todo, y desde que hay avisos dirigidos a una persona eso incluía recados ajenos en su pantalla de bloqueo.
Un dominio con un salto de línea dentro ya no puede colarse en el certificado del panel.
Te avisan cuando alguien te comparte una carpeta, y cuando deja de compartírtela. Antes aparecía —o desaparecía— sin más, y solo te enterabas si mirabas. El aviso es tuyo: no lo ve nadie más, tampoco quien administra.
Correcciones
Tema oscuro: nueve avisos se veían como texto claro sobre un recuadro claro, entre ellos el de que ha saltado la trampa antirransomware y las instrucciones para restaurar una copia.
Tema oscuro: los botones azules (Guardar, Aplicar, Activar) tenían la letra demasiado clara para su fondo; el azul se ajusta y se lee sin forzar la vista.
Tema oscuro: los distintivos SMB, NFS y WebDAV de una carpeta compartida se borraban al pasarles el ratón por encima, que es cuando hay que leer cuál se va a pulsar.
Tema claro: las letras grises pequeñas —rutas, pistas, «2 con acceso»— se leían o no según dónde estuviera la ventana sobre el fondo. Ahora se leen en toda la pantalla.
Cámaras: los rótulos sobre el recuadro del vídeo («sin imagen», «el grabador está conectando») se leen también con el panel en claro.
Archivos: copiar, mover, comprimir, extraer y restaurar una versión vuelven a funcionar para las cuentas que no administran. El menú las ofrecía y las seis acababan en «Se requiere rol de administrador»; ahora cada una trabaja dentro de lo que esa cuenta tiene: se mira el origen y se escribe en el destino, y para MOVER hace falta poder escribir también en el origen.
Archivos: compartir un enlace y pedir archivos ya no son solo del administrador. Cada cuenta crea y revoca los suyos, y solo los suyos; quien administra sigue viéndolos todos.
Comprobación del sistema: dos comprobaciones salían en verde sin haber podido mirar. Si Docker no contesta, decía «No hay contenedores en marcha» —y sus puertos pueden estar publicados a toda la red—; y la de carpetas por NFS se daba por buena diciendo, en verde, que no se había podido comprobar. Las dos avisan ahora.
Archivos: comprimir y extraer van de dos en dos. Varias personas pidiendo «comprimir todo» a la vez dejaban el NAS sin aire para atender su propio panel.
Archivos: el tope de enlaces y de pedidos activos es de cada uno y no del NAS entero: una cuenta que llenara el suyo dejaba sin poder compartir a todas las demás.
Simulacro de restauración: cambiar sus ajustes mientras corría uno podía perder el resultado recién apuntado, o deshacer el cambio —apagarlo se desandaba solo—.
Cámaras en el móvil: abrir una cámara dejaba la línea de tiempo y los mandos ocupando media pantalla y NADA de vídeo. Las ventanas que se pueden redimensionar recordaban el tamaño del ordenador y se lo llevaban al teléfono, donde no cabe: ahora el móvil usa el suyo, y lo que se redimensione en el ordenador ya no se le pisa al teléfono ni al revés.
Cámaras: con el directo cortado, los mandos de mover la cámara tapaban el botón de volver a intentarlo. Mientras no hay imagen se apartan: no hay a dónde apuntar.
Seguridad
Quitarle a alguien la aplicación Cámaras le quita las cámaras al momento. Seguía viendo el directo y las grabaciones hasta media hora después, desde la pestaña que ya tenía abierta.
Quitarle a alguien una carpeta le corta también las descargas en curso de esa carpeta, que seguían funcionando hasta media hora con el enlace que ya tenía.
Un enlace público deja de servir si a quien lo creó le quitan esa carpeta. Seguía entregándola —y admitiendo subidas, si era un pedido de archivos— aunque su dueño ya no pudiera ni verla. Borrar la cuenta sí se los llevaba; bajarle el permiso, no.
Bajar a alguien de administrador le cierra el terminal que tuviera abierto. Era una consola con permisos de root que nadie volvía a comprobar mientras la pestaña siguiera ahí.
«Cerrar todas las sesiones» cierra también el vídeo en vivo y la consola de una máquina virtual. Las dos se quedaban abiertas —imagen de las cámaras de la casa, y teclado y ratón dentro de la máquina— mientras el navegador no se cerrara, con el panel diciendo que todas las sesiones estaban revocadas.
Quitarle a alguien Cámaras, Monitor o Máquinas virtuales corta lo que tenga abierto de esas aplicaciones, sin esperar a que cierre la pestaña.
El reproductor ya no abre listas de reproducción. Un archivo así no es un vídeo: es un índice que apunta a OTROS archivos, y con uno de cinco líneas se podía ver el vídeo privado de otra persona desde la propia carpeta. El conversor tampoco sale ya a la red.
Guardar un archivo del sistema ya no puede acabar en otro sitio. El NAS escribe sus archivos de configuración con permisos de administrador, y para hacerlo crea antes uno temporal con un nombre predecible: quien pudiera dejar un enlace preparado con ese nombre —en una carpeta compartida, o en el pendrive donde se guarda la contraseña de un volumen cifrado— conseguía que el NAS le escribiera encima de un archivo del sistema.
Restaurar una copia ya no le puede cambiar el dueño a un archivo del sistema. Al terminar, el NAS devuelve lo restaurado a su dueño; si la copia traía un atajo dentro, el cambio caía sobre el archivo al que apuntaba, estuviera donde estuviera. Lo mismo en las grabaciones de las cámaras, en la carpeta del calendario y en los datos de las aplicaciones.
Tema oscuro: el resultado de probar una réplica se leía cuando salía bien y no cuando fallaba, y en Archivos el atajo «ir a su carpeta» se apagaba al ponerle el ratón encima.
Tema oscuro: en «Te queda por hacer» (el escritorio), pasar el ratón por encima de un aviso lo dejaba ilegible: el texto se iba a negro sobre el fondo oscuro justo al ir a pulsarlo.
Consola:lgm dhcp comprueba ahora que llega dirección antes de decir que la interfaz está en DHCP. Es la orden que se usa cuando la red ya está mal, y decía «hecho» también cuando en esa red no hay servidor DHCP o el cable no da enlace.
Instalación: al terminar, el instalador PREGUNTA al panel en vez de fiarse de que el servicio esté lanzado. Decía «el backend responde correctamente» también cuando el panel no llegaba a contestar, y esa es la última frase que se lee antes de reiniciar.
Instalación: si al equipo no le queda sitio para compilar el panel, el instalador lo dice antes de empezar en vez de morir a mitad con un error que mandaba a mirar la memoria y la conexión.
Servicio de directorio: si al dejar el dominio no se puede rehacer la configuración de las carpetas, el panel ya no se queda diciendo «autónomo» con la de antes puesta.
Copias: el candado del destino se comprueba de verdad. Si el borrado de prueba fallaba por la red o por un error pasajero del proveedor, el panel daba el destino por blindado sin haber comprobado nada; ahora mira si el archivo de prueba sigue ahí y, si no puede, lo dice en vez de asegurarlo.
Réplicas: al tomar el relevo, si el NAS no puede leer sus propias cuentas ya no dice que las del otro equipo «no existen aquí» —mandaba a crearlas a mano en mitad de una recuperación—.
Servicio de directorio: si no se puede salir del dominio, el panel dice ahora que las carpetas ya han vuelto a las cuentas del NAS. Decía solo «no se pudo salir», que se lee como que no ha pasado nada.
Seguridad
Los avisos al móvil llegan solo a quien le toca. Cualquier cuenta con el panel instalado en el teléfono recibía los avisos de administración —el disco que falla, la copia que no se hizo, la trampa antirransomware— con nombres de trabajos y rutas dentro.
Borrar una cuenta desconecta sus nubes personales. Se quedaban conectadas en el NAS con las credenciales de su Drive o su Dropbox, y quien se diera de alta con ese mismo nombre las montaba y las leía desde Archivos.
Borrar una cuenta da de baja también sus avisos al móvil, que seguían llegando a ese teléfono para siempre.
Direcciones avisa de lo que va sin cifrar. La del calendario y los contactos no lo va: cada vez que el móvil sincroniza, tu contraseña del NAS viaja en claro por la red. Se dice al lado de la dirección, que es donde se copia para meterla en el teléfono.
Llaves de acceso: pedir el reto para entrar ya tiene freno. Sin él, cualquiera desde fuera y sin cuenta podía dejar sin entrar —con la cara o la huella— a quien lo estuviera intentando en ese momento.
El correo de alertas comprueba con quién habla. Cifraba la conexión y no verificaba el certificado del servidor, así que quien pudiera interponerse en el camino se llevaba la contraseña de tu correo. Y si apagas STARTTLS, ahora el panel te dice lo que eso cuesta.
La tienda revisa seis cosas más de cada receta. Las de otros catálogos las escribe gente que no conocemos, y había formas de saltarse la revisión entera: pedir que el NAS le entregue un archivo suyo a la aplicación (con él se llevaba la llave de tu dirección pública), traerse la mitad de la receta de otro archivo, o pedir diez permisos peligrosos —entre ellos el que deja soltar en una carpeta compartida un programa con poderes de root—.
Galería: la barra deja de ser un muro de botones. Duplicados, parecidas, lo que sobra y traer de Google se juntan en «Herramientas», con una línea que explica cada una. En el móvil la barra se desliza en vez de apilarse: pasa de cinco filas de botones a una, y las fotos empiezan arriba del todo.
Galería: pase de fotos. El botón de reproducir en el visor va pasando solas, cinco segundos cada una, y espera a que termine el vídeo en vez de cortarlo. Se para al llegar a la última o en cuanto tocas algo, y mantiene la pantalla encendida mientras dura.
Galería: filtra por lo que buscas. Botones para ver solo fotos, solo vídeos o solo Live Photos, y una lista para saltar a un año concreto. Se combinan entre ellos y con la búsqueda por nombre y las favoritas.
Galería: los datos de cada foto. En el visor, con el botón de información: cámara, objetivo, ISO, apertura, velocidad, tamaño real y dónde se hizo, con enlace al mapa.
Galería: ponles etiquetas, título y derechos de autor. Se escriben DENTRO de la foto, así que se las lleva puestas a donde vaya y las lee cualquier programa. Y se buscan: escribe «playa» y salen las que etiquetaste así.
Galería: quitar el lugar de una foto, que es lo que se hace antes de compartir la de casa.
Galería: «Un día como hoy». Arriba del todo, lo que hiciste este mismo día en años anteriores.
Galería: trae tus fotos de Google Photos con su fecha. Un Google Takeout entrega las fotos con la fecha del día que te las descargaste, así que veinte años aparecen todos en «hoy». Apunta la carpeta y les devuelve su fecha real, su descripción y su lugar.
Galería: limpia lo que sobra. Encuentra las capturas de pantalla y las fotos movidas y dice cuánto sitio recuperas borrándolas. No borra nada por su cuenta.
Galería: zonas privadas. Marca tu casa o el trabajo en el mapa y quítale el lugar de golpe a todas las fotos hechas ahí, para que un enlace compartido no diga dónde vives.
Galería: búsquedas guardadas. Guarda «los vídeos de 2019 que marqué» como un álbum que se actualiza solo según subes fotos nuevas.
Galería: los números de tu fototeca. Cuánto hay, cuánto ocupa cada formato, a qué horas haces fotos y qué días del año.
Galería: busca fotos parecidas, no solo idénticas. La que volvió por WhatsApp recomprimida y la original pesan distinto, así que la búsqueda de duplicados de siempre no las veía. La primera vez tarda; después es inmediato.
Las notificaciones suenan. Una campana corta cuando llega un aviso, más grave si es serio. Usa el volumen y el silencio del panel, así que la barra del centro de control ya la apaga.
Cambios
En el móvil todo se pulsa con el dedo. Botones, campos y filas miden ya lo que la yema de un dedo: se acaba el fallar el toque en las pantallas apretadas.
Docker en el móvil: cada contenedor deja a la vista «Abrir» y un botón de más opciones con el resto —logs, consola, detener, reiniciar, actualizar y eliminar—.
Máquinas virtuales en el móvil: cada máquina deja a la vista sus detalles y arrancar o entrar por pantalla; apagar, reiniciar, cortar la corriente y eliminar pasan a más opciones.
Almacenamiento y Copias en el móvil: las pestañas se deslizan en una sola fila en vez de apilarse en cuatro antes de que empiece el contenido.
Correcciones
Lo que falla en segundo plano dice qué pasa y qué hacer. Borrar un disco, actualizar el NAS, instalar una aplicación o restaurar una carpeta: si algo se tuerce, la tarjeta —y el aviso que llega al móvil— explicaba el fallo con la orden del sistema en inglés dentro. Ahora dicen el motivo y, si falta un programa, cuál instalar.
Docker: en un móvil el nombre del contenedor salía recortado a dos letras, y detener, reiniciar o eliminar quedaban fuera de la tarjeta sin poder pulsarse.
Archivos: en un móvil el pie de la ventana cortaba la ruta a media palabra contra la barra del espacio libre.
Galería: la casilla para marcar una foto medía menos de la mitad de un dedo.
Menús de opciones: la línea que explica cada opción se cortaba a media frase.
Escritorio: los menús del botón derecho no hacían nada —ni el del fondo (añadir un acceso directo, ordenar, cambiar el fondo) ni el de un icono—.
Escritorio: el recuadro para seleccionar varios iconos los desmarcaba a todos al soltar el ratón.
Archivos: subir un archivo de más de 100 MB desde fuera con LGM Connect fallaba diciendo que no se podía contactar con el NAS. Ese es el tope del túnel: ahora lo dice, y para archivos grandes súbelos desde tu red o conéctate antes con la VPN.
Archivos: cuando una subida falla, el aviso dice el motivo. Antes solo contaba cuántas habían fallado y el porqué se quedaba dentro de la bandeja de subidas.
El panel se quedaba en blanco en un ordenador, y volvía al cambiar el tamaño de la ventana: una ventana maximizada podía quedarse con la medida de pantalla equivocada y encogerse a una esquina. Ya no depende de esa medida.
Una película que el navegador no sabe pintar ya dice por qué. Se quedaba en negro, sin imagen, sin sonido y sin un solo aviso, porque el navegador tampoco daba error.
Seguridad
Abrir la consola de root ya no se puede probar sin límite. Era la única de las cuatro puertas que piden un secreto sin freno de intentos: ahora cuenta para el bloqueo de la cuenta y para el de la IP, como entrar o cambiar la contraseña.
El bloqueo por país vuelve a valer con LGM Connect encendido. El filtro lo aplica el cortafuegos mirando de dónde viene el paquete, y lo que entra por el túnel llega desde el propio NAS: así que encender Connect lo dejaba sin efecto justo para el tráfico de internet, que es contra el que existe. Tu red de casa no la toca este cambio.
El NAS de otra persona ya no puede pisarte la sesión. Con LGM Connect cada equipo vive en un subdominio de lgm-os.com, y eso permitía a una página de un NAS ajeno escribir una cookie que tu navegador mandaba al tuyo y al portal. No hay que volver a entrar: las sesiones abiertas siguen valiendo.
Web: las llaves de acceso se comprueban contra lgm-os.com y no contra lo que diga la petición, que es lo que impide que una firma conseguida en otro sitio valga aquí.
Galería: compartir un álbum por enlace publicaba TODAS sus fotos, también las de carpetas que quien comparte no puede ver. Ahora el enlace lleva solo lo suyo, y una foto añadida después tampoco se cuela.
Galería: las zonas privadas pasan a ser de administración. Son las coordenadas de tu casa o del colegio, y las leía cualquier cuenta con la Galería.
Certificado por DNS: el token de DuckDNS deja de estar a la vista en la lista de procesos del NAS, que puede leer cualquier cuenta del equipo.
Web: añadir una llave de acceso pide ahora tu contraseña —y el código de verificación, si lo tienes puesto—. Una llave abre la cuenta ella sola, entra sin código y sigue valiendo aunque cambies la contraseña.
Web: la dirección de LGM Connect de cada licencia, en tu cuenta. En lgm-os.com → Mi cuenta → LGM Connect, con la fecha en que el NAS se conectó por última vez.
Cambios
Alertas se reparte en pestañas. Los seis canales de aviso, el reparto y los umbrales dejan de ir en un rollo de dos pantallas y media; un punto verde marca los encendidos.
El Panel de control se reordena. «Red» reúne las tarjetas, las direcciones, DNS, DHCP, SSH y SNMP; el acceso desde fuera va aparte, y la impresora y el calendario con los servicios del NAS, no con la conectividad.
Acceso externo se reparte en pestañas. LGM Connect, túnel, DDNS, certificado y proxy dejaban de caber en una pantalla; ahora se elige arriba y se ve solo esa.
Web: «Mi cuenta» se reparte en cinco apartados —Licencias, LGM Connect, Seguridad, Contraseña y Tu cuenta— y enseña solo el que pinchas.
Correcciones
En el móvil, los nombres de las pestañas se escribían unos encima de otros en todo el panel; ahora la barra se desliza y se leen enteros.
Red: desde un teléfono, «Configurar» y «Liberar» de cada tarjeta de red quedaban fuera de la pantalla y no había forma de tocarlos.
Acceso externo: el enlace «Cómo funciona» del certificado y del proxy salía escrito dentro del botón de al lado, encima de su rótulo, y no se podía pulsar.
Acceso externo: «Activar» de LGM Connect y «Guardar» del túnel se pintaban como texto suelto en vez de como botones.
Web: en Mi cuenta → Seguridad los tres botones iban cada uno de un ancho y el nombre de la llave se escribía en un campo sin caja.
LGM Connect: apagarlo y volver a activarlo ya funciona. Al apagarlo quedaba su túnel puesto, y la siguiente activación moría con un aviso en inglés —eligieras el nombre que eligieras—. Ahora al apagar se retira, y el nombre vuelve a quedar libre.
LGM Connect: un alta que se torcía a mitad dejaba la dirección contestando «Error 1033» para siempre y ese nombre ya no se podía volver a pedir. Ahora se deshace entera.
LGM Connect: el panel dice «conectando» hasta que la dirección responde de verdad, en vez de darla por lista al instante. La primera vez tarda un momento, y ahora se avisa.
LGM Connect: si el túnel desaparece por su cuenta, se rehace solo y conservas tu nombre. Antes ese NAS se quedaba sin poder volver a activarlo.
Galería: las fotos se ordenan por cuándo se hicieron, no por cuándo se copiaron al NAS. Copiarlas les ponía a todas la fecha de ese día, así que el viaje de 2019 salía mezclado con lo de esta semana y la línea de tiempo era un solo mes. Se lee la fecha que puso la cámara (JPEG y RAW); las fotos ya indexadas se repasan solas.
Web: quitar una llave de acceso que ya no estaba decía que se había quitado.
Web: en la pantalla del código de verificación el aviso salía dos veces, y a quien navega en inglés le salía en español.
Seguridad
Licencias: revocar una licencia —o soltarla de su equipo— le retira también su dirección de LGM Connect. Antes seguía publicada y funcionando.
Añadir una llave de acceso al panel pide ahora tu contraseña —y el código de verificación, si lo tienes puesto—. Una llave entra sola y sin código, así que sin esto quien supiera tu contraseña se saltaba el segundo factor para siempre.
La contraseña caduca también si entras con una llave de acceso. El plazo de la política solo se aplicaba al entrar escribiéndola, así que quien usaba la llave no la cambiaba nunca — y esa misma contraseña sigue abriendo las carpetas por red.
Web: añadir una llave de acceso pide ahora tu contraseña. Una llave abre la cuenta ella sola y sigue valiendo aunque cambies la contraseña, así que encontrarse una sesión abierta ya no basta para dejar una puesta.
Web: cerrar sesión olvida también la confirmación de tu contraseña para las páginas de administración, en vez de dejarla viva un cuarto de hora en ese navegador.
LGM Connect: la clave de tu licencia deja de viajar en la dirección al soltar el nombre, así que no queda escrita en los registros del servidor ni en los de por medio.
LGM Connect: entra a tu NAS desde fuera con una dirección tuya. Eliges un nombre en Acceso externo y quedas en tunombre.lgm-os.com, sin abrir puertos en el router ni recordar ninguna IP. Necesita licencia activa.
Web: entra con Face ID, la huella o el PIN de tu aparato. Sin escribir la contraseña, y puedes dar de alta el móvil, el portátil y la tableta. En lgm-os.com → Mi cuenta.
Web: verificación en dos pasos en tu cuenta. Un código de tu móvil además de la contraseña, con claves de recuperación por si lo pierdes. Se enciende en lgm-os.com → Mi cuenta.
Varios iconos del escritorio a la vez. Cógelos con Ctrl, con Mayús o encerrándolos en un recuadro, y muévelos, ábrelos o quítalos todos de una vez. Ctrl+A los coge todos y Escape los suelta.
Archivos sueltos en el escritorio. Arrastra un documento, una foto o un PDF desde Archivos y se queda ahí como acceso directo, con el mismo icono que tiene en su carpeta. Al abrirlo se abre el archivo; si lo mueves o lo borras, el escritorio te lo dice.
Cambios
Documentación: el README explica ahora el proceso completo de publicación —versión, ISO y web— y las guías se listan con la nueva de instalación desde cero.
Los enlaces van en lila, en el panel y en la web; el azul se queda para los botones y para lo que está elegido.
Correcciones
Web: la dirección de LGM Connect casi no se leía en modo oscuro.
Direcciones: la pantalla ya no se queda en blanco cuando el ayudante del sistema no contesta — que es justo cuando se abre para copiar una dirección y probar.
Imagen de instalación: el instalador salía con la cara de Debian y con sus dos consolas de administrador abiertas. Ahora se construye con el diseño del NAS y con esas salidas cerradas, como estaba previsto.
Consola: en lgm set-ip no se podía corregir lo escrito —las flechas metían símbolos raros en la línea— y una errata te echaba del comando entero. Ahora se edita con las flechas, sale escrito lo que hay puesto ahora, y un valor mal se vuelve a pedir.
Escritorio: hacer doble clic en un acceso directo abría Archivos en la última carpeta que hubieras visitado en vez de en la del acceso, y un atajo a una pantalla del Panel de control abría su portada en vez de esa pantalla.
Una ventana cerrada seguía funcionando por dentro —consultando al NAS y quedándose avisos que eran para otra— si la animación de cierre no llegaba a terminar.
Barra de abajo: en «Configurar la barra» los iconos se salían de su fila, se pisaban unos a otros y dejaban los nombres en «Bloc de no…»; ahora caben y se leen enteros.
Barra de abajo: al entrar ya no aparece un instante la barra de fábrica antes que la tuya.
Permisos: una regla dada a un grupo —«las Cámaras, para todos los de casa»— ya le llega también a quien solo tiene cuenta del panel, sin carpeta compartida ni SMB. Antes se quedaba fuera sin decirlo: el reparto la daba por concedida y esa persona no la tenía.
Cuentas: dar de baja a alguien retira también el SMB o el WebDAV que le quedaran marcados sin estrenar; una cuenta nueva con ese mismo nombre los estrenaba al entrar.
Cuentas: quitarle a alguien «Carpetas compartidas» o «Acceso web a los archivos» antes de que entre por primera vez ya lo cancela. Seguía apuntado: la casilla salía apagada y el servicio se le daba igual el día que entrara.
Grupos: borrar un grupo le quita sus permisos de las carpetas compartidas y del reparto de aplicaciones, en vez de avisar y dejarlos puestos. Un grupo nuevo con ese nombre los heredaba.
Centro de control: las barras de sonido y brillo y el botón de silencio se pueden pulsar con el dedo.
Tutorial de instalación, con capturas. En la ayuda del panel y en la web: descargar la imagen, grabar el USB en Windows, Mac o Linux, arrancar el equipo desde él y qué se ve en cada pantalla. Las guías ya pueden llevar imágenes.
Centro de control, junto al reloj. Sonido, brillo, tema claro u oscuro, esconder la barra de abajo, pantalla completa y apagar o reiniciar el NAS sin abrir el Panel de control. Y los interruptores de Wi-Fi y Bluetooth si el equipo los tiene: lo que no hay no se pinta.
Instalador nuevo: en línea recta y con el diseño del panel. Arranca, formatea e instala sin preguntar nada, con los colores y la marca del NAS. Si tu red no reparte direcciones, te pide la IP dentro de la propia ventana; si las reparte, no hay nada que tocar. Ya no se puede salir del camino: el menú tiene una sola opción, no se puede editar el arranque y el instalador ya no abre consolas de administrador.
La imagen de instalación pesa 162 MB menos. Los archivos de controladores viajaban por duplicado dentro de la ISO.
La barra de abajo se puede dejar a tu gusto. Clic derecho sobre ella: quitar iconos, añadir aplicaciones de Docker o pantallas del Panel de control, cambiar el tamaño y esconderla sola. Para recolocarlos, arrástralos en la propia barra. Se queda como está hasta que la toques, y «Volver a la barra de siempre» la deja como estaba.
Cámaras: el directo se ve a pantalla completa. Botón en la esquina de la imagen; en el móvil gira solo a horizontal y la pantalla deja de apagarse mientras miras.
Cambios
Fuera el código QR de la pantalla del NAS y de lgm url. La dirección sigue ahí, escrita y en grande; el código ocupaba media pantalla y había que apuntar con el móvil a un monitor encendido. Los códigos QR del panel —perfiles de VPN y verificación en dos pasos— se quedan como estaban.
El botón del tema pasa a estar dentro del centro de control, en la misma barra.
El «Cómo funciona» de cada pantalla pasa a lila, y se lee bien en modo oscuro.
Correcciones
Vídeo: en un iPad o un Mac de hace unos años, el reproductor ya explica por qué no puede convertir un vídeo en vez de quedarse con el mensaje genérico.
El centro de control no se abría. Los interruptores de Wi-Fi y Bluetooth daban un error interno en cuanto el NAS sabía por qué tarjeta le estabas llegando.
Apagar el Wi-Fi por el que estás entrando ya no se cuela. El aviso que lo impide desaparecía sin decir nada si el NAS no podía comprobarlo; ahora, si no lo sabe, no lo apaga y te dice por qué.
Entrar: con el almacenamiento del navegador lleno —o en una ventana de incógnito de Safari— el panel rechazaba el acceso con la contraseña correcta.
Vídeo: un AVI, un MTS/M2TS, un WMV o un MPG acababan en «No se pudo abrir» aunque el NAS supiera convertirlos: el panel se rendía antes de recibir la respuesta.
Vídeo: una película lista para ver se quedaba con la rueda de «cargando» encima hasta que alguien le daba al play —siempre en Archivos, y en el móvil también en la Galería—.
Galería y Archivos: los vídeos WMV, MPG, MPEG, TS, VOB, FLV, M2V, ASF, DivX, 3G2 y OGV ya salen en la Galería, con su miniatura, y se abren en el reproductor. Antes no aparecían.
Cámaras: el directo en el iPhone ya no va a saltos. Se veía a ocho imágenes por segundo en modo compatible; ahora llega el vídeo de la cámara tal cual, como en los demás equipos (hace falta iOS 17.1 o posterior).
Cámaras: un directo que no llega a dar imagen ya no deja un rectángulo negro con el rótulo «directo» encima: se pasa solo al modo compatible.
Cámaras: la imagen se queda centrada en su hueco en vez de pegarse arriba.
Cámaras: los botones de encima de la imagen son más grandes en el móvil, y ya no queda un hueco donde iría el altavoz cuando la cámara no tiene micrófono.
Vídeo: un archivo que el navegador no sabe abrir ya dice POR QUÉ no se ve —«este NAS no tiene ffmpeg», con la orden para instalarlo— en vez de un «No se pudo abrir» a secas.
Vídeo: con dos películas convirtiéndose a la vez, la tercera dice que lo intentes en un momento en vez de mandarte a descargar el archivo.
Vídeo: saltar a otro punto de una película larga ya no la corta pasada la media hora: sigue por donde ibas.
Escritorio y barra de abajo: un atajo a una pantalla del Panel de control que ya no es tuya deja de aparecer, en vez de llevarte a un «no tienes acceso».
Cuentas: dar de baja a alguien retira también sus preferencias del panel —fondo, iconos, barra de abajo y widgets—, así que una cuenta nueva con ese mismo nombre ya no se las encuentra puestas.
Abrir una sesión de administrador en la Consola se puede confirmar con Face ID, en vez de escribiendo la contraseña delante de quien esté al lado.
Por dónde se entra a este NAS. Panel de control → Direcciones abre con las direcciones del propio panel y qué permite cada una: por el nombre del equipo (https://tu-nas.local:5001) puedes entrar con la huella, instalarlo como aplicación y verlo sin conexión; por la dirección IP el navegador no permite ninguna de las tres. Si el NAS no está anunciando su nombre, se dice en vez de ofrecer un enlace que no va.
Entrar con la huella, la cara o el PIN del móvil, sin escribir contraseña. En Panel de control → Tu cuenta y 2FA, «Añadir una llave». Necesita entrar al NAS por un nombre (nas.local o tu dirección de acceso externo) y con https: por la dirección IP el navegador no lo permite, y el panel lo explica ahí mismo.
Certificado válido sin abrir ningún puerto del router. Si tu dirección acaba en .duckdns.org, elige «Validar por DNS» y pega tu token de DuckDNS: el NAS pasa a HTTPS de verdad —con instalación como aplicación en el móvil y modo sin conexión— aunque tu operador no te deje abrir puertos.
Los vídeos que el navegador no sabe abrir se convierten en el NAS y se ven en el panel. Una película con sonido Dolby Digital (AC-3) se veía perfecta y no sonaba; un AVI o un archivo de videocámara (MTS, M2TS) no abrían. Ahora se reproducen, con su sonido y eligiendo el idioma cuando la película trae varios.
Cambios
Las llaves de acceso se llaman como las llama tu aparato: «Face ID o Touch ID» en un iPhone, «Windows Hello» en Windows.
El NAS resuelve por 8.8.8.8 y 1.1.1.1 de fábrica, en vez de por el DNS del router. Un filtro doméstico que conteste «no existe» a lgm-os.com dejaba al NAS sin actualizarse y sin decir por qué. Si quieres que pase por tu propio Pi-hole o AdGuard, cámbialo en Panel de control → Red → DNS del NAS.
Correcciones
Móvil: la papelera ya enseña el nombre de los archivos. No salían recortados: no salían. Le pasaba igual a la lista de enlaces compartidos.
Llaves de acceso: el aviso de «entra por un nombre, no por la IP» ya dice el nombre real de tu NAS en vez de uno inventado que no resolvía en ningún equipo.
Acceso externo: apagar el túnel o revocar su testigo ya no se da por hecho. Si el contenedor sigue en marcha se dice, en vez de enseñarlo apagado con el NAS publicado.
VPN: apagarla ya no se anuncia como hecho si la interfaz sigue levantada.
Cámaras: detener la grabación ya no se da por buena sin comprobarlo; si el grabador sigue en marcha, el panel lo dice.
Cambiar la IP desde el panel ya surte efecto. En los equipos donde alguna vez se usó lgm set-ip quedaba un archivo de red con el nombre antiguo que tapaba al del panel —el sistema aplica el primero por orden alfabético—, así que el cambio se guardaba y no pasaba nada. Se retira solo, al arrancar y al guardar, y la consola y el panel pasan a escribir el mismo archivo: manda el último que lo guarde.
Nubes y carpetas remotas: desmontar una que está en uso ya no se da por hecho: el panel dice qué la retiene y la conexión sigue ahí para volver a intentarlo.
Red: «Liberar» una tarjeta se lleva ahora también la configuración que dejó la consola; antes la tarjeta seguía con la dirección fija de siempre.
Cambiar la IP ya no dice que se hizo cuando no se hizo. El panel daba el cambio por bueno con que la tarjeta tuviera alguna dirección, así que con la de siempre todavía puesta se guardaba y se anunciaba «aplicada» mientras el NAS seguía respondiendo en la vieja. Ahora exige la dirección que pediste, deshace el cambio si no queda puesta y, si la tarjeta la configura también el archivo de red del sistema, lo dice con su nombre.
Cámaras: el directo ya no se ve a trompicones. El panel se pegaba tanto al momento actual que se quedaba sin vídeo entre fragmento y fragmento, y daba un salto cada pocos segundos.
Cámaras: cuando el directo va en modo compatible, se dice. Con una cámara cuyo vídeo el navegador no puede abrir, el NAS lo convierte a 8 imágenes por segundo —se ve a saltos— y antes no había forma de saberlo.
Ver vídeos ya no deja procesos sueltos en el NAS. Abrir y cerrar varias películas seguidas, o un disco que deja de responder a media reproducción, dejaban una conversión corriendo para nadie; con dos, el panel decía que estaba ocupado convirtiendo sin estarlo.
Time Machine: el Mac ya encuentra el NAS solo. La carpeta funcionaba, pero no salía en «Seleccionar disco de copia» de macOS y había que montarla antes a mano en el Finder.
Un vídeo o una foto ya llenan la ventana en vez de quedarse en el centro. Una película de 1080p en una pantalla grande se veía a su tamaño de siempre, con un marco negro por los cuatro lados; a pantalla completa, igual.
Cambiar el fondo desde un aparato ya no lo devuelve otro. Un equipo con el panel abierto desde hacía rato volvía a poner la foto anterior en cuanto movías un icono.
Si una actualización falla al instalar las dependencias, el panel dice por qué. El motivo se perdía entero —el aviso quedaba vacío— porque las líneas de error de npm se descartaban junto con su propaganda.
Móvil: con una foto de fondo, los nombres de las aplicaciones ya se leen. Iban en gris oscuro sobre la foto, que además lleva un velo oscuro encima.
Con una foto de fondo, el panel ya no se tiñe con ella. Las barras y las ventanas la dejaban pasar, así que una foto oscura apagaba el texto de encima.
Móvil: las filas que se pulsan ya son bastante altas para el dedo —los avisos del Resumen y varias del Panel de control se quedaban por debajo—.
Galería: si las miniaturas no cargan, ahora dice por qué en una línea arriba, en vez de dejar una cuadrícula de cuadraditos grises que no se distinguen de «cargando».
Galería: con el disco de las fotos sin responder, el panel ya no se queda colgado para todo el mundo —lo pedía una vez por miniatura— y dice que el disco no contesta, en vez de «esa foto ya no está».
Docker en el móvil: la lista de contenedores estaba descuadrada. Los botones de la cabecera se escribían encima del título «Contenedores» y el último quedaba cortado por el borde; ahora bajan de línea. Le pasaba a cualquier pantalla del panel con varios botones arriba.
Docker: la etiqueta de la pila de cada contenedor vuelve a verse. Con un nombre de imagen largo se recortaba entera.
El asesor de seguridad descontaba dos veces por el doble factor: el mismo aviso salía con dos títulos, y un NAS con dos administradores sin él sacaba 35 sobre 100 en vez de 45.
En el móvil, un PDF ya no sale en blanco. Los .pdf —y la vista previa de un .doc o un .xlsx, que es un PDF— se pintaban en un marco, y ni Android ni el iPhone traen visor de PDF para un marco: salía un rectángulo vacío y sin explicación. Ahora se abren con el visor del propio teléfono.
Seguridad
Cerrar la entrada por contraseña en SSH ya cierra de verdad. El panel comprobaba que su configuración fuera válida, no que el servidor fuera a aplicarla: en un equipo cuyo sshd_config fija esa opción por su cuenta, desmarcar «entrar con contraseña» decía «hecho» y SSH seguía aceptándolas. Ahora se le pregunta al propio servidor qué va a aplicar, y si no coincide no se cambia nada y se dice por qué.
El vídeo convertido se sirve con las mismas protecciones que el resto de archivos del NAS: el navegador no adivina de qué tipo es y no puede ejecutar nada de lo que lleve dentro.
Lo tuyo ya no se lo encuentra quien entre después en ese ordenador. Las carpetas fijadas en Archivos, dónde estabas, el cuaderno del Bloc de notas y el destino de las fotos del móvil eran los mismos para todas las cuentas del navegador. Vuelve a fijar tus carpetas.
El Resumen dice lo que te queda por hacer: sin copia de seguridad, sin el certificado instalado en ese aparato, el cortafuegos sin cargar… Cada línea lleva a donde se arregla, y la lista desaparece cuando no falta nada.
El asesor de seguridad mira también tus datos, y no solo las puertas: avisa si no hay ninguna copia configurada, si la última falló y si algún administrador entra solo con contraseña.
Subir fotos desde el móvil ya no repite lo que está. Elige el carrete entero: solo viajan las que faltan, y te dice cuántas se ha saltado.
Correcciones
El asesor de seguridad ya ve al administrador de toda la vida. En un NAS actualizado desde antes de que existieran los papeles de cuenta, la comprobación del doble factor decía «no hay administradores» en verde — con uno sin segundo factor.
Cámaras: el muro se puede ampliar tocando una cámara. Con el dedo no hay doble clic, así que ver una sola a pantalla completa no se podía hacer desde el móvil.
Archivos: dentro de un comprimido, un toque abre el archivo en el móvil. Antes solo entraba en las carpetas: se podía mirar qué había dentro y no se podía sacar nada.
Encender el túnel sin Docker instalado ya dice que falta Docker, en vez de soltar en pantalla la orden entera y un «error interno».
Volver a conectar una nube con la contraseña equivocada ya no rompe la que funcionaba. Se probaba después de sustituirla, así que un dato mal pegado tiraba una copia que llevaba meses yendo bien, sin vuelta atrás.
Seguridad
Compartir un álbum de la Galería con contraseña exige ocho caracteres, como el resto de enlaces públicos. Antes aceptaba una de un solo carácter.
La clave de la autoridad del NAS deja de estar al alcance del panel también por dentro. En el disco ya estaba cerrada, pero el proceso con permisos de administrador podía leerla igual.
La documentación de la web crece con cinco guías nuevas: conectar tus equipos (Windows, Mac, Linux, iPhone y Android), usuarios y permisos, qué hacer cuando algo no va —ordenado por lo que ves—, la referencia de puertos (con cuáles se abren en el router y cuáles no se abren jamás) y un glosario.
La guía de instalar el panel como aplicación se ha rehecho: qué ganas al instalarlo, los avisos en el móvil, mandar cosas al NAS desde cualquier app, cada cuánto hay que repetir lo del certificado —casi nunca— y cómo quitarlo.
Cada guía enseña ahora su propio índice —con el apartado en el que estás—, cuánto se tarda en leerla y cuántos apartados tiene; la lista lateral va agrupada.
Acceso externo → Certificado trae ahora el tutorial entero: los dos pasos —instalar el certificado y añadir el panel como aplicación— con los de cada aparato, y se puede elegir el aparato para preparar el móvil desde el ordenador.
Correcciones
El aviso para instalar el certificado también sale dentro de la aplicación ya añadida a la pantalla de inicio, que es donde se nota que falta.
En Safari, el panel ya no se queda esperando una respuesta que no llega para decidir si ofrece el certificado.
Centro de avisos: un aviso guardado con un formato antiguo ya no apaga la pantalla entera. Se descarta ese y los demás siguen saliendo; antes se perdían todos, incluido el del disco que falla.
Archivos vuelve a abrirse en las carpetas compartidas desde el móvil, en vez de dentro de la última carpeta que hubieras visitado: en una pantalla estrecha la lista de carpetas no está a la vista, así que empezar dentro de una dejaba el índice a un viaje. En el ordenador sigue abriendo donde estabas.
Descargas: se acabó el aviso «nadie está escuchando en el puerto 6881». Ese puerto solo lo abre el programa de descargas mientras hay un torrent bajando, así que el aviso salía siempre —sin torrents no hay nada que arreglar—. Ahora solo aparece con un torrent en marcha, que es cuando de verdad frena la descarga.
Seguridad
Centro de Paquetes: el logotipo de una aplicación ya no puede llevar al NAS a pedir algo dentro de tu red. El catálogo lo escriben terceros, y una dirección suya podía desviar la petición hacia tu router o hacia el propio NAS.
El NAS ya no puede usarse para llamar a los equipos de tu red privada. El filtro que impide que traiga cosas de direcciones internas no cubría el rango que usan Tailscale y las conexiones de fibra con dirección compartida.
La autoridad certificadora del NAS deja de estar al alcance del panel. Su clave firma como válida cualquier web ante los aparatos donde la instalaste, y no hace falta para nada más que crearla.
Los avisos de discos dejan de llegar a quien no administra el equipo: cualquiera con el panel abierto sabía cuándo se conectaba, se retiraba o se estaba borrando un disco.
Al cerrar sesión se borra lo que quedara del menú «Compartir» del móvil. Eran las fotos que se mandaron y no llegaron a subirse, y se quedaban en el navegador del siguiente.
El certificado de tu NAS se rehace al actualizar: el navegador volverá a avisar una vez. Instala el nuevo desde el panel y no vuelve a salir.
Novedades
Ya se puede instalar el panel como aplicación en un móvil Android. El certificado que ofrecía la versión anterior no se podía instalar ahí —Android solo admite autoridades—; ahora tu NAS emite la suya y es la que se descarga.
El panel da los pasos de instalación de TU aparato: iPhone, Android, Windows, Mac o Linux, cada uno con los suyos.
El certificado se instala una sola vez por aparato, aunque el NAS cambie de dirección.
Guía nueva: «Tener el panel como aplicación». Los dos pasos —el certificado y añadir el panel— explicados aparato por aparato, en la documentación del panel y en la web.
Correcciones
Las copias a la nube y las carpetas de nube devuelven la memoria al terminar, en vez de quedársela hasta el siguiente reinicio.
Una copia a la nube grande ya no puede morir por el tope de memoria del NAS. El tope estaba puesto para el proceso que lanza las órdenes, no para las órdenes: en un equipo con poca memoria, copiar una fototeca grande podía cortarse a medias.
El análisis antivirus se ralentiza en vez de morir en un equipo con poca memoria.
El panel dice por qué no se deja instalar como aplicación, en vez de no ofrecer nada, y da el certificado de tu NAS para instalarlo. Hasta ahora guardaba un acceso directo sin logo que al abrirse salía en blanco y con la barra de direcciones encima, sin explicación.
Correcciones
El acceso directo que guarda el navegador ya lleva el logo del NAS, aunque en ese equipo no se pueda instalar la aplicación entera.
Permisos: «para todos los de casa» ya le llega a quien tenía cuenta desde antes. El grupo al que se aplican esas reglas solo recogía a las cuentas creadas después; se repara solo al actualizar.
Instalar el sistema en un equipo con poca memoria ya no falla culpando a la conexión a internet: la instalación compila con el mismo colchón que usan las actualizaciones.
Actualizaciones: si falla la instalación de paquetes, las dependencias o el arranque del código nuevo, el panel dice lo que dijo esa orden en vez de una frase general.
Instantáneas: «No hay snapshots todavía» ya no sale cuando el NAS no ha podido leerlas. Ahora dice qué falló, y una lista a medias deja de perderse entera.
SAI: el plan de apagado distingue «no hay nada en marcha» de «no se ha podido mirar». Con Docker o las máquinas virtuales sin responder, decía que no había nada que parar.
Archivos, Bloc de notas y la Ayuda salían en blanco en un iPhone, un iPad o un Mac que ya no reciben actualizaciones del sistema.
Panel de Control: en esos mismos equipos, el lápiz de una carpeta compartida o de un grupo no abría nada.
Galería: desde el móvil ya se ven los botones de cada álbum —renombrar, descargar y borrar—, y la casilla para marcar fotos. Estaban ahí, invisibles, y se pulsaban sin querer.
Galería y Archivos: el botón de pantalla completa ya no está donde no existe —en un iPhone—, en vez de quedarse ahí sin hacer nada al pulsarlo.
El escritorio ocupa la pantalla entera abierto desde el navegador de un móvil o una tableta: abajo ya no queda nada por detrás de la barra del navegador.
Panel de control: ocho pantallas —Antivirus, Impresora, DLNA, rsync, Direcciones, Calendario, Bloqueo por país e Informe y trampa— se quedaban en blanco y sin un solo mensaje si el NAS contestaba a medias; ahora avisan y siguen en pie.
La 1.55.0 no llegaba a instalarse: salió publicada con la interfaz sin compilar, y cada NAS volvía solo a su versión anterior sin romper nada. Actualiza a ésta.
Actualizaciones: cuando una actualización falla, el panel dice el motivo real en vez de repetir que falló.
Agenda: las tareas, al lado del calendario. Lo que apuntas como tarea desde el móvil o el ordenador se ve en el panel, por fecha, con las atrasadas en rojo y las hechas al final.
Impresora: escanear. La misma multifunción que ya imprime deja el papel en la carpeta del NAS que elijas, en PDF y con el texto dentro para poder encontrarlo luego desde Archivos.
Galería: compartir un álbum entero con un enlace. Se descarga como un solo archivo comprimido, con caducidad y contraseña opcionales; quitar una foto del álbum la quita también del enlace.
Monitor del sistema: los parches de seguridad de Debian. Se ve si se ponen solos, cuándo se revisaron por última vez y si el NAS está esperando un reinicio.
Correcciones
Avisos al móvil: dos avisos distintos ya no se pisan. Llegaba «un disco se está muriendo» y el siguiente lo borraba de la pantalla sin haberlo leído. Además se quedan hasta que se tocan.
En el móvil, tirar hacia abajo ya no recarga el panel y se lleva por delante lo que tuvieras abierto.
El gesto de «atrás» del teléfono vuelve a la pantalla de inicio en vez de cerrar el panel entero con la app abierta.
El acceso directo «Subir al NAS» —manteniendo pulsado el icono del panel instalado— ya abre la pantalla para elegir archivos; antes no hacía nada.
Centro de Paquetes: en el móvil el buscador ya no sale cortado y los botones de la barra van juntos en vez de quedarse uno suelto abajo.
Centro de Paquetes: el botón «Obtener» de las fichas destacadas se puede tocar con el teléfono girado; medía la mitad de lo que hace falta.
Copias de seguridad: el aviso de «este equipo no tiene ninguna copia» se lee entero en el móvil, en vez de en una columna de cuatro palabras por línea.
Archivos: buscar dentro de los PDF escaneados no encontraba nada. Faltaba el reconocedor de texto, que ahora viene con el sistema.
Recuperar el NAS entero. El NAS guarda cada día una copia de su configuración dentro del volumen; tras reinstalar el sistema, el panel la encuentra y deja las cuentas, las carpetas compartidas, los permisos y las tareas programadas como estaban.
Al recuperar, vuelve a dar de alta las cámaras: su dirección lleva la contraseña dentro, así que no viaja en la copia. Lo grabado sigue en el volumen.
El panel se ofrece a instalarse como aplicación, con su icono propio y sin barra del navegador. En Android hace falta un certificado de confianza (Acceso externo → Certificado); en iPhone y iPad, sigue los dos pasos que indica el aviso.
Manteniendo pulsado el icono del panel instalado salen tres accesos directos: subir archivos, las cámaras y Archivos.
Correcciones
Los registros del sistema vuelven a verse en los equipos donde Docker no llegó a instalarse: el panel se quedaba sin permiso para leer el diario, y con él se quedaba ciego el vigilante que bloquea a quien insiste con la contraseña de SSH. Se repara solo al actualizar.
Descargas: el aviso de «nadie escucha en el puerto» ya no sale con el puerto abierto. El panel no puede ver de quién es ese puerto y lo daba por vacío.
La pantalla del servidor ya no se queda atrapada en una web de ayuda. Pulsar Ctrl+Alt+F1 con el navegador delante abría la ayuda del navegador y no había forma de volver; ahora solo puede estar en el panel. La consola de texto sigue en Ctrl+Alt+F3.
Centro de Paquetes: vuelven los logotipos. Casi todos los de la tienda los bloqueaba el navegador por venir de otro servidor; ahora los trae el NAS, se quedan guardados y se ven aunque el equipo no tenga salida a internet.
Cuando el NAS no contesta, los botones para reintentar y para entrar sin la copia guardada salen a los pocos segundos y no a los dos minutos: hasta entonces no había nada que pulsar, solo una rueda. Es lo que se ve al entrar desde el móvil por la VPN.
Los logotipos de la tienda los sirve tu NAS. Antes los pedía tu navegador a un servidor de fuera, uno por aplicación: lento con una línea regular, y sin internet no salía ninguno. Ahora se traen una vez, se quedan en el NAS y nadie de fuera se entera de qué aplicaciones miras.
Correcciones
Bajarse un archivo desde un iPhone, un iPad o un Mac no hacía nada. Ni descarga ni aviso: Safari ignora un enlace de descarga que no está en la página. Pasaba al bajar un archivo del gestor, al guardar la instantánea de una cámara y al bajar el registro de un contenedor.
Subir archivos: cuando el NAS rechaza una subida grande —sin espacio, sin permiso o destino que no vale— el panel dice el motivo en vez de «no se puede contactar con el servidor NAS».
Oficina: al no poder guardar un documento se dice qué pasa de verdad: sin espacio, cuota agotada o disco en solo lectura, cada uno con su arreglo.
Copias: cuando una copia se cancela porque un origen se quedó vacío, se dice CUÁL y qué se ve en él (no está, o está montado y vacío).
Abrir una aplicación desde el panel instalado en el móvil ya no te deja encerrado en ella. Se abría dentro de la propia ventana, que no tiene botón de atrás: había que cerrar y volver a abrir el panel. Ahora sale al navegador y el panel se queda donde estaba.
La copia que el panel guarda en tu navegador deja de crecer sin fin. Cada actualización dejaba dentro los archivos de la versión anterior, unos megas cada vez; en un móvil eso acababa chocando con el límite del navegador y el panel fallaba de formas raras hasta borrar los datos del sitio a mano.
Guardar SNMP, SMB, WebDAV o el servidor rsync ya no contesta «error interno» cuando sí se ha guardado. Pasaba si además hacía falta tocar el cortafuegos y no se pudo: salía un cartel de avería y la pantalla se quedaba con lo de antes. Ahora se ve el estado nuevo con el aviso al lado.
Salud: sin la herramienta de los discos, la pantalla contestaba con el error interno en inglés; ahora dice qué paquete falta y cómo instalarlo.
Acceso externo: el registro del túnel enseñaba el error interno en lugar de decir que falta Docker.
Centro de Paquetes: la portada tardaba segundos en aparecer. Pedía el catálogo siete veces seguidas, una por estantería; ahora lo pide una sola vez.
El NAS sale en el menú «Compartir» del móvil. Elige fotos o vídeos, comparte con LGM-OS y el panel pregunta en qué carpeta guardarlos. Instala antes el panel en el teléfono («Añadir a la pantalla de inicio»): sin eso el sistema no lo ofrece.
Temperatura y ventiladores del equipo en Monitor del sistema, con el aviso al pasar del límite que marca cada sensor.
Centro de paquetes: las aplicaciones con versión nueva salen marcadas como «Actualizable». Se revisa una vez al día.
Encender otros equipos de la red desde Energía: apunta un equipo con su dirección física y enciéndelo desde el panel o desde el móvil.
Ver la contraseña al escribirla, con el ojo del propio campo: al entrar, al estrenar el NAS y al cambiarla. En el móvil se tecleaba a ciegas.
Cambios
Web en el móvil: los botones de la barra —menú, idioma, claro/oscuro, Comprar— y los enlaces del pie se pulsan sin fallar. El de claro/oscuro medía dieciocho píxeles de ancho.
Formularios: un aviso que ya se explica solo deja de llevar delante el nombre interno del campo.
Correcciones
Abrir una app cuando el panel acaba de actualizarse o cuando una petición no llega ya no deja «La aplicación ha fallado por dentro» con un texto en inglés: espera y lo reintenta sola, como ya hacía con el resto de sus archivos.
Entrar desde el móvil: cuando el panel se abre desde la copia guardada porque el NAS no contestaba, deja de decir «¿reiniciándose?» y da el motivo de verdad al momento, sin esperar dos minutos. Trae un botón «Entrar sin la copia guardada», que es lo que hace falta para que el navegador vuelva a ofrecer aceptar el certificado del NAS.
Descargas: cuando el servicio no contesta, el panel dice qué pasa de verdad —quién tiene cogido el puerto, o que no hay nadie escuchando— y enseña la última línea de su registro, en vez de ofrecer dos causas posibles.
Descargas: si el secreto del servicio deja de cuadrar, se dice y se arregla entrando en sus ajustes y pulsando Guardar.
Administración lleva un registro. Quién emitió, revocó o borró una licencia, cuándo y desde qué dirección; también lo que hace la tienda sola al cobrar un pago.
Web, administración: las licencias de los clientes tienen su propia página y se agrupan por persona: una fila por cliente con cuántas tiene, y sus licencias dentro. Antes ocho licencias del mismo correo eran ocho filas repitiendo el mismo nombre.
Web, administración: entrar a ver las licencias de los clientes pide la contraseña otra vez, y vale un cuarto de hora. Con la sesión sola —un portátil abierto, una cookie robada— ya no se llega a las claves de nadie.
Web, tu cuenta: las claves de licencia salen tapadas con puntos y se enseñan con el ojo del campo, de una en una. Copiar funciona sin llegar a verlas.
Web, tu cuenta: cada licencia se pliega. La que ya está puesta en un NAS empieza cerrada; si solo tienes una sin estrenar, se abre sola para que la copies.
Administración: borrar una licencia. Para lo que nunca debió existir —una prueba, un duplicado, un alta equivocada—; para retirarle el producto a un cliente sigue estando «Revocar», que deja rastro y se puede deshacer.
Tu cuenta, con sus ajustes. Cabecera con lo que tienes, índice lateral y una sección de ajustes —correo, contraseña y sesión— en vez de un formulario al final de la página.
Administración: la lista de licencias, por páginas. Veinticinco por página, con el tramo que estás viendo y cuántas hay en total, y las cifras de la tienda arriba.
Los pagos se revisan solos. Si el aviso de una compra se pierde por el camino, el portal se lo pregunta a la tienda cada pocos minutos y emite la licencia que falte; en administración hay además un botón para revisarlo en el momento.
Tu calendario y tus contactos, ahora en el panel. Hasta ahora la agenda del NAS solo se veía en el móvil. La app nueva enseña el mes, el detalle de cada día con su hora, su sitio y sus notas, y la libreta de direcciones con buscador. Cada uno ve la suya. De momento se ve pero no se edita: para añadir o cambiar algo, desde el teléfono.
Conecta tu móvil a la agenda tú mismo. En «Calendario y contactos», pestaña Sincronizar: la dirección que hay que pegar, tu nombre de cuenta y un aviso si todavía no tienes acceso. Antes esos datos solo estaban en el Panel de control, donde una cuenta normal de la casa no entra.
Descargas: elige qué archivos del torrent quieres. Pulsa una descarga y marca solo los capítulos que vas a ver; lo que no marques no se baja.
Descargas: ficha de cada una. Con cuántos equipos estás compartiendo, cuánto has devuelto y qué rastreadores tiene.
Descargas: manda sobre una sola. Su propio tope de velocidad, su sitio en la cola y dejar de compartir esa sin tocar las demás.
Deja un .torrent en la carpeta y empieza solo. Todo archivo que copies a <tu carpeta de descargas>/torrents se pone a bajar sin abrir el panel.
Descargas: tus propios rastreadores. Añádelos en los ajustes; se prueban antes que los que trae el NAS.
Cambios
Administración: el apartado «Licencias» desaparece de la primera pantalla. Las licencias de todo el mundo están en Clientes, agrupadas por persona y detrás de la contraseña otra vez; ahí se busca por correo o por número, y se emiten a mano.
La barra de la web separa el producto de tu cuenta. Lo tuyo —cuenta, administración y cerrar sesión— pasa a un menú detrás de tu inicial, a la derecha.
En modo regalo, una licencia por cuenta.
El precio se escribe en un solo sitio: el producto de la tienda. La portada, la página de compra y la ficha que enseñan los buscadores dicen lo mismo sin tocar nada más.
Los torrents arrancan en segundos. El NAS trae casi sesenta rastreadores públicos: un magnet arranca por el primero que conteste, así que lo que hace falta no es acertar con el mejor, es que alguno esté vivo cuando pulsas.
Y bajan a lo que da la línea. aria2 dejaba de buscar más gente en cuanto el torrent pasaba de 50 KB/s —su valor de fábrica— y con una fibra eso es quedarse a una décima parte. Ahora sigue buscando, y admite muchos más pares por torrent.
Correcciones
Seguridad: la pantalla de la trampa antirransomware ya no se queda en blanco con un error interno si sus ajustes guardados están a medias.
Revocar o liberar una licencia en el portal no llegaba al NAS: el equipo solo lo comprobaba al activarla, así que uno ya activado no volvía a preguntar nunca. Ahora lo mira cada doce horas y lo dice; sin internet o con el servidor caído, la licencia sigue valiendo (y los datos, las copias y los servicios no se tocan en ningún caso).
Mudanza desde otro NAS: el error de la conexión se enseñaba tal cual lo escupía la herramienta, que mete dentro la dirección del NAS viejo con su usuario. Ahora va tapado.
Descargas: quitar una descarga que ya se había ido decía «descarga quitada» sin quitar nada, y la fila seguía ahí al recargar.
Descargas: pausar, mover o cambiar el tope de una que ya no está ya no contesta con el mensaje interno del programa, en inglés.
Entrar por la VPN se quedaba «cargando» para siempre: el certificado del panel no cubría la dirección del túnel, el navegador cortaba la conexión y el panel lo confundía con un reinicio del NAS. Ahora esa dirección va en el certificado.
Y si el NAS no contesta en dos minutos, el panel deja de decir «¿reiniciándose?» y cuenta qué mirar —el certificado de una dirección nueva, o si el NAS está encendido—, con un botón para reintentar en vez de una rueda eterna.
Móvil: la barra de pestañas de «Usuarios y grupos» se salía de la pantalla y la última quedaba cortada. Ahora caben las cinco, y todas las barras del panel tienen la altura de toque que piden Apple y Google.
Un disco montado en solo lectura ya no manda a liberar espacio —no lo arregla—: dice que el sistema lo ha dado por malo y que se mire en Almacenamiento → Salud.
Y se dice qué disco es: un fallo al escribir en el volumen ya no culpa al disco del sistema.
Con el panel en inglés, el aviso de disco lleno salía a medias, mitad en cada idioma.
Calendario y contactos: en los equipos que ya lo tenían encendido, lo que se apuntaba desde el móvil no se guardaba en ninguna parte. Se repara solo al arrancar.
Un disco que deja de responder ya no congela el panel. Bastaba con abrir Archivos o la Galería, mirar un permiso, o que el NAS repasara las cámaras por su cuenta: se quedaban todas las pantallas a la vez, y justo el día que hace falta el panel para mirar el estado de los discos. Ahora cada pantalla espera unos segundos y cuenta qué pasa.
Carpetas compartidas: una carpeta creada desde el panel mientras el NAS traía las de otro equipo, tomaba el relevo o preparaba la de las cámaras desaparecía sin decir nada.
Con la campaña de licencia gratis en curso, quien ya tenía la suya no podía comprar otra: la página solo ofrecía «Ver mi licencia». Ahora dice «Licencia ya adquirida» y deja comprar otra debajo, para un segundo equipo o para regalar.
Un pago que llega mientras la tienda está a medias ya no se pierde: se pide que se reintente, así que entra solo en cuanto la configuración esté completa.
Un formulario incompleto ya no contesta con un volcado del servidor en inglés, sino con una página que dice qué falta.
«Revisar pagos» decía «0 licencias emitidas» y sonaba a que no había servido de nada, cuando lo que pasaba es que todos los pagos ya tenían la suya. Ahora lo distingue.
La ficha del producto en los buscadores anunciaba un precio inventado —49 €— desde el primer día, dijera lo que dijera la página.
SAI: el apagado ordenado ya llega a todos los equipos. Se escribía solo al guardar esa pantalla —y esa pantalla se abre una vez, el día que se enchufa el SAI—, así que los NAS configurados antes seguían cayendo en seco al agotarse la batería, con las máquinas y los contenedores en marcha. Ahora se pone al día al arrancar, sin tocar nada.
SAI: el apagado por batería baja podía no llegar a apagar. Si no podía escribir su registro (disco lleno, /var/log de solo lectura) se paraba en la primera línea y el NAS se quedaba encendido hasta que la batería se agotaba.
SAI: si falta el paquete de NUT, se dice; antes mandaba a revisar el driver y el puerto, que no era el problema.
Máquinas virtuales: cuando su red no arranca porque el puerto 53 está ocupado, el panel dice QUIÉN lo tiene. Antes daba por hecho que era el servidor DNS del NAS, y a quien tiene un Pi-hole o un AdGuard lo mandaba a apagar algo que ya estaba apagado.
Desmontar una nube o una carpeta remota que no existe decía «hecho» y lo apuntaba en el registro, mientras lo que se quería desmontar seguía puesto.
Los errores de los formularios ya no salen en inglés. «String should have at least 1 character» pasa a «no puede quedar vacío», y así en todas las pantallas: era lo que contestaba el panel siempre que algo no cuadraba con lo que espera.
Almacenamiento: los avisos sobre un disco (una ruta que no vale, un disco que ya no está) salían en inglés y con jerga; ahora dicen qué pasa y qué hacer.
Cámaras: el motivo de que una cámara no dé vídeo ya no sale con dos puntos seguidos.
Cuando algo del cortafuegos falla, el panel ya no enseña la orden del sistema. Le pasaba a todos los servicios que abren su puerto —descargas, multimedia, SMB, NFS, WebDAV, VPN, discos en red, SNMP—: media frase en español y la otra media en inglés con la orden dentro.
Y lo mismo en cinco sitios más: probar una réplica, probar un destino de copia, instalar un certificado en el panel, el avance de una sustitución de disco y el registro del túnel.
Descargas: «el servicio no responde» ya dice POR QUÉ. Salía ese cartel al pulsar cualquier cosa —añadir, pausar, quitar— y mandaba a un comando por SSH. Ahora distingue si falta el programa, si el servicio está parado —con el último error del sistema— o si está en marcha y no contesta.
Descargas: si otro programa tiene cogido el puerto de los torrent, el panel dice cuál es y qué hacer; hasta ahora la descarga iba a una fracción de su velocidad sin explicación.
Un disco que no responde ya no congela el panel entero. Pasaba al encender las descargas o al añadir una, y como eso ocurre también al arrancar, el panel podía no llegar a levantar.
Descargas: un archivo grande renombrado a .torrent en la carpeta vigilada ya no puede dejar el NAS sin memoria; se aparta y queda apuntado.
Descargas: los archivos .TORRENT en mayúsculas también empiezan solos. Antes se quedaban en la carpeta sin que pasara nada.
Descargas: la app ya no se cae entera («la aplicación ha fallado por dentro») cuando el servidor contesta a medias, que es lo que pasa durante los minutos que dura una actualización.
Web: Descargas se quedaba en «la aplicación ha fallado por dentro» al abrirla en la demostración; ahora se ve funcionando, con sus torrents y su ficha.
Seguridad
Los ajustes de Descargas son del administrador. La carpeta, el interruptor y los topes de velocidad son de la casa entera; añadir, pausar o limitar una descarga sigue siendo de quien tiene la aplicación.
La contraseña de rsync exige ocho caracteres, como el resto: publica una carpeta en la red sin cifrar y admitía una de uno.
Descargas: lo que entra por la carpeta vigilada queda apuntado en el registro, como todo lo que se pide desde el panel: a esa carpeta llega cualquiera que pueda escribir en ella.
Los avisos de administración ya no los puede borrar cualquiera. Una cuenta normal podía vaciar el centro de avisos entero —la alarma de un disco fallando, la copia que no se hizo, la trampa antirransomware— aunque esos avisos no le salgan a ella. Ahora cada cuenta solo borra y marca como leídos los suyos.
Dar de alta una cuenta ya no puede dejarle un acceso que nadie pidió. Al guardar su contraseña, el NAS la activa en las carpetas compartidas y la vuelve a apagar acto seguido; si ese apagado fallaba, la cuenta se quedaba con acceso y el panel decía «falló SMB», que se lee como lo contrario. Ahora lo dice claro y explica cómo quitárselo.
Un formulario mal rellenado ya no te devuelve lo que escribiste. La respuesta de error traía dentro el contenido enviado —incluida una contraseña, si el formulario la llevaba—, y eso viaja a sitios donde una contraseña no pinta nada.
Galería: elegir qué carpetas se indexan pasa a ser cosa de quien administra. Cualquier cuenta podía guardar su lista y con eso dejar fuera del índice las carpetas de los demás.
Apoyo voluntario con Ko-fi. Una taza siempre a mano en la web, con el detalle de en qué se usa lo que entra —servidor, discos de prueba y las actualizaciones—, y más presente mientras la licencia se esté regalando.
Cambios
La licencia pasa a costar 29 €. Sigue siendo un pago único y para siempre.
La compra pasa a Polar, que es quien factura: los impuestos de tu país van incluidos en el precio y la factura la emite él. Las licencias ya emitidas siguen igual.
Correcciones
Cámaras: pulsar «HD» y no ver ninguna mejora ya se explica. Si la cámara solo admite una conexión y la está usando la grabación, el directo cae al flujo secundario y ahora lo dice en pantalla; lo grabado sigue yendo en calidad completa.
Un pago que no pasa por la página de compra ya emite su licencia. Se entrega por el correo con el que se ha pagado; si ese correo no tiene cuenta, se le crea y la licencia le espera dentro.
Web: los tres pasos de la instalación salían numerados dos veces y en una sola columna.
Web: con la campaña de licencia gratis encendida, media portada seguía diciendo «comprar».
La web ya no se cae entera si a la tienda le falta una clave: la venta se apaga sola y la página, las guías, las descargas y las actualizaciones siguen funcionando.
Calendario y contactos explica en tres pasos cómo conectar el móvil, con la dirección copiable de un toque y tu nombre de cuenta a la vista: era lo único que se venía a buscar y había que seleccionarlo a mano.
Calendario y contactos: el servicio no llegaba a arrancar en ningún equipo; no podía leer las contraseñas de acceso.
WebDAV: conectarse con la contraseña correcta fallaba siempre, por lo mismo. Los dos se reparan solos al arrancar: no hay que volver a configurar nada.
Multimedia: abrir la pantalla con un disco que no responde ya no deja el panel entero colgado.
Archivos: extraer un .tar podía quedarse a medias sin decir por qué; ahora se extrae con las mismas comprobaciones que un .zip.
Cuando algo falla, el panel ya no enseña la orden del sistema. Veinticuatro pantallas —empezando por Almacenamiento, que es la primera que se abre— contestaban con la línea de órdenes entera y en inglés («no se pudieron leer los discos: executable not found: lsblk»). Ahora dicen qué ha pasado, en tu idioma, y si falta un paquete lo nombran; si fallan varias cosas por el mismo motivo, se dice una vez.
Archivos: extraer un .zip avisa antes de empezar si lo de dentro no cabe, en vez de llenar el volumen a mitad de camino.
Seguridad
Quien insiste en adivinar contraseñas por WebDAV o por el calendario se bloquea solo, con el mismo límite de intentos que ya tenían el panel y SSH. Antes eran las dos únicas puertas del NAS sin freno, y usan la contraseña de tu cuenta.
Descargas: ya no se puede elegir como destino la carpeta de otra persona. Cualquiera de la casa puede bajar cosas, pero solo a donde tenga acceso.
La contraseña de un enlace compartido pide ocho caracteres como mínimo. Antes valía cualquier cosa, incluso una letra: parecía protegido y no lo estaba. Los enlaces que ya tengas siguen funcionando igual.
Instalar una aplicación queda apuntado en el registro, como ya lo estaba desinstalarla: hasta ahora el registro contaba cómo desapareció una aplicación, pero no cómo llegó.
Eliminar una cuenta la borra de todas partes. Sus enlaces de descarga y sus pedidos de archivos dejan de servir —antes seguían abiertos a cualquiera que tuviera la dirección y, sin fecha de caducidad, para siempre— y su nombre desaparece de los permisos de las carpetas y del reparto de aplicaciones, donde seguía apareciendo: quien se diera de alta con ese mismo nombre heredaba su acceso.
Seguridad: el vale de descarga ya se puede revocar · Seguridad: tres cosas que una cuenta normal podía ver o hacer · El panel en el móvil, a fondo · +5
Seguridad: el vale de descarga ya se puede revocar
Cuando el panel te enseña una foto, un vídeo o un PDF sin descargarlo, pide un vale firmado que viaja dentro de la dirección — un <img> o un <video> del navegador no pueden mandar cabeceras, así que no hay otra forma. Ese vale no estaba atado a nadie: seguía valiendo aunque cerraras sesión, cambiaras la contraseña, pulsaras «cerrar todas las sesiones» o borraras la cuenta, hasta media hora después. Y como viaja en la dirección, acaba en el historial del navegador y en cualquier registro por el que pase.
Ahora va atado a quién lo pidió y a su sesión, como ya iban el de las cámaras y el del editor de documentos: cerrar la sesión lo tumba al instante. No hay que hacer nada; los vales de antes dejan de valer y el panel los pide otra vez solo.
Crear y borrar con privilegios ya miran adónde apunta la ruta de verdad. El proceso que administra el sistema la aceptaba tal y como estaba escrita, y entre las rutas que maneja están las de los datos, donde escribe cualquiera que tenga una carpeta compartida: un enlace puesto ahí desviaba la carpeta nueva a otro sitio del equipo, y una papelera enlazada podía llevarse por delante lo que hubiera al otro lado. El borrado ya se guardaba del enlace final; ahora los dos comprueban también los tramos de en medio.
El panel le dice al navegador de dónde puede cargar cosas. Hasta ahora solo le pedía que nadie de fuera lo metiera en un marco. Ahora, si algún día se colara texto con trampa en un nombre de archivo o en el mensaje de una cámara, el navegador se niega a ejecutarlo y a mandar nada a otro servidor. Nada cambia en pantalla.
La política de contraseñas se aplica también al usuario de WebDAV. Era el único camino de los cinco que tocan contraseñas que no la exigía: se le podía poner una de cuatro letras a una puerta que se sirve por la red.
Galería y fondo de pantalla: las imágenes se sirven diciéndole al navegador que no adivine el tipo del archivo, como ya hacía Archivos.
Seguridad: tres cosas que una cuenta normal podía ver o hacer
El reparto de permisos por aplicación cerró las pantallas, pero por debajo quedaron tres puertas abiertas para cualquier cuenta que hubiera entrado en el panel. Las tres están cerradas, y ninguna pide que cambies nada:
Enlaces compartidos y pedidos de archivos ajenos. La lista los devolvía todos, con su token dentro — y el token ES la llave: la dirección pública que lo consume entrega el archivo sin mirar permisos de carpeta, que es justo para lo que existe. Con el token de otra persona se podía descargar un documento de una carpeta a la que no se tiene ningún acceso, y revocarle sus enlaces. Ahora cada cual ve y revoca los suyos, y quien administra los ve todos. Los enlaces creados antes de esta versión siguen funcionando para quien tenga la dirección, pero solo aparecen en la lista de quien administra: el NAS no guardaba quién los había hecho.
La dirección del NAS donde vive la copia. Réplicas, discos en red (iSCSI), mudanza, carpetas montadas de otros equipos y sincronización con la nube se leían sin ningún permiso: la lista de réplicas lleva dentro la dirección, el usuario y el puerto SSH del otro NAS. Ahora cada una pide el permiso de la pantalla donde vive (Almacenamiento, Archivos o Copias), como ya hacían las demás.
Las tareas de toda la casa, en directo. El canal que pinta las barras de progreso repartía a todo el mundo el título y el mensaje de cada tarea —«Restaurando /mnt/tank/Documentos», «Extrayendo facturas-2026.zip»—, con las rutas dentro. Ahora cada cuenta ve las tareas de las aplicaciones que tiene, y las de administrar el equipo solo quien administra.
El panel en el móvil, a fondo
Girado ya no sirve el escritorio. Un teléfono en horizontal mide más de 819 px de ancho —el corte que decidía «esto es un móvil»— y solo 390 de alto, así que salía el escritorio de ventanas: barra de título, dock y asas de redimensionar dentro de media pantalla. Ahora el cromo se va a una columna lateral de 60 px (inicio, apps abiertas, widgets, tema, avisos y salir) y desaparecen las barras de arriba y abajo: 96 px de alto devueltos a lo que estás mirando, una cuarta parte de la pantalla. La app ocupa el resto entero, la pantalla de inicio reparte sus iconos por el ancho disponible y los widgets salen en dos columnas.
Y con ellas, la maquetación de cada app. Las apps traían 156 reglas de «esto en móvil se apila / se esconde / crece para el dedo» y todas miraban solo el ancho: giradas, ninguna se aplicaba. Lo mismo con la ergonomía táctil —zonas pulsables de 44 px, campos que no disparan el zoom de Safari, diálogos al alcance del pulgar—, que se perdía entera al girar. Ahora todo eso entiende el teléfono tumbado.
Controles que no se podían tocar. Un barrido por las catorce apps midiendo lo que mide el dedo encontró los buscadores del Centro de Paquetes, la Galería y el Panel de control con 20 px de alto, las pestañas de la Galería con 24, los interruptores con 28, «Cómo funciona» con 16 y las etiquetas del Resumen y del Monitor a 10 px de letra. Corregidos, y con una comprobación que barre las dos orientaciones para que no vuelvan.
Cambiar de app es un dedo. Deslizando la barra de título se pasa a la siguiente app abierta y a la anterior, sin volver al inicio. Va en la barra y no en la app para no robarle los deslizamientos a lo que haya dentro.
El panel en el móvil, girado
Con el teléfono en horizontal el panel servía el escritorio de ventanas: un teléfono girado mide más de 819 px de ancho —el corte que decidía «esto es un móvil»— y solo 390 de alto, así que salía una ventana con su barra de título, su dock y sus asas de redimensionar dentro de media pantalla. Girar el móvil para ver mejor una tabla, un vídeo o las cámaras dejaba el panel inservible.
Ahora el panel reconoce el teléfono girado y le da su propia forma:
El cromo se va a una columna lateral de 60 px —inicio, apps abiertas, widgets, tema, avisos y salir— y desaparecen las barras de arriba y abajo. Son 96 px de alto devueltos a lo que estabas mirando: una cuarta parte de la pantalla.
La app ocupa el resto entero, pegada a los cuatro bordes, con su barra de título más baja.
La pantalla de inicio se reparte por el ancho que hay, con más columnas y iconos a la medida en vez de cuatro columnas gigantes.
Los widgets salen en dos columnas y el cambiador de apps en tarjetas que caben.
Y lo que ya valía para el móvil de pie —zonas pulsables de 44 px, campos que no disparan el zoom de Safari, diálogos al alcance del pulgar— también se aplica girado: antes se perdía todo al girar.
Girar no cierra nada: la app sigue donde estaba, con su desplazamiento y lo que llevaras escrito.
En vertical no cambia nada.
Conectar tu nube en Archivos ya no pide ser administrador
«Conecta tu nube» estaba en Archivos, era tuya por diseño… y contestaba «no tienes acceso» sin que hubiera ningún permiso que darte para arreglarlo. Los tres pasos que hay detrás —listar los proveedores, abrir la autorización con Google o Dropbox y cerrarla— colgaban del permiso de Copias de seguridad, que nace cerrado y que además es de solo lectura: no había forma de concederlo. Ahora van con el permiso de Archivos, que cualquier cuenta trae de serie.
No se abre nada más: dar de alta una nube como destino de copia del NAS sigue siendo cosa de quien lo administra.
La insignia «Da control del equipo» no se leía en modo oscuro
En la pantalla de Permisos, esa etiqueta salía en amarillo sobre crema —1,29 de contraste, donde el mínimo legible es 4,5—. Pasa a usar la insignia de la casa, que tiene su pareja de colores para cada tema: 8,2 en oscuro y 6,1 en claro.
Correcciones
Calendario y contactos: el servicio no llegaba a arrancar en ningún equipo; no podía leer las contraseñas de acceso.
WebDAV: conectarse con la contraseña correcta fallaba siempre, por lo mismo.
Los dos se reparan solos al arrancar: no hay que volver a configurar nada.
Seguridad
Copias y sincronización: la lista de equipos ya no enseña la credencial con la que cada ordenador manda su parte. Quien la copiara podía fingir que una copia iba bien y apagar el aviso de «lleva días sin copiar»; la veía cualquiera con permiso para mirar las copias.
SSH: desmarcar «entrar con contraseña» ahora la desactiva de verdad. Seguía dejando entrar con contraseña por otra vía, así que quien lo desmarcaba creía haber dejado solo la clave y no era cierto.
SSH: tres intentos por conexión en vez de seis, medio minuto para autenticarse en vez de dos, sin contraseñas vacías y sin ningún reenvío de puertos ni de agente.
Panel: cambiar la contraseña y desactivar la verificación en dos pasos ya tienen el mismo freno que el acceso. Antes se podía probar sin límite la contraseña actual —que es la misma de las carpetas, el SFTP y WebDAV— y el código de seis cifras.
Acceso externo: el panel ve la dirección real de quien entra por el túnel o por el proxy. Antes todas llegaban como la del propio equipo, así que alguien probando contraseñas desde internet podía dejar sin panel a toda la casa, y la auditoría no decía desde dónde había entrado nadie.
Cifrado del panel: solo se aceptan cifrados con secreto adelantado. Se ofrecían 39 y quince no lo tenían, uno de ellos sin cifrar: quien grabara el tráfico de la red podía descifrarlo entero más adelante.
Panel: el servicio corre encerrado —sin capacidades de administrador, con su propio espacio temporal y solo con las llamadas al sistema que necesita—, para que un fallo suyo no pueda convertirse en control del equipo.
El panel de Permisos, legible y cómodo · La etiqueta «Panel · admin» se leía a medias · «Usuarios y grupos», en plural
El panel de Permisos, legible y cómodo
La pantalla que reparte el acceso salía mal en el modo claro y era un rollo de cuarenta y ocho filas seguidas. Se ha corregido entera:
Se lee. El texto salía en gris clarísimo sobre tarjeta blanca —medido, 1,1 de contraste sobre 4,5 que es el mínimo legible— y la persona seleccionada en la lista quedaba en azul sobre azul, invisible. Además ninguna de sus secciones pintaba fondo, así que todo flotaba sobre el fondo del escritorio. Ahora el nombre elegido va en blanco sobre azul sólido y cada bloque tiene su tarjeta. De 161 fallos de contraste a ninguno.
Cabe en la pantalla. Las 36 pantallas del Panel de control se abrían todas a la vez. Ahora van en seis grupos plegados, cada uno diciendo cuántas tiene concedidas —«Seguridad 0/7 con acceso»—, y se abre el que se va a tocar.
Se encuentra. Un buscador arriba filtra a la vez las aplicaciones y las pantallas, y abre solos los grupos que encajan: escribir «corta» deja «Cortafuegos» a la vista.
Se reparte de un clic. Cada grupo tiene «Todo el grupo: Sin acceso / Ver»: siete pantallas de Seguridad ya no son siete clics para decir lo mismo.
Se repasa en vertical. Los tres niveles ocupan lo mismo en todas las filas y quedan alineados en columna; antes cada fila los ponía donde le cabía.
La etiqueta «Panel · admin» se leía a medias
En la lista de usuarios, esa etiqueta ámbar se quedaba en 4,08 de contraste a 10 px de altura. Un tono más oscuro la sube a 5,76 sin cambiar el color por el que se reconoce.
«Usuarios y grupos», en plural
El acceso del Panel de control se llamaba «Usuario y grupo», y por el singular el buscador del panel no encontraba nada al escribir «usuarios» — en un NAS que precisamente los tiene.
Permisos: el Panel de control se reparte pantalla a pantalla. Las 36 salen en Usuario y grupo → Permisos y se conceden una a una, por persona o por grupo.
Cada cuenta trae ya lo básico: su contraseña y su doble factor, la información del equipo, las direcciones para entrar, y el idioma, el tema y el fondo del panel.
Archivos: cada uno ve su espacio —lo que ocupa, lo que tiene asignado si hay cuota y lo que queda libre en el volumen—, sin ver el de los demás.
Nubes: cualquiera puede conectar la suya desde Archivos. Solo la ve quien la conecta y su carpeta queda cerrada al resto.
Cambios
Usuario y grupo → Editar deja de repetir el reparto: sus carpetas, por dónde entra y qué pantallas ve se hacen en Permisos, que lo tiene todo y dice de dónde le viene cada cosa.
Región y apariencia: la hora del equipo solo la ve quien puede cambiarla; el idioma, el tema y el fondo son de cada uno y no dependen de ningún permiso.
Correcciones
Escritorio: una cuenta normal ya puede cambiar su fondo, colocar sus iconos y sus widgets y elegir en qué dispositivo recibe los avisos. Todo eso pedía ser administrador.
Seguridad
Leer por la API el cortafuegos, la red, la VPN, la lista de personas, las cuotas de toda la casa o las nubes conectadas ya no se consigue con solo estar identificado: hace falta tener concedida esa pantalla.
Un solo panel de permisos, ordenado · La lista de permisos salía sin los nombres de las aplicaciones
Un solo panel de permisos, ordenado
Los permisos estaban en tres sitios que no se hablaban entre ellos: las aplicaciones del panel por un lado, las carpetas dentro de la ficha de cada persona, y por dónde entra cada uno (SMB, WebDAV, SFTP, consola) en una pestaña llamada «Aplicaciones» que no hablaba de aplicaciones. Repartir el acceso de alguien obligaba a recorrer las tres pantallas y a saber cuál mandaba.
Ahora Panel de control → Usuario y grupo → Permisos lo reúne todo, ordenado por la pregunta que uno se hace:
Punto de partida — qué puede hacer cualquiera de la casa. Una fila por aplicación: lo hereda quien ya tiene cuenta y quien se dé de alta mañana.
Personas — se elige a alguien y sale todo lo suyo en una pantalla: aplicaciones, carpetas compartidas y por dónde entra.
Grupos — lo mismo para un grupo, que es como se reparte a varios de una vez.
Y lo más importante para no perderse: cada fila dice de dónde le viene lo que tiene — «del punto de partida», «de su grupo familia»— y lleva un botón para volver a heredar. Así «¿por qué este ve las cámaras?» se contesta mirando, en vez de abriendo tres pantallas.
La lista de permisos salía sin los nombres de las aplicaciones
En esa misma pantalla, cada nivel se elegía con un desplegable que se quedaba con el ancho entero de la fila: el nombre de la aplicación y su descripción se aplastaban hasta desaparecer, y quedaba una columna de desplegables sin decir de qué eran, con la etiqueta de «da control del equipo» encima. Ahora los tres niveles son botones que se leen de un vistazo y el nombre tiene su sitio.
Cámaras: el directo suena. El altavoz de la esquina de la imagen enciende el micrófono de la cámara, y solo aparece en las que lo traen.
Correcciones
Documentos: guardar uno grande ya no lo pasa entero por la memoria —va del editor al disco a trozos— y desaparece el límite de tamaño: cabe lo que quepa en el volumen.
Documentos: un guardado que llega cortado ya no pisa el original diciendo «guardado».
Actualizaciones: una actualización que falle y se revierta devuelve también los archivos de la pantalla del propio equipo, que antes se quedaban con la versión nueva.
Monitor: pulsar «Memoria» en la tabla de procesos ordena de verdad por memoria. Antes reordenaba solo los quince que más procesador gastan, así que lo que ocupa mucho y está parado —justo lo que se busca al preguntarse quién come la RAM— no salía en la tabla.
Copias: el registro de una copia grande se lee a trozos en vez de entero de una vez.
Panel e integración con el sistema: los dos servicios tienen techo de memoria, en porcentaje del que tenga el equipo. Si algo se desmadra, se reinicia el servicio en tres segundos en lugar de quedarse el NAS sin memoria.
Correcciones
Documentos: abrir uno grande ya no se lo lleva entero a memoria —una presentación de 300 MB costaba 600 MB—.
Cámaras: con el volumen sin montar —una unidad cifrada aún sin desbloquear tras reiniciar—, Grabaciones decía «no hay grabaciones». Ahora dice que falta montar el volumen y que lo grabado sigue en el disco.
Archivos: al crear, mover o copiar sobre un nombre ocupado, el aviso decía «ya existe». Ahora dice cuál es el nombre repetido y qué hacer.
Centro de paquetes: una aplicación que arranca y se para al segundo ya no se da por instalada: se dice que no se queda en marcha y por qué, con lo que dijo ella al morir.
Documentos: abrir un documento con el editor caído esperaba 45 segundos para decir «espera unos segundos»; ahora dice por qué no arranca en cuanto se sabe.
Documentos: el editor escribía su registro a nivel de traza —varias líneas por segundo, para siempre—, llenando el disco del sistema. Los ya instalados se corrigen solos la próxima vez que se abre un documento.
Documentos: el editor se instalaba y quedaba en marcha, pero no abría ni un documento: no podía crear los procesos que hacen el trabajo. Los ya instalados se arreglan solos la próxima vez que se abre un documento.
Documentos: pulsar «Editar aquí» abría una pestaña en blanco mientras se preparaba el editor, y si fallaba se cerraba sola: ahora la pestaña dice qué está pasando y, si no puede ser, por qué.
Permisos: el Resumen, el Monitor y el Bloc de notas se repartían en la pantalla pero el servidor no los comprobaba: quitárselos a una cuenta solo le escondía el icono.
Escritorio: un icono o una ventana guardados de una aplicación que esa cuenta ya no tiene dejan de aparecer al entrar.
Contenedores: arrancar uno que se para al segundo ya no contesta «hecho»: se dice por qué se paró, con lo que dijo él.
Seguridad
Sesiones: una cuenta borrada o degradada justo mientras hacía una petición podía colarse como administradora; ahora un nombre sin ficha no administra nada.
Monitor: el directo del procesador, la memoria y la red pide el mismo permiso que su pantalla; antes se servía a cualquier cuenta que abriera la conexión.
Avisos: el centro de avisos enseñaba a cualquier cuenta los fallos de copias, discos y cámaras, con sus nombres de trabajo y sus rutas dentro. Ahora los de administración son de quien administra, y los de una aplicación, de quien la tenga.
Las cuentas que no administran pasan a poder USAR el NAS: revisa quién tiene qué en Panel de control → Usuario y grupo → Permisos.
Novedades
Permisos por aplicación. Cada aplicación se reparte por separado con tres niveles —sin acceso, ver y usar—, igual que las carpetas: una cuenta normal ya nace pudiendo usar sus archivos, sus fotos, su bloc y sus descargas.
Permisos: se reparte «para todos» de una vez —lo hereda también quien se dé de alta mañana— y con excepciones sueltas por persona o por grupo; la de la persona manda.
Permisos: grupo nuevo lgm-usuarios con todas las cuentas del panel dentro, para que «las cámaras para los de casa» sea una regla y no una por persona. Al actualizar entra quien ya tenía cuenta.
Cambios
Permisos: a quien administra no se le puede quitar el Panel de control, ni por error: un NAS sin nadie que lo mande solo se arregla por consola.
Permisos: el Panel de control y la Terminal salen en la lista pero no se conceden: darlas sería entregar el NAS entero con otro nombre.
Permisos: de Almacenamiento y de Copias de seguridad se puede dar «ver» pero no «usar»: se vigila la salud de los discos sin poder crear ni destruir un volumen.
Permisos: del Centro de paquetes, Docker y Máquinas virtuales se puede dar todo, y la pantalla avisa antes: lo que se instala ahí puede montar carpetas del sistema.
Permisos: el permiso lo comprueba el NAS y no el icono —también el directo de las cámaras y la pantalla de las máquinas virtuales—, así que escribir la dirección a mano no abre nada.
Correcciones
Escritorio: a una cuenta normal los recuadros de Almacenamiento y Usuarios conectados le decían «Sin respuesta del NAS» —y lo reintentaban cada veinte segundos para siempre— cuando lo que pasaba es que no tiene acceso ahí. Ya no se enseñan.
Documentación: el monitor de recursos tiene su guía: desde cuándo va lento, si se queda sin memoria, si aprovecha la red.
Cambios
Memoria: con ZFS, la caché de disco deja de contar como memoria ocupada —un equipo ocioso enseñaba «RAM 74 %» siempre— y el Monitor añade cuánta hay en caché.
Procesador: el Monitor, el Resumen, el historial y el aviso de «CPU alta» miden cada uno lo suyo; se repartían un contador y con el Monitor abierto los demás decían 0 %.
Copia de archivos (SFTP): lo que se sube entra en la «Mi unidad» de esa cuenta —la misma carpeta que ve en Archivos y al conectar a la red—, en el volumen en vez de en el disco del sistema. Lo subido antes se muda solo al actualizar.
Escritorio: el diálogo de accesos directos ofrece TODAS las secciones del Panel de control —eran siete, elegidas a mano— y cada una con su icono, como las apps. Una cuenta normal solo ve las suyas.
Carpetas compartidas: «camaras» y «Galeria» pasan a ser carpetas del sistema, como «docker» y «vm»: no se renombran ni se borran desde el panel, porque quitarlas de debajo deja las grabaciones y las fotos apuntando a una carpeta que ya no existe. En tu «Mi unidad» puedes seguir creando carpetas con esos nombres.
Correcciones
Novedades: el panel en inglés las enseñaba en español aunque estuvieran traducidas.
Novedades: un apartado suelto encabezaba la lista en inglés, sin versión ni fecha.
Copias: una copia a la nube que fallaba podía dejar sin memoria a un NAS pequeño; del registro se conserva el final, que es donde está el motivo.
Direcciones: cada fila se enciende según el servicio que escucha de verdad y no según su interruptor; uno que no llegó a arrancar ya no ofrecía un enlace muerto.
Direcciones: la de SFTP solo sale para quien tiene ese acceso. A los demás les ofrecía un enlace con su usuario dentro que siempre decía que no.
Usuarios: eliminar una cuenta le retira también lo que le hubieran compartido desde Archivos. Volver a dar de alta ese mismo nombre le regalaba a la persona nueva todo lo que veía la anterior.
Usuarios: dar de alta un nombre que ya se usó repone el dueño de su «Mi unidad»; se quedaba a nombre de la cuenta anterior y la nueva no podía ni abrirla.
Mi unidad: abrirla desde el panel decía «sin permisos para leer», y lo que su dueño subía desde Windows tampoco se veía.
Buscar: los archivos de «Mi unidad» no aparecían en los resultados —al instante y sin decir nada—, porque el índice solo recorría las carpetas compartidas.
Relevo: el segundo equipo recreaba las carpetas SIN permisos, así que tras un relevo no se abría ninguna. Ahora viaja quién entra en cada una, y las cuentas que allí no existan se dicen por su nombre.
Relevo: el plan que se deja en el segundo equipo se rehace cuando cambia algo; se escribía una sola vez, así que las carpetas creadas después no habrían existido tras un relevo.
Mi unidad: al administrador no le salía la suya en Archivos, y abrirla por su ruta contestaba que solo se puede navegar dentro de las carpetas compartidas. Su cuaderno del Bloc, que nace ahí dentro, tampoco abría.
Archivos: mover, comprimir y extraer daban ese mismo error sobre la carpeta propia.
Papelera: lo borrado dentro de una carpeta personal no lo vaciaba la limpieza automática y crecía sin tope.
Portal web: la web en inglés se publicaba en español —la portada y las novedades enteras—: los textos traducidos no entraban en la imagen que se despliega.
Escritorio: las apps de la tienda tardaban muchísimo en aparecer entre los accesos directos, o no aparecían: el catálogo se lee una vez al arrancar y se comparte.
Escritorio: el atajo de una app de la tienda lleva su logo, no el icono genérico de «página web».
Seguridad
Sesiones: una cuenta eliminada justo mientras abría el terminal o la consola de una máquina virtual podía entrar igualmente, y como administradora. Un nombre que el panel no conoce ya no cuenta como administrador en ninguna comprobación.
Relevo: una carpeta con NFS se recreaba en el segundo equipo sin su lista de equipos autorizados, o sea, abierta a toda la red. Ahora viaja la lista, y sin ella el NFS queda apagado y se dice.
Novedades: la lista de cambios se lee desde el propio NAS, como una guía más de la ayuda: se abre siempre —también sin internet— con las últimas versiones y un enlace a la lista histórica completa de la web.
Cambios
Diálogos: cada uno mide sus columnas contra sí mismo y no contra la pantalla; en un monitor ancho, uno estrecho se partía igualmente en dos columnas apretadas.
Carpetas compartidas: el editor sale derecho: cada opción es una fila como las demás, con su descripción a lo ancho y su ayuda al lado del nombre.
Correcciones
Archivos: ver o bajar algo de dentro de un comprimido dejaba el comprimido abierto en memoria, y con el uso el panel se iba comiendo la RAM.
Archivos: un tar comprimido o un zip desmedidos ya no se abren enteros para mirar dentro; contestan que lo extraigas y navegues la carpeta.
Direcciones: pantalla nueva en el Panel de control con todos los enlaces del NAS juntos y listos para copiar: el panel, las carpetas en red con la forma de Windows y la del Mac, SFTP con tu usuario puesto, WebDAV, NFS, rsync, la impresora, el calendario, la tele y la VPN. Solo sale encendido lo que está encendido de verdad, y la pueden ver todas las cuentas.
Archivos: los comprimidos se abren como una carpeta, sin extraerlos: se navega por dentro y cualquier archivo se baja suelto. Un tar comprimido demasiado grande para listarse lo dice y manda a extraer.
Galería: las fotos que llegan por la red aparecen solas en minutos. Un detector mira las carpetas cada poco —sin leer ni una foto— y dispara el índice solo cuando hay algo nuevo; la pasada de la media hora queda de red de seguridad.
Cambios
Impresora y calendario: sus páginas propias se visten como el NAS —mismo fondo, mismas tarjetas— al instalar y en cada actualización.
WebDAV: cada carpeta se sirve con la misma lista de permisos que SMB. Antes cualquier cuenta con credencial WebDAV entraba en todas las carpetas publicadas, fuera cual fuera su lista.
Correcciones
Modo oscuro: varias piezas se quedaban con su fondo claro sobre el cristal oscuro — la tarjeta de caché y repuesto de Almacenamiento salía como una losa gris, la píldora del buscador de Archivos se ponía blanca al escribir, y algunos botones destellaban en blanco al pasar el ratón. Ahora todo va con el tono del tema.
Acceso externo: los dos campos del túnel de Cloudflare iban sin estilo y el navegador los pintaba a su aire — negros sobre la página clara. Ahora son campos del panel, en los dos temas.
WebDAV: con el cierre de carpetas de la 1.41.1, el servidor web no podía ni leer las carpetas publicadas: autenticabas bien y todo daba «prohibido».
Ajustes: un ajuste sin archivo podía resucitar datos de un uso anterior del panel: la lectura devolvía el valor por defecto compartido y cualquier toque lo dejaba envenenado para las siguientes.
Bloc de notas: los archivos de código se abren en un editor de verdad: resaltado de sintaxis en decenas de lenguajes, números de línea, plegado, varios cursores y buscar y reemplazar con expresiones (Ctrl+F). No pesa nada hasta que se abre el primero.
Bloc de notas: un botón de guía en la propia barra, con todo lo que sabe hacer.
Documentación: cinco guías nuevas —Archivos, Galería, Documentos, Centro de Paquetes y Máquinas virtuales—, en español y en inglés, servidas por el propio NAS sin internet. Cada app grande del escritorio tiene ya la suya.
Cámaras: la carpeta «camaras» pasa a ser del sistema, como «docker» y «vm»: se crea con cada volumen, no se puede renombrar ni borrar, y si el volumen se rehace renace en el nuevo. Sin papelera a propósito, y solo administradores al compartirse.
Bloc de notas: tu cuaderno se crea solo en Mi unidad → Notas la primera vez, privado de verdad y sin configurar nada. Un cuaderno compartido de la casa se sigue eligiendo desde el propio Bloc.
Documentos: el doble clic sobre un documento de oficina pregunta si verlo o editarlo, y si el editor no está instalado lo instala desde ahí mismo, contando la descarga. Fotos, vídeos y PDF se abren como siempre, sin preguntas.
Documentos: el clic derecho sobre un documento ofrece «Editar aquí», al lado de «Ver».
Correcciones
Documentos: un documento cuya vista previa fallaba se quedaba sin poder editarse: el botón «Editar aquí» vivía dentro de esa vista previa y el editor no la necesita para nada.
Cambia quién entra en las carpetas compartidas. Una carpeta sin lista de permisos pasa a ser de los administradores: da acceso a cada persona en la pestaña «Carpetas» de su ficha.
Novedades
Mi unidad por SMB: la carpeta privada de cada persona aparece también al conectar desde su equipo, con su nombre, y cada uno ve solo la suya.
Cambios
Carpetas compartidas: una carpeta sin lista de permisos deja de estar abierta a todas las cuentas y pasa a ser de los administradores. El panel decía una cosa —una cuenta normal no la veía— y SMB otra: entraba y escribía.
Carpetas compartidas: cada cuenta solo ve, al conectar a \\NAS, las carpetas en las que puede entrar; las demás ni salen en la lista.
Panel de control: una cuenta normal encuentra la información del equipo, su contraseña con el segundo factor, y la región y la apariencia. El resto son pantallas de administración y no se le ofrecen.
Almacenamiento: un espejo con discos de tamaños muy distintos avisa cuando al disco pequeño se le acaba el sitio, antes de que el volumen deje de escribir, y crear uno así lo dice en el momento con los gigas que se quedan sin usar.
Correcciones
Asesor de seguridad: avisa de las carpetas que se exportan por NFS a cualquier equipo de la red. NFS no pide contraseña, así que la lista de equipos es la única barrera — y era la puerta que quedaba abierta cuando las otras dos ya no lo estaban.
Mi unidad: no aparecía ni se abría cuando la cuenta no existe como usuario del sistema —o su grupo no se llama igual—: la carpeta se quedaba a nombre de root y el panel no podía ni listarla.
Carpetas compartidas: tras destruir un volumen y crear otro con distinto nombre, «docker» salía dos veces —la ficha del volumen viejo y la carpeta de verdad— en Archivos y en el Panel de control. De dos con el mismo nombre queda la que existe, y la del volumen destruido se retira sola al arrancar. Un volumen solo desmontado no pierde nada.
Bloc de notas: trabaja con una carpeta de notas entera —un cuaderno—, no solo con archivos sueltos. Todo sobre archivos .md normales de una carpeta compartida: lo que escribas aquí se sigue viendo por SMB, y al revés.
Bloc de notas: enlaces entre notas con [[Compras]], con sugerencias al teclear [[. Un enlace a una nota que no existe se ve distinto, y pulsarlo la crea.
Bloc de notas: vista de grafo del cuaderno —cada círculo una nota, cada línea un enlace—, que se arrastra y se acerca con la rueda.
Bloc de notas: «Aquí enlazan», el lateral que dice qué otras notas apuntan a la abierta, y un esquema con sus títulos para saltar a uno.
Bloc de notas: un #casa en el texto es una etiqueta que filtra la lista, y un - [ ] comprar sal se pinta con su casilla y se marca desde la vista.
Bloc de notas: lista del cuaderno ordenada por último toque, con las tareas pendientes al lado, buscador por nombre o etiqueta y «Nota nueva».
Bloc de notas: menú «Insertar» con título, tabla, lista de tareas, enlace, fecha y separador, sin acordarse de la sintaxis.
Segunda pasada de reparación: doce averías más, casi todas de funciones que decían «hecho» sin haberlo hecho del todo.
Cambios
Archivos: abrir una nota (.md) la enseña compuesta —títulos, listas, negritas— con la misma vista del Bloc de notas, en vez del texto tal cual; y desde ahí un botón la abre en el Bloc para editarla.
Correcciones
Documentos: el editor no abría ni un documento desde el cambio de puerto de la 1.40.0 —la pestaña se quedaba en blanco—. El editor ya instalado se corrige solo al abrir el primer documento.
Cámaras: los días cerrados vuelven a coserse en un archivo por día. El cosido fallaba por permisos en todos los equipos, en silencio, y se reintentaba entero en cada pasada: minutos de disco machacado mientras la carpeta acumulaba cientos de archivos sueltos.
Cámaras: en la grabación en curso, saltar a un minuto ya grabado funciona aunque el visor lleve un rato abierto. Antes el salto se recortaba al borde de lo ya descargado.
Galería: un mes con cientos de fotos tuyas podía abrirse vacío o a medias en una cuenta normal. El límite de «cada uno ve lo suyo» se aplicaba después de recortar la página.
Carpetas compartidas: lo que se publica por SMB, NFS y WebDAV se rehace al arrancar si no es lo que esta versión escribiría. Dos arreglos anteriores no llegaban a un NAS hasta el día que alguien tocara una carpeta cualquiera: dejar de publicar el almacén de Docker y exigir cifrado SMB3.
Carpetas compartidas: tomar el relevo de una réplica y traer los datos de otro NAS decían haber recreado las carpetas sin regenerar Samba ni NFS: salían en pantalla y no se podía conectar nadie.
Acceso externo: quien tenía el panel publicado en internet lo perdía al actualizar. Al mudarse el panel de puerto se corregían las reglas guardadas, pero el servidor que atiende internet seguía enviando el tráfico al puerto viejo.
Asesor de seguridad: avisaba para siempre de que este equipo «no puede comprobar si hay versiones nuevas» —falso en toda instalación hecha desde la ISO— y callaba cuando sí había una publicada. Ahora mira por donde el NAS se actualiza de verdad.
Avisos: pulsar la papelera cerraba la lista entera, incluso al darle a «Cancelar»; y «Marcar todo como leído» no decía nada al fallar.
Sincronización con la nube: el parte de una que muere de golpe decía siempre «línea 2»; ahora apunta la línea real.
Documentos: tras instalar el editor, la primera apertura —la lenta— no enseñaba «Encendiendo el editor…».
Idioma: el Asesor de seguridad salía entero en español con el panel en inglés.
Portal web: una licencia emitida a mano que fallara a medias dejaba la cuenta huérfana.
Calendario y contactos: no poder leer qué cuentas tienen acceso salía como «todavía no hay ninguna» y mandaba a crear unas credenciales que puede que ya existieran.
Ajustes: un dato guardado que esta versión no entiende ya no deja en blanco la pantalla de fuentes del Centro de paquetes ni el Informe de espacio, ni impide publicar por WebDAV.
Seguridad
Carpetas compartidas: quitar una carpeta la retiraba del panel, de SMB, de NFS y de WebDAV, y la dejaba servida por rsync en el puerto 873 con la contraseña de siempre.
Copias: el registro que se guarda al fallar una copia podía llevar dentro la contraseña de la nube —la escribe rclone en sus propios mensajes— y el panel lo enseña entero. Se limpia al guardarlo y también al leerlo, así que los registros de antes salen ya limpios.
Copias: el motivo de un fallo que se enseña en pantalla, en el aviso al móvil y en el historial también podía llevarla: rclone escribe la dirección entera en sus mensajes.
Máquinas virtuales: al pausarse una sola —casi siempre porque el almacenamiento va mal— el diagnóstico preguntaba a ese mismo disco enfermo y congelaba el panel ENTERO, todas las pantallas, justo cuando más falta hace.
Máquinas virtuales: la medición de espacio que usan las cámaras antes de grabar y las instantáneas, y la cifra del disco del sistema en Diagnóstico, podían congelar el panel de la misma manera si el disco no contestaba; las tres preguntas van ahora con tope y una comprobación del código impide que se cuele otra igual.
Escritorio: tres textos no llegaban al contraste mínimo en la apariencia clara: el detalle de los discos del widget de almacenamiento y las dos velocidades de red del monitor.
Almacenamiento: eliminar un volumen no quitaba sus discos en red (iSCSI): seguían publicados sin archivo detrás —con errores de disco en el equipo que los montaba— y al arrancar estorbaban la restauración de los demás.
Si actualizaste a la 1.40.x y el panel dejó de abrirse, esta versión lo arregla. Instálala desde la consola: sudo lgm update.
Cortafuegos: al mudarse el panel al puerto 5001 no se abrió el puerto nuevo, así que el desvío del 5000 mandaba el navegador a un puerto que el propio NAS estaba tirando: el panel dejaba de abrirse desde la red, sin ningún error. Se repone solo al arrancar.
Cortafuegos: al arrancar se comprueba que las reglas puestas sean las de esta versión y se reponen si no, incluida la tabla que no llegó a cargarse.
Cámaras: abrir una grabación acababa en «No se pudo abrir la grabación» —siempre la hora que se está grabando, y cualquier otra sin índice todavía— mientras el reproductor reintentaba en silencio y consumía recursos del NAS.
Cámaras: toda grabación se reproduce y se puede recorrer, incluida la de ahora mismo, que se sigue en vivo mientras crece.
Ajustes: un dato guardado que esta versión no entiende ya no deja sin abrir Archivos, el Panel de control, SMB, NFS ni Copias, ni cierra el inicio de sesión, ni silencia los avisos: se descarta solo ese dato.
Ajustes: la ficha que no se entiende se conserva en disco en vez de borrarse al guardar cualquier otra de la misma lista.
Descargas: un enlace con contraseña dentro ya no aparece entero en el error.
Aplicaciones y Máquinas virtuales: un volumen que no responde ya no congela el panel.
Nubes: desconectar una que no existe lo dice, en vez de contestar «desconectada».
Documentos: dos clics simultáneos en «Instalar el editor» ya no lanzan dos instalaciones.
Página de novedades: cada apartado vuelve a publicarse con su texto.
Cambia el puerto del panel. Léelo antes de actualizar.
Cambios
El panel pasa al puerto 5001 (cifrado) y el 5000 queda como desvío: escribir 192.168.1.50:5000 en el navegador ahora abre el panel.
Cambia tus marcadores a https://…:5001. Los que empiezan por https:// con el 5000 dejan de funcionar; si tienes el panel en la pantalla de inicio del móvil, vuelve a añadirlo.
Cloudflare: cambia el destino del túnel de 127.0.0.1:5000 a 127.0.0.1:5001.
El NAS avisa del cambio por correo y al móvil, una vez, al arrancar con la versión nueva.
La publicación del panel en internet, el cortafuegos, la consola, el instalador, el código QR y la pantalla del equipo se ajustan solos al puerto nuevo.
Correcciones
Discos en red: no poder leer la configuración del sistema ya no cuenta como «no hay discos», que cerraba el puerto 3260 con equipos escribiendo y apagaba el servicio.
Almacenamiento: al eliminar un volumen, la Galería, el antivirus, el servidor multimedia, Descargas y el calendario dejan de apuntar a las carpetas que había dentro, y se enumeran las máquinas virtuales que se quedan sin disco.
Consola:lgm set-ip rechaza direcciones imposibles y comprueba que la dirección se haya puesto antes de darla por aplicada.
Seguridad
Discos en red: la contraseña ya no aparece en los mensajes de error del panel.
Impresora y actualizador: la dirección se registra sin su contraseña ni su token.
Tanda de reparación amplia: 37 arreglos, varios con pérdida de datos de por medio.
Cambios
Confirmación previa en «Cerrar todas las sesiones», quitar la llave de arranque de un volumen cifrado y borrar un disco.
Correcciones
Vigilancia: tres revisiones automáticas existían enteras y no las llamaba nadie, en todos los NAS y desde siempre: la trampa antirrescate no miraba su cebo cada minuto, los rangos del bloqueo por país no se refrescaban —y con los meses eso deja fuera a gente de tu propio país— y el informe semanal no se enviaba nunca.
Almacenamiento: un volumen recién creado podía quedar reconocido pero sin montar, y el NAS escribía en el disco del sistema creyendo que escribía en él.
Almacenamiento: el proceso privilegiado podía no ver el volumen si arrancaba antes del montaje; ahora espera, se comprueba cada minuto y se relanza si hace falta.
Almacenamiento: eliminar un volumen dejaba sus carpetas compartidas registradas.
Almacenamiento: la tienda de aplicaciones y las máquinas virtuales no se re-ubicaban al rehacer el volumen con otro nombre.
Almacenamiento: «Eliminar volumen» pedía parar Docker sin ofrecer cómo; ahora lo desaloja el panel.
Almacenamiento: un espejo con discos de tamaños distintos anunciaba espacio libre que no se podía usar.
Copias: una copia con archivos ilegibles se firmaba como buena.
Copias: restaurar fallaba tras cambiar la carpeta de origen del trabajo.
Copias: la pantalla decía «al día» con el único trabajo sin programar.
Copias: el motivo de un fallo en la nube podía quedar disfrazado por el nombre de un archivo. Con este, nueve correcciones en el motor de copias.
Sincronización con la nube: podía vaciar la carpeta del NAS si a su hora el volumen no estaba montado; ahora lo comprueba antes de tocar nada.
Tareas: un trabajo de fondo que moría dejaba la tarjeta «en curso» para siempre.
Cámaras: reproducir una grabación truncada agotaba los descriptores del panel.
Instantáneas: «Restaurar» podía no hacer nada, sin diálogo y sin error.
Archivos: comprimir desde una búsqueda creaba el archivo en otra carpeta.
Galería: mezclaba los resultados de dos búsquedas seguidas.
Servicios: encender uno sin su programa instalado contestaba con un error de avería; ahora dice que no está disponible en este equipo y qué paquete instalar.
Ajustes: un dato guardado que esta versión no entiende ya no tumba la pantalla que lo lee, en once sitios más; y cinco pantallas que ni siquiera abrían.
Calendario: podía quedar «activado pero detenido» para siempre en equipos instalados antes de una corrección anterior.
Migración: traer los datos del NAS anterior no llegaba a empezar en ningún equipo.
Drive y Equipos de casa: los partes de dos ordenadores que terminaban a la vez se pisaban, y un equipo desenlazado podía volver a la lista.
Carpetas compartidas: descompartir con quien no la tenía contestaba «hecho».
Avisos: dos avisos distintos compartían silencio y uno tapaba al otro.
Antivirus: la cuarentena podía esconder un archivo infectado en vez de apartarlo.
Instalación y actualización: tres tropiezos menos, y siete arreglos en los guiones internos que corren con privilegios.
Idioma: el aviso de ransomware salía con el titular en inglés y el cuerpo en español, y 65 frases más salían en español con el panel en inglés, incluido el índice de la documentación.
Seguridad
API: su documentación se servía sin sesión —317 direcciones y 438 modelos—; ahora solo al administrador.
Galería: aplicaba los permisos de carpeta al abrir una foto pero no al listarlas, así que se veían los nombres y las fechas de las de otros.
Descargas: la contraseña de un enlace podía quedar escrita como nombre de la descarga.
Sistema: los secretos de /etc/nas eran legibles durante un instante al guardarlos.
API: una dirección que no existe devolvía la página del panel con código 200.
Portal web: seis arreglos, tres de seguridad; entre ellos, la credencial de GitHub del servidor viajaba a un dominio ajeno al seguir una redirección.
Documentos: el editor se instala desde el propio documento, con el botón «Instalar el editor» debajo de la vista previa, y avisa cuando termina. A quien no administra el NAS no se le ofrece.
Correcciones
Documentos: la vista previa decía que había que descargar el archivo para editarlo, con el botón «Editar aquí» al lado.
Carpetas de otros equipos: conectar una que no existe decía «mount error(2)» y remitía a un manual; ahora dice que el equipo no comparte nada con ese nombre y enumera las que sí tiene.
Carpetas de otros equipos: la dirección se puede pegar entera tal y como sale en Windows (\\192.168.1.50\Datos), con barras normales o invertidas, y el export NFS a la manera del servidor (servidor:/srv/datos).
Carpetas de otros equipos: los otros seis motivos de fallo —usuario o contraseña, equipo apagado, cortafuegos, nombre que no se resuelve y los dos de NFS— dicen qué mirar en vez de un número de error.
Mi unidad: una carpeta privada por persona, con su propia papelera, visible solo para su dueño y para el administrador.
Compartir una carpeta con otra cuenta del NAS, con permiso de solo lectura o de escritura, desde el propio Archivos.
Correcciones
Almacenamiento: un volumen atascado —lleno por reparto interno, con espacio de sobra— se anunciaba como disco lleno y aconsejaba borrar archivos, que no arregla nada. Ahora lo distingue y dice qué hacer en cada caso.
Cámaras: el aviso de «no está grabando» ya trae el motivo que escribe el propio grabador, en vez de repetir el síntoma.
Actualización: una actualización fallida podía revivir unidades y guiones de dos versiones atrás al volver atrás.
Instalación: la imagen podía quedarse esperando una respuesta en equipos con otro sistema instalado antes, o encallarse en un disco cifrado sin soltar.
Almacenamiento: desbloquear un volumen cifrado justo después de un corte de luz.
Carpetas compartidas: la carpeta «docker» podía quedar modificable desde Windows.
Nubes y carpetas de red: conectar dos a la vez podía hacer desaparecer una.
Publicación: la clave de firma leída del llavero de Windows se rechazaba por un carácter invisible.
Seguridad
Instalación: la primera instalación comprueba la firma de LGM-OS.
Documentos: editor en el navegador, instalable desde el Centro de paquetes. No consume memoria en reposo, se abre desde la vista previa y lo puede usar cualquiera con permiso sobre el documento.
Cambios
Actualización: el NAS espera a que terminen los trabajos largos —traer las carpetas de otro NAS, recuperar espacio del volumen— antes de actualizarse.
Correcciones
Copias: la pantalla podía decir a la vez que la llave SSH existe y que no se encuentra.
Réplicas: «Réplica lanzada» aparecía sin haberla lanzado.
Idioma: 122 mensajes salían en español con el panel en inglés.
Ajustes: un dato guardado con la forma cambiada dejaba su pantalla en blanco, en cuarenta y nueve sitios —incluidos los trabajos de copia—. Ahora se abre igual, descartando solo lo que no se entiende.
Ajustes: la trampa antirransomware y la política de contraseñas volvían solas a los valores de fábrica al leer su configuración, en once pantallas.
Réplicas y sincronizaciones: una entrada ilegible se borraba al tocar cualquier otra.
Sesiones: «Cerrar todas las sesiones» dejaba abierto lo que ya estaba abierto —incluido un terminal—; ahora se cierra en menos de medio minuto.
Auditoría: el registro decía «nadie» donde tenía que ir un nombre.
Copias: un tope de espacio pequeño se leía como «sin límite».
Sincronizaciones y trabajos programados: tres botones decían que sí sin hacer nada, y editar un trabajo que ya no existía podía borrar la lista.
Informe semanal: llegaba con códigos de error y nombres de programa dentro.
Bloqueo por país: su pantalla dejaba el panel sin responder.
Docker y Galería: sus operaciones no quedaban registradas en la auditoría.
Copias: el enlace a la guía había quedado dentro del botón «Nueva copia», invisible; y varios textos azules quedaban apagados en tema oscuro.
Permisos: una operación pedía administrador sin necesitarlo.
Siete avisos más que el panel se guardaba sin decir nada.
Idioma: las quince categorías del Centro de paquetes salían en español con el panel en inglés, y Docker enseñaba el error de su programa tal cual.
Panel: con el servicio privilegiado caído, Copias, Cámaras, Réplicas, Sincronizaciones y Salud se quedaban en blanco justo cuando había que abrirlas. Ahora se pintan con lo que se sepa y el motivo real.
Trampa antirransomware: se apagaba sola y sin decirlo cuando los cebos no se podían escribir; ahora dice en qué carpeta ha fallado.
Bloqueo por país: «Actualizar ahora» contestaba un error del servidor.
Nubes: conectar OneDrive congelaba el panel hasta 30 segundos.
Almacenamiento: un disco averiado podía dejar pantallas paradas tres minutos.
Seguridad
Registros: una contraseña que empezara por guion se enseñaba entera.
Cámaras: el grabador anunciaba «el disco de las grabaciones está lleno» con el volumen medio vacío, porque medía el espacio con una herramienta que no vale para estos volúmenes. Sigue avisando cuando el disco está lleno de verdad.
Archivos: «No se puede acceder a la papelera» al abrir la papelera, y la misma avería impedía actualizar.
Almacenamiento: borrar un disco revalidaba el destino demasiado tarde.
Cuentas: activar la verificación en dos pasos dos veces a la vez.
Seguridad
Actualizaciones firmadas. Cada versión va firmada y el NAS comprueba la firma antes de instalar; sin firma o con una firma que no cuadra, no se instala y se dice por qué.
Previsión de espacio: el NAS toma una muestra de cada volumen cada seis horas y avisa de «a este ritmo se llena en N días» en cuanto hay historia suficiente, no solo en el informe semanal.
Cambios
Web: la página de las apps enseña el panel de verdad funcionando dentro, en el idioma y el tema de quien mira, en lugar de capturas que envejecían; y pesa 7 MB menos.
Correcciones
Cámaras: el grabador pregunta al disco antes de culpar a la cámara cuando no cae vídeo.
Comprobación del sistema: enseña el motivo real del diario del servicio, no solo el comando que falló.
Consejos del panel: los 26 «mira el registro con journalctl» llevan ya sudo.
Web: la página publicada volvía a listar las recetas de la tienda, que marcaba 0.
Escritorio: poner un icono se hace ahora eligiendo por el dibujo, con buscador entre apps, carpetas compartidas y secciones del panel, y las apps de la tienda ya se pueden poner desde ahí.
Correcciones
Escritorio: lo ya puesto se ve y se quita desde el mismo sitio, se avisa cuando se llega al tope de 64 iconos, y si las carpetas compartidas no se pueden leer se dice.
Calendario: no podía usar la carpeta elegida ni con todo bien configurado, y el «último error» que enseñaba el panel no era un error, sino la descripción del servicio.
Copias: la app se quedaba en blanco al entrar en «Sincronización», y «Blindar este destino» se quedaba siempre en «Sin probar».
Descargas: decían «No queda espacio» con el disco vacío, y creaban la carpeta de destino antes de comprobar el volumen.
Avisos: la campana decía «no hay avisos» cuando no había podido cargarlos.
Pantalla del servidor: el navegador abría antes de que el panel pudiera contestar, y el arranque hacía 192 tareas de puesta al día antes de servir la primera página.
Copias blindadas. Un interruptor por destino deja cada copia en solo lectura y solo el NAS que la escribió puede añadir nuevas. El botón «Probar el candado» lo comprueba de verdad, y el NAS repite la prueba cada semana.
Simulacro de restauración. Una vez al mes el NAS restaura veinte archivos al azar de la copia y compara su contenido con el original. Sale en Copias → Trabajos, con «Probar ahora».
Equipos de casa. El NAS conoce qué carpeta es de cada ordenador y cada cuánto se espera que copie, y avisa cuando uno se calla. Funciona sin instalar nada, y hay un guion opcional de cuatro líneas para elegir carpetas y mandar un parte.
Mi carpeta en todos los sitios. Una carpeta del ordenador y una del NAS, iguales en los dos sentidos, por WebDAV. Los conflictos se guardan sin tirar nada y el panel avisa si un ordenador deja de sincronizar. No sustituye a una copia de seguridad, y la pantalla lo dice.
Traer un NAS anterior entero. Se entra por SMB, se descubren las carpetas y las cuentas, se arreglan los nombres que aquí no valen y se copia sin tocar el equipo de origen. Lo que no se puede traer se enseña antes de empezar.
Relevo entre dos NAS. El primero deja escrito en el segundo lo que hay que hacer, y el segundo lo ensaya una vez por semana sin escribir nada. El relevo lo pide siempre una persona: automatizarlo con un solo enlace acaba con los dos equipos escribiendo a la vez.
Gestión de claves del cifrado. Cambiar la contraseña sin tocar los datos, comprobar en seco que uno se acuerda, guardar la llave en un pendrive —con su aviso— y una hoja de rescate para imprimir.
Predicción de fallo de disco por tendencia. Cada seis horas se apuntan los contadores y se avisa cuando SUBEN, aunque el valor esté lejos del umbral del fabricante, separando los errores del disco de los del cable.
Planificador: una revisión colgada dejaba sin hacer todo lo que iba detrás —copias, vigilancia de discos, horarios de cámaras—. Ahora cada revisión tiene diez minutos, y si se corta se dice cuál.
Máquinas virtuales: sin libvirt, borrar, arrancar o tocar una instantánea contestaba con las tripas del programa.
Trampa antirransomware: los cebos pasan a ser un documento, una foto y un PDF de verdad, colocados también en las subcarpetas más usadas. Un .txt suelto no está en la lista de casi ninguna familia de ransomware, así que se lo saltaban y la trampa no saltaba nunca.
Trampa antirransomware: segunda red aunque no se toque ningún cebo. El NAS vigila si aparecen de golpe archivos con extensión de cifrado o notas de rescate; hacen falta tres a la vez para dar la alarma.
Trampa antirransomware: al saltar, instantánea inmediata de lo afectado, freno de copias y réplicas —una copia posterior al cifrado machaca la última copia buena, que es la forma de perderlo todo teniendo copias—, cierre de SMB con bloqueo de 24 horas si se pide, y un parte con qué saltó, qué se hizo y quién estaba conectado.
Antivirus: análisis de lo que va llegando cada pocos minutos, con la prioridad más baja. Entre un análisis completo y el siguiente pasan seis días.
Antivirus: se dice la edad de las firmas, la cuarentena se puede mirar, devolver y borrar, y si lo encontrado es un cifrador se dispara la respuesta de la trampa.
Informe semanal: empieza por una nota del 0 al 100 y termina en una lista corta ordenada por urgencia, comparando con la semana pasada: «60 GB menos que hace 7 días · a este ritmo se llena en 46». Bloques nuevos de instantáneas, seguridad y cámaras que creen estar grabando.
Correcciones
Impresora: el interruptor contestaba «no se pudo compartir la impresora: executable not found: cupsctl» y no comprobaba nada. Ahora dice que falta el sistema de impresión y cómo instalarlo, comprueba que arranque de verdad y enseña la última línea de su diario si no.
Impresora: el interruptor no se deja pulsar si el sistema de impresión no está instalado, y la pantalla distingue «instalado y parado» de «funcionando».
Calendario y contactos: no se podía encender en ningún equipo desde el día que se publicó. El interruptor contestaba «mkdir fuera de las rutas permitidas: '/etc/radicale'», un mensaje interno con un error del servidor.
Informe y trampa: la pantalla no cargaba nunca.
Documentación: los 126 enlaces entre guías abrían una pestaña a un sitio ajeno de verdad —.md es el dominio de Moldavia—, los que llevaban apartado ni se pintaban, y los internos no hacían nada. Ahora los tres se resuelven dentro de la ventana de ayuda, con su «Volver».
Actualizaciones: un NAS cuyo camino IPv6 hasta el servidor de versiones esté interceptado no podía actualizarse nunca. Ahora se reintenta por IPv4, y lo descargado se sigue comprobando por su SHA-256.
Actualizaciones: se avisa de que ha pasado, en el panel y en la consola, aunque la actualización haya ido bien: significa que hay alguien en medio del tráfico de tu NAS. Y se dice quién firma el certificado, que es lo que señala al aparato que hay que buscar.
Consola:lgm distingue si no se resuelve el nombre, no se conecta, no contesta a tiempo o el certificado no verifica. Antes decía «comprueba la salida a internet del NAS» en los cuatro casos.
Actualizaciones:«LGM-OS está al día» salía aunque la comprobación hubiera fallado, con el aviso del fallo justo debajo. De las dos, la que se cree uno es la verde, así que un NAS podía pasarse meses sin actualizar creyendo que estaba al día.
Actualizaciones: el motivo era siempre «comprueba la salida a internet del NAS», y casi nunca es eso: el panel se está viendo por esa misma red. Ahora se distingue no haber llegado al servidor, que conteste un error suyo, que no haya ninguna versión publicada, que conteste algo ininteligible, y que el servidor configurado no hable https.
Ayuda en el panel: cada pantalla enlaza a su guía, y la guía se abre dentro del panel y salta al apartado que toca. Las sirve el propio NAS, así que se pueden leer sin internet.
Cuatro guías nuevas —discos y réplicas, servicios de la casa, vigilar y defender los datos, y recuperación— en español y en inglés.
Bloqueo por país: deja entrar solo desde los países que elijas, con la red local siempre permitida. Los rangos se refrescan una vez por semana, y si una lista no se puede bajar no se filtra nada en vez de filtrarlo todo.
Trampa para ransomware: un archivo cebo en cada carpeta compartida; si algo lo toca, aviso crítico y, si se pide, se cierran las carpetas compartidas. Un disco que no contesta no cuenta como ataque.
Informe semanal: un repaso corto por correo del espacio, los discos y las copias. Se puede leer antes de encenderlo, y si el NAS estaba apagado a su hora se manda al volver.
Cambios
Web: un solo menú en todo el sitio, la portada anuncia la última versión, las novedades son buscables, las guías llevan índice propio y hay una página con todas las apps.
Calendario y contactos propios (CalDAV/CardDAV): la agenda y la libreta del móvil sincronizadas contra el NAS, con la misma cuenta que los archivos y cada uno viendo lo suyo. Los datos viven en el volumen, así que entran en las copias.
Impresora en red: la impresora USB del NAS, disponible para toda la casa y para el móvil. Se detecta lo enchufado y se da de alta con un nombre.
Buscar dentro de documentos escaneados: a los PDF sin texto se les pasa reconocimiento de texto en segundo plano, nunca mientras alguien busca.
Web: apartado nuevo con el sistema entero dibujado, navegable y buscable.
Versiones anteriores desde Windows: clic derecho en un archivo y la lista de cómo estaba en cada instantánea. Se enciende carpeta a carpeta.
Restaurar una carpeta entera desde una instantánea, en segundo plano y con su avance en Tareas.
Quién tocó qué: cada carpeta compartida puede apuntar quién borra, mueve o renombra por SMB. Solo se registra lo que destruye o mueve, no las lecturas.
Disco de repuesto: un disco vacío esperando; si otro falla, entra en su sitio solo y el NAS avisa. Un repuesto que ya ha entrado no se puede quitar.
Servidor multimedia (DLNA): la tele y los reproductores de la casa ven las películas del NAS. Lo que se copia aparece solo, y hay un botón para volver a explorar.
Antivirus: analiza las carpetas compartidas a mano o una vez por semana, con la prioridad más baja. De fábrica solo avisa; mover archivos ajenos es una decisión.
Dormir los discos tras 20 minutos, 30, 1 hora o 2. Se vuelve a aplicar en cada arranque.
Descargas: app nueva para enlaces http, https y ftp, magnet y archivos .torrent. Sobrevive a un corte de luz, avisa al terminar y lo que baja cae en una carpeta compartida.
Apagado y encendido automáticos, con Wake-on-LAN. Si el despertador no se puede programar, el NAS no se apaga; tampoco con una copia en marcha.
Réplica a otro NAS: las instantáneas enteras por SSH, incrementales, con horario o a mano, y probando el destino antes de guardar.
Discos en red (iSCSI): publica un disco del volumen para que otro equipo lo use como propio, con contraseña opcional. Un disco montado por alguien no se puede quitar.
Cámaras: una cámara con la imagen colgada y el sonido andando se daba por buena, y el vigilante callaba con la que nunca llegó a grabar.
Cámaras: la foto de una cámara atascada es ahora la última que grabó, y el panel dice el motivo exacto en vez de deducirlo.
Cámaras: las grabaciones nuevas aparecen solas, el muro se recupera si falla al pedir permiso, y una cámara que contesta algo que no es HTTP ya no rompe el panel.
Almacenamiento: un disco con datos dentro ya no se puede formatear sin querer.
Almacenamiento: ampliar un volumen se anunciaba como fallido yendo bien, reemplazar un disco no enseñaba el avance, y destruir un volumen adoptado no liberaba sus discos.
Almacenamiento: los volúmenes en un disco USB ya no se adoptan solos al arrancar.
Copias: una copia no puede vaciar el destino porque el origen no esté montado, y un fallo normal ya no borra el avance de una copia retomada.
Nubes: las carpetas montadas vuelven a verse en el equipo.
Aplicaciones: «No queda espacio» distingue el disco del sistema del volumen.
Actualización:sudo lgm update volvía a fallar siempre, el seguimiento no esperaba al final, y una actualización fallida no se deshacía entera.
Sistema: los índices de la Galería y del buscador se curan solos tras un apagón, el scrub programado avisa de lo que encuentra y el Monitor guarda el mes que ofrece.
Seguridad
Cámaras: el permiso que abre sus imágenes ya no vale como sesión de administrador.
Avisos al móvil: cada cuenta recibe los suyos.
Sesiones: la lista de sesiones conectadas es solo para el administrador.
Carpetas compartidas: no pueden llamarse como una sección reservada del servidor SMB.
Cámaras: algunas contestan por ONVIF con su nombre de máquina en vez de su dirección, y el mando de movimiento (PTZ) se recupera solo si la dirección guardada deja de valer.
Tareas de fondo: los vigilantes ya no pueden morir sin dejar rastro, y el historial de métricas ya no moría antes de arrancar en algunas máquinas.
Acceso externo: un DDNS detrás de un portal cautivo da un motivo legible.
Escritorio: entra con una animación en vez de aparecer de golpe; las barras de progreso se deslizan, la puntuación del Asesor se dibuja y el punto de «grabando» late.
Acceso: la pantalla de entrar estrena fondo con profundidad, para que el cristal del formulario tenga algo que refractar. Mismos campos y mismo botón.
Correcciones
Idioma: 76 mensajes de error salían en español con el panel en inglés —al rellenar mal un formulario, al montar una nube, al dar de alta una cámara—. Ya están traducidos.
Actualizaciones: el botón «Actualizar» fallaba con «Permission denied» y no volvía a funcionar nunca. Un NAS afectado se repara solo al pulsarlo; si lo tienes bloqueado ahora, actualiza una última vez desde la consola con sudo lgm update.
Cámaras: cuando una cámara no grababa, el panel daba una causa inventada. Ahora enseña el motivo real del grabador —contraseña, dirección, formato de vídeo, conexión rechazada— o dice que no ha podido leerlo.
Cortafuegos: quitar una regla que no existía contestaba «hecho» y daba por cerrado un puerto que seguía abierto.
Seguridad
Copia de la configuración: el destino se comprobaba por texto, así que una ruta con .. podía salir de tus datos y escribir en el sistema. Ahora se resuelve la ruta real antes de aceptarla.
Cámaras: una cámara podía decir «grabando», con el punto rojo, y no dejar ni un archivo. La miniatura del muro se pedía a la cámara cada ocho segundos y en los modelos de una sola conexión descolgaba al grabador. Ahora la foto del muro sale de la propia grabación en curso.
Cámaras: modificar una cámara obligaba a reteclear la dirección con su contraseña, hasta para cambiar los días de retención. Dejarla vacía conserva la que tiene.
Cámaras: «Grabando; el primer trozo tarda unos minutos» se decía para siempre. A los cinco minutos sin ninguna grabación la cámara pasa a ámbar y enseña las causas probables.
Tareas programadas: los siete campos del formulario llevan rótulo. Antes eran números sueltos sin decir de qué.
Alertas por correo: rótulo en los siete campos, visibles también con la cuenta ya configurada.
Apagar y reiniciar: cada botón explica ahora qué va a pasar y cómo se vuelve.
Correcciones
Aplicaciones: cambiar un puerto no comprobaba si el nuevo estaba libre; el choque salía al final, en un mensaje de Docker en crudo. Ahora se avisa antes de tocar nada.
Tienda de aplicaciones: una instalación que fallaba podía quedarse «en curso» para siempre, sin mensaje.
Cámaras: a los equipos con el puerto de vídeo abierto se les pregunta también directo a su IP. Una cámara con ONVIF activo podía salir como «sin ONVIF» en redes donde el descubrimiento por multicast no llega.
Correcciones
Cámaras: el reproductor podía quedarse en «Preparando la grabación…» para siempre con un archivo dañado. Ahora, sin imagen en 15 segundos, avisa y ofrece reintentar.
Cámaras: borrar una cámara con «borrar también lo grabado» decía cuántas grabaciones había borrado aunque no hubiera podido borrar ninguna. Ahora dice cuánto quedó y dónde mirar.
Cámaras: el tope de espacio global también avisa si no puede borrar, en vez de callar.
Equipo: expulsar un USB decía «ya puedes desconectarlo» sin comprobar nada. Ahora se vacía lo pendiente, se verifica el desmontaje y, si algo lo usa, se te dice que esperes.
Equipo: apagar o reiniciar podía no hacer nada mientras el panel decía «apagando…». Si el equipo no obedece, llega una notificación con el motivo.
Si tienes cámaras, la primera limpieza tras actualizar borrará de golpe todo lo que debería haberse ido en estos meses. Saca antes lo que quieras conservar.
Cámaras: la retención no borraba nada, desde siempre, y la limpieza contestaba «0 archivos liberados» —lo mismo que cuando no hay nada que borrar—, así que el volumen se llenaba sin un solo aviso. Tu NAS se repara solo al actualizar.
Actualizaciones: la actualización podía morir a mitad por falta de memoria y terminar diciendo que había ido bien. Ahora reparte según la memoria libre real y comprueba qué versión quedó instalada antes de dar el éxito.
Máquinas virtuales: memoria, disco y procesadores se validan contra lo que el equipo tiene. Pedir 4 TB en un volumen de 500 GB funcionaba al instante y fallaba meses después.
Tareas programadas: una tarea podía arrancar con la anterior todavía corriendo. Ahora se salta el turno y queda apuntado.
Tareas programadas: la verificación mensual daba «tarea fallida» cuando la del mes anterior seguía en marcha, que en un volumen grande es lo normal.
Docker: quedarse sin espacio se explica igual al instalar una aplicación, al crear un contenedor y al encender el acceso remoto. Dos de los tres soltaban el mensaje en crudo.
Escritorio: el dock deja de agrandar los iconos más que la propia barra y de parpadear al abrir un vídeo de la Galería.
Escritorio: 53 controles cambiaban de golpe al pasar el ratón, en un fotograma. Ahora acompañan al resto.
Escritorio: las ventanas abiertas ya no quedan en «la aplicación ha fallado» tras actualizar.
Correcciones
Galería: abrirla con fotos nuevas dejaba al panel sin poder abrir ningún archivo —«Too many open files»—, ni siquiera para dejar entrar a nadie. Las miniaturas se generan ahora de tres en tres.
Discos: una operación larga sobrevivía al reinicio del panel sin sus protecciones. Un borrado de disco huérfano podía seguir escribiendo bajo un volumen recién creado.
Copias de seguridad: actualizar cortaba una restauración o una copia a mitad, sin decirlo.
Tareas de limpieza: podían entrar en las copias de seguridad y dejarlas incompletas sin que se supiera hasta el día de restaurar. Las copias son intocables para las automatizaciones.
Tareas de limpieza: podían borrar archivos en otro equipo o en tu nube al recorrer las carpetas montadas bajo el volumen.
Docker: crear un contenedor con el puerto ocupado descargaba la imagen entera para fallar al final. Ahora se avisa al instante y se dice qué puerto está cogido.
Dominio: al salir quedaba encendido el servicio que solo sirve estando dentro, con siete errores en cada arranque.
Idioma: los títulos de las 35 tareas salían en español con el panel en inglés.
Correcciones
Máquinas virtuales: el panel decía «apagándose» y no volvía a mirar, aunque el sistema de dentro ignorase la orden. Ahora comprueba y, si a los dos minutos sigue encendida, avisa.
Archivos: un archivo subido a medias se guardaba como si estuviera entero.
Instantáneas: una restauración de más de 6 horas se cortaba a mitad y dejaba la carpeta con dos fechas mezcladas. Ahora continúa por pasadas hasta 16,5 horas.
Instantáneas: la limpieza por antigüedad podía borrar la instantánea desde la que se estaba restaurando.
Instantáneas: destruir un volumen con una restauración en marcha se la llevaba por delante.
Escritorio: el lanzador de aplicaciones tapaba el dock y se tragaba sus clics.
Escritorio: minimizar una ventana la hacía desaparecer de golpe, como si se hubiera cerrado. Ahora se guarda hacia el dock y vuelve por ahí.
Escritorio: el menú del clic derecho, la búsqueda, los avisos y las subidas aparecían plantados, sin transición.
Equipo: en discos de sistema pequeños el registro crecía hasta el 10 % del disco. Por debajo de 32 GB se limita a 200 MB; de ahí en adelante no se toca nada.
Esta versión trae ISO nueva. Si vas a instalar en un equipo que ya tuvo otro sistema, descárgala otra vez.
Instalación: en un disco que ya tenía otro sistema, la primera instalación se caía al crear el espacio de intercambio y a la segunda funcionaba. El instalador cierra ahora los volúmenes cifrados y los grupos de discos que quedaban agarrados a las particiones viejas.
Instalación: la pregunta de desmontar lo que está en uso se quedaba sin contestar.
Aplicaciones: «Desinstalar y borrar los datos» no borraba los datos y el panel decía «desinstalada». Creías haber recuperado cientos de gigas y reaparecían al reinstalar. Ahora se borran de verdad y, si no se puede, se dice dónde siguen y por qué.
Copias de seguridad: restaurar una carpeta muy activa decía fallar aunque hubiera funcionado.
Almacenamiento: el aviso de «volumen casi lleno» mandaba a borrar, y borrar desde el panel no libera nada: mueve el archivo a la papelera del recurso compartido, en el mismo volumen. El aviso explica ahora la papelera y lleva a vaciarla.
Todo el panel: un disco parado congelaba todas las pantallas a la vez, hasta media hora, justo cuando más falta hace el panel. Las 76 preguntas al disco llevan ahora tiempo límite y no bloquean nada; si algo no se puede medir, se dice en vez de dar un cero.
Usuarios: quitarle el SFTP a alguien podía no quitárselo. El panel decía «SFTP revocado» y la persona seguía entrando. Ahora se comprueba, tanto al dar el acceso como al quitarlo.
Móvil: el gesto de volver deslizando podía dispararse sobre una pantalla ya cerrada.
Si has actualizado a la 1.27.29, actualiza también a esta.
Instantáneas: restaurar una carpeta compartida que además fuera un dataset la vaciaba. Las instantáneas no son recursivas y los datos anidados salían como carpetas vacías.
Instantáneas: un dataset cuyo nombre empezara por «auto-» hacía que sus instantáneas manuales se borraran solas.
Instantáneas: la barra de progreso podía dar por bueno un trabajo que había fallado.
Instantáneas: se distingue lo que no se ha restaurado por no estar en la instantánea de lo que ha fallado al restaurarse. No son lo mismo y no se hace lo mismo con cada uno.
Almacenamiento: destruir un volumen no reservaba sus discos, así que otra operación simultánea podía llevárselos a mitad.
Almacenamiento: esa misma reserva no protegía los volúmenes ZFS.
Instantáneas: restaurar varias carpetas a la vez, con un «Todas» arriba. De una en una fallaba justo en el caso que más importa —devolver el NAS entero tras un cifrado—, donde es fácil dejarse una sin darse cuenta. Nada viene marcado de salida.
Instantáneas: una sola copia de seguridad para todas, y el espacio se mide sumándolas: podrían caber una a una y no caber juntas.
Instantáneas: una carpeta que no esté en esa instantánea se deja como está y se dice al terminar; si una falla, las demás se restauran igual, y la tarea no acaba en verde.
Correcciones
Instantáneas: dos restauraciones a la vez sobre la misma carpeta se pisaban.
«Restaurar» no restauraba nada. Si usas instantáneas, actualiza.
Instantáneas: en los volúmenes Btrfs, «Restaurar» dejaba una copia en /mnt/<volumen>/restaurado-<fecha> sin tocar ni un archivo tuyo, y el panel decía «restaurado». Esas carpetas se acumulaban en el desplegable de volúmenes. Ahora restaura de verdad, carpeta a carpeta, guardando antes cómo está todo por si acaso.
Instantáneas: restaurar bloqueaba el navegador y podía empezar sin sitio para terminar. Ahora corre de fondo y se niega a empezar si no va a caber.
Almacenamiento: una actualización del núcleo podía dejar el volumen ZFS sin montar y no se sabía hasta el siguiente reinicio, semanas después. Se comprueba cada seis horas y se avisa mientras aún se arregla en un minuto.
Máquinas virtuales: el DNS del NAS ocupaba el puerto 53 e impedía encenderlas.
Si tienes carpetas restaurado-… de antes: siguen ahí con sus datos, sin tocar. Son tuyas; puedes verlas y borrarlas cuando quieras.
Escritorio: el dock que se esconde entra rápido y con rebote, y se retira más despacio, encogiéndose y apagándose. Antes entrar y salir eran el mismo movimiento.
Escritorio: el dock espera un momento antes de retirarse, en vez de esconderse en cuanto el puntero roza su borde.
Correcciones
Escritorio: abrir desde el dock una aplicación que no estuviera ya abierta no funcionaba.
Almacenamiento: caché de lectura en SSD para los volúmenes ZFS. Se añade y se quita en caliente desde la tarjeta del volumen; no guarda datos, así que quitarla o que falle no pierde nada.
Correcciones
Almacenamiento: ampliar un volumen, reemplazar un disco y añadir caché no reservaban el disco, así que un «Crear volumen» simultáneo podía formatearlo por debajo. El caso peor es el del reemplazo, donde el volumen ya va degradado.
Almacenamiento: destruir un volumen no limpiaba su disco de caché, que quedaba marcado como ocupado.
Almacenamiento: un fallo al escribir la auditoría dejaba el disco reservado para siempre.
Almacenamiento: la pantalla entera se caía si un volumen venía de una versión anterior.
Archivos: al subir, copiar o mover algo mandaba a liberar espacio cuando el problema era un volumen atascado, no un volumen lleno. Borrar ahí no arregla nada.
Almacenamiento: el aviso de volumen atascado llega ahora antes de que deje de escribir, no cuando ya ha parado las máquinas virtuales y las descargas.
Acceso externo: el túnel decía «conectado» con el túnel caído, porque «no tengo conexión» y «no he podido preguntar» se trataban igual.
Acceso externo: al encenderlo decía «revisa el testigo» aunque el testigo fuera correcto. Enganchar tarda unos segundos y no se esperaban.
Acceso externo: un nombre mal escrito tiraba el túnel antes de comprobarlo.
Tareas programadas: el planificador podía morirse sin dar un solo error, dejando sin disparar las copias de seguridad y la vigilancia. Ahora se levanta solo.
Docker: el registro de cada contenedor crecía sin tope y se comía el disco del sistema. Los que ya lo estaban se avisan con su nombre y su tamaño.
Máquinas virtuales: el aviso de máquina en pausa salía en español con el panel en inglés.
Tienda de aplicaciones: una aplicación instalada podía desaparecer de la lista sin haberse desinstalado.
Máquinas virtuales: borrar una máquina podía llevarse archivos que no eran suyos.
Un volumen puede quedarse sin poder escribir marcando 25 GB libres. Btrfs reparte el disco en trozos, y lo que se agota antes es el espacio sin repartir.
Novedades
Almacenamiento: cada volumen dice cuánto tiene sin repartir y avisa por debajo de 2 GiB, antes de atascarse.
Almacenamiento: botón «Rebalancear», que empieza por lo barato y sube solo si hace falta. Si el propio rebalanceo no puede arrancar por falta de sitio, se explica cómo salir.
Correcciones
Acceso externo: cuando la imagen del túnel no cabía, el panel echaba la culpa a Docker.
Docker: «Hacer sitio» daba toda la limpieza por fallida si una sola parte fallaba, y tapaba con un cartel rojo los gigas que sí había recuperado. Ahora cada limpieza va por su cuenta: cuánto se liberó y, aparte, qué no se pudo.
Docker: la caché de construcción venía marcada de fábrica aunque estuviera vacía.
Máquinas virtuales: un fallo del sistema de virtualización se contaba como si fuera el estado de la máquina, y «Agrandar» podía contestar «"pruebas" está executable not found» mandándote a apagar algo que quizá ni existe. Ahora se distinguen la máquina que no está, el sistema que no responde y la máquina encendida.
Lanzador: una aplicación puesta a mano salía como «propio-mi-web» en vez de «mi-web».
Aplicaciones: «Configuración» se quedaba en «no hay permiso para acceder a …/.env» y la aplicación quedaba a medio administrar. Pasa en NAS con historia, donde esos archivos acabaron siendo de root. El panel los recupera solo la primera vez que los necesita, sin preguntar nada, y solo esos dos: nunca los datos de la aplicación.
Docker: la receta de un contenedor puesto a mano podía quedarse a medias con un corte de luz o un disco lleno, y es lo único que lo describe. Ahora se escribe al lado y se sustituye de golpe, guardando la anterior al editar.
Docker: una ruta con «:» dentro ya no se acepta; partía la receta en silencio.
Docker: al editar, el formulario se dejaba escribir antes de tener la receta cargada.
Docker: al borrar un contenedor propio se dice que su receta y sus datos se quedan, y dónde. Esa carpeta empieza ahora por punto para que no la vea la Tienda.
Docker: un puerto vacío en el formulario volvía con un error del servidor en crudo.
Docker: los registros en vivo se mezclaban entre contenedores.
Máquinas virtuales: las fechas de las instantáneas siguen al idioma del panel, no al del navegador.
Docker: consola dentro de cada contenedor en marcha, en su propia ventana. Elige bash si la imagen lo trae y sh si no, y avisa de que lo que se cambie ahí se pierde al recrearlo.
Docker: los registros se actualizan solos y se pueden buscar. Con «Seguir» puesto, solo baja al final si ya estabas abajo.
Correcciones
Docker: a un contenedor parado se le dice que lo está, en vez de soltar el error de Docker.
Esta versión trae ISO nueva. Los dos arreglos de la instalación solo llegan descargándola.
Novedades
Docker: botón «Hacer sitio». Dice cuánto ocupa Docker y cuánto se recupera de cada cosa; se marca lo que se quiera y dice cuánto va a liberar antes de pulsar. Los volúmenes se enseñan pero no se barren, y los datos de tus aplicaciones no se tocan.
Correcciones
Instalación: en un equipo que ya tenía otro sistema, la instalación se plantaba en el último paso esperando una pregunta sobre el cargador de arranque que nadie veía.
Instalación: en un equipo que ya tenía otro sistema, la instalación se caía al crear el espacio de intercambio. El instalador enciende al arrancar los discos que encuentra, y eso impedía reescribir la tabla de particiones.
Máquinas virtuales: el disco de una máquina se puede agrandar desde su ficha, con la máquina apagada. Se escriben los gigas que se le suman y ya está.
Máquinas virtuales: se avisa de lo que falta después —el sistema de dentro tiene que ocupar el espacio nuevo— y de que con instantáneas no se puede tocar el disco.
Máquinas virtuales: instantáneas desde la ficha de cada máquina, para tener un punto al que volver antes de actualizar el sistema de dentro. Antes había que hacerlo por el terminal.
Máquinas virtuales: con la máquina encendida se guarda también la memoria, así que al volver aparece tal cual estaba. Volver avisa de lo que se pierde.
Máquinas virtuales: se dice lo que no son: viven dentro del mismo disco de la máquina y no sustituyen a una copia de seguridad. Si el equipo no puede hacerlas, se explica por qué.
Docker: botón de editar en los contenedores creados desde el panel, para cambiarles el puerto, la carpeta o la versión de la imagen sin borrar nada. Los datos se quedan donde están.
Docker: lo que se haya añadido a mano a la receta se respeta, y una receta que el formulario no sepa representar no se toca. El nombre no se puede cambiar al editar.
Docker: «Nuevo contenedor», para poner a mano cualquier imagen que no esté en la Tienda sin abrir el terminal. Nombre, imagen, puertos, carpetas, variables y cuándo tiene que volver.
Docker: la receta se guarda dentro del volumen, las carpetas que se ofrecen son las de Archivos y solo valen carpetas de datos.
Docker: se puede elegir la red del NAS, que es lo que necesitan algunas aplicaciones, y la descarga va como tarea con su barra.
Docker: cada contenedor dice en su fila cuándo vuelve tras un corte de luz, y se cambia con el clic derecho. Antes se decidía al crearlo, no se podía cambiar desde el panel y no se veía en ninguna parte: se descubría al volver la luz.
Docker: con las aplicaciones de la Tienda se avisa de que manda su receta.
Esta versión trae ISO nueva. La pantalla del equipo viaja dentro.
Cambios
Consola: la pantalla que se ve al encender está viva: la barra sube de verdad, con bloques, y hay un reloj en el pie. Antes se dibujaba una sola vez al arrancar, así que el equipo instalaba por dentro y por fuera parecía colgado.
Consola: Ctrl+Alt+F1 y Ctrl+Alt+F2 enseñan lo mismo, las dos en vivo, y cada una dice en cuál estás. Para entrar basta una tecla; al cerrar la sesión, vuelve sola. De F3 en adelante siguen siendo consolas normales.
Consola: la pantalla se centra y se ajusta al tamaño que haya, y enseña el nombre del equipo junto al «está listo».
Correcciones
Consola: el código QR no se podía escanear aunque se viera perfecto: le faltaba margen blanco alrededor y su blanco no era blanco del todo.
Consola:lgm log no existía, y la propia pantalla mandaba escribirlo. Ahora enseña el registro que toca en cada momento, incluido el de la instalación.
Consola:lgm progress se repetía hacia abajo en vez de actualizarse, y el marco se torcía con los nombres de paso largos.
Escritorio: el dock se puede esconder, desde Panel de control → Región y apariencia.
Web: el portal público está en español y en inglés, con su bandera en la barra.
Correcciones
Acceso externo: el panel no se abría desde el móvil. El certificado que el NAS se hace a sí mismo duraba diez años —los dispositivos de Apple rechazan sin apelación cualquiera de más de 398 días— y no llevaba dentro la dirección del NAS. Ahora se emite bien.
Galería: un vídeo que terminaba y se volvía a poner se quedaba en negro, porque el permiso de reproducción había caducado.
Galería: el volumen no se recordaba de un vídeo al siguiente.
Almacenamiento: la pantalla de Salud se quedaba en blanco si a un disco le faltaban los datos SMART, que es justo cuando se sospecha que se está muriendo.
Carpetas compartidas: la pantalla se caía si no llegaba la lista de sitios donde crear.
Archivos: la vista previa enseñaba el archivo anterior al pasar de uno a otro.
Web: tres enlaces de las guías no llevaban a ninguna parte, el mapa del sitio anunciaba una página que no existe y la barra del móvil se partía en dos filas.
Instalación: la pantalla es la misma desde el primer segundo, con marco, colores y barra: 1 % al buscar la versión, 4 % al descargarla, 12 % al empezar a instalar. Antes la descarga entera transcurría sin enseñar ni un porcentaje.
Correcciones
Instalación: el progreso se escribía bien pero la pantalla no lo enseñaba hasta que alguien pulsaba Intro, así que desde delante parecía un equipo colgado. Si hay una sesión abierta en esa consola no se toca.
Instalación: la descarga y la instalación cuentan en la misma barra, de 0 a 100 una sola vez. Antes la barra arrancaba de cero dos veces.
Instalación: un código QR en pantalla lleva al panel sin teclear la dirección, y las teclas de consola y los comandos útiles de cada momento están siempre a la vista.
Correcciones
Actualizaciones: la pantalla se caía con «fallo interno del panel» en el equipo donde más falta hace mirarla.
Todo el panel: los fallos del sistema se leen en castellano, en vez de «PermissionError: [Errno 13]».
Escritorio: pulsar la notificación roja cerraba los widgets.
Actualizaciones: la pantalla decía «Hay 5 actualizaciones disponibles» junto a un error rojo, con un número sacado de datos viejos. Si no se ha podido mirar, no se dice una cifra.
Actualizaciones: un NAS que no pueda hablar con el repositorio no se queda atascado: se actualiza por el canal de versiones.
Instalación: el primer arranque contaba cualquier tropiezo como «sin internet». Ahora dice qué falla.
Consola:lgm no existía en un equipo recién instalado. El paquete de la 1.27.2 viajaba con saltos de línea de Windows, y un script así no arranca en Linux; el mensaje que daba, «No existe el fichero o el directorio», no mencionaba el problema real.
Esta versión trae ISO nueva. Hasta hoy, el botón de actualizar solo funcionaba en un NAS instalado desde el código fuente.
Novedades
Actualizaciones: «Actualizar ahora» funciona en cualquier NAS. Pregunta al servidor de versiones cuál es la última, la descarga, comprueba su resumen SHA-256 y la instala. Solo hace falta salida a internet.
Actualizaciones: el aviso y la instalación automática funcionan igual, y el actualizador se relanza desde la versión nueva antes de instalar.
Instalación: la ISO pregunta también la contraseña de root, además del nombre del equipo y del usuario.
Correcciones
Actualizaciones: la pantalla mandaba a reinstalar el NAS —«esta instalación no viene de un checkout»— a todo el que hubiera instalado desde la ISO, sin tener nada roto.
Actualizaciones: el panel comparaba con una versión y enseñaba otra.
Actualizaciones: si no se sabe qué versión hay instalada, se dice, en vez de suponerla.
Actualizaciones:sudo lgm update exigía el código fuente, y decía «comprobado» aunque no hubiera dejado el paquete. Cuando falta curl, se dice en vez de culpar a la red.
Web: el resumen SHA-256 de la ISO estaba escrito a mano y se quedó con el de la primera imagen. Quien lo comparase concluiría que su descarga está corrupta.
Instalación: la ISO ofrecía instalar un sistema base pelado junto a las entradas de LGM-OS.
Sesenta y dos reparaciones, salidas de una actualización que falló en un NAS de verdad.
Correcciones
Actualizaciones: una actualización buena se deshacía entera por culpa de un aviso del final, con la versión nueva ya instalada y funcionando.
Actualizaciones: si falla, se dice en qué fase y por qué, en vez de «La actualización falló (código 1)», y el motivo queda en el registro.
Actualizaciones:lgm update daba por buena una reversión, y una interfaz descargada a medias se llegaba a instalar.
Instalación: el primer arranque desde la ISO podía morir sin decir nada.
Móvil: el panel abre un 10 % más ligero. Cámaras viajaba entera dentro del archivo que descarga todo el mundo al entrar, y era la única aplicación que abría en el móvil.
Móvil: el NAS anunciaba en su QR una dirección a la que el móvil no puede llegar.
Móvil: todas las aplicaciones fallaban con «TypeError: Importing a module script failed» tras una actualización, y la copia guardada en el navegador se quedaba envenenada.
Móvil: volver a una aplicación podía encontrarla en blanco, y los datos en vivo no volvían contigo. Con el móvil bloqueado, el panel deja de trabajar.
Todo el panel: mientras el NAS se actualiza, 38 de las 94 pantallas contestaban «La aplicación ha fallado por dentro», el mismo mensaje que un fallo de verdad. Ahora explican que el NAS está actualizándose.
Escritorio: un ajuste editado a mano por SSH podía tumbar el escritorio entero.
Acceso: una contraseña con un carácter imposible tumbaba la pantalla de entrar, y un NAS con las cuentas apartadas se ofrecía al primero que pasara.
Todo el panel: «fallo interno del panel» cuando lo que estaba lleno era el disco.
Tareas: una tarea que muere ya no se queda girando para siempre.
Almacenamiento: un disco marcado para borrar podía quedarse marcado sin borrarse.
Usuarios: quitar el acceso a las carpetas compartidas no se comprobaba.
Cámaras: cuatro cámaras con su tope propio podían llenar el volumen hasta cero, porque cada una miraba solo lo suyo. Ahora hay un suelo común para todo el volumen.
Archivos: una subida cortada se llevaba por delante el archivo que ya había.
Red: «Volver al DNS automático» contestaba con un error interno, justo el botón que se pulsa para deshacer un DNS manual que no funciona.
Red: un cambio de red que deja el NAS mudo se deshace solo.
Seguridad: la vigilancia de SSH montaba en memoria cientos de miles de renglones del diario justo cuando importa —un ataque de fuerza bruta— y no volvía a avanzar.
Archivos: borrar gigabytes congelaba el panel entero.
Idioma: las notificaciones salían en español con el panel en inglés: discos, volúmenes, servicios caídos, cámaras, copias y certificados. Son 74 textos.
Galería: pedir una página con un número imposible reventaba en la base de datos.
Cámaras: guardar una cámara cortaba su grabación, y su archivo de configuración prometía una retención que no aplicaba.
Seguridad
Actualizaciones: el paquete de una versión se descomprime como root, y un ejecutable con el bit setuid dentro habría dejado a cualquier usuario del NAS hacerse root. Se limpia a mano.
Galería: los vídeos entran en la Galería, con su fotograma de miniatura, y se reproducen por trozos: un vídeo de 3 GB ya no llena la memoria del móvil ni impide saltar a un minuto.
Galería: álbumes con nombre, favoritas con su filtro, y un visor con flechas, teclado, giro y zoom.
Galería: borrar a la papelera del NAS, subir fotos y vídeos desde la propia aplicación y un buscador de duplicados que agrupa lo repetido.
Tienda de aplicaciones: cuatro catálogos públicos elegibles de un clic, con lo que trae cada uno y lo que pesa escrito al lado. Big Bear viene de serie.
Archivos: la vista previa es una ventana de verdad: se arrastra, se estira y recuerda tamaño y sitio. Y las miniaturas son la foto, no un icono de foto.
Cambios
Escritorio: cinco iconos redibujados —Almacenamiento, Copias de seguridad, Cámaras, Panel de control y Galería— para que se distingan entre sí.
Archivos: las pestañas se llaman como la carpeta que tienen abierta.
Correcciones
Almacenamiento: vaciar la papelera no devolvía el espacio en los volúmenes Btrfs: se vaciaban siete gigas y el volumen seguía diciendo que estaba lleno.
Almacenamiento: subir, copiar o extraer se cortan con una explicación antes de comerse los últimos gigas, donde viven Docker y las máquinas virtuales.
Almacenamiento: el panel tiraba salidas buenas por un código de error y enseñaba «no se pudieron leer los discos» o, peor, «no hay pools todavía» con el botón de crear encima de un volumen lleno de datos. «No se pudo comprobar» ya no se pinta como «no hay nada».
Actualizaciones: el actualizador dejaba servicios caídos. Ahora apunta cuáles estaban en marcha y los devuelve.
Actualizaciones: la versión instalada y el botón de actualizar se ven siempre.
Bloc de notas: avisa antes de cerrar con notas sin guardar, no pisa lo que otro haya escrito por la red, respeta los saltos de línea de Windows y no se cuelga con un .md lleno de corchetes.
La versión más grande hasta la fecha: seis aplicaciones nuevas, el móvil de verdad, y una revisión de seguridad y fiabilidad en tres pasadas.
Novedades
Galería: aplicación nueva. Todas tus fotos en una línea de tiempo, agrupadas por día y por mes, sin tener que saber en qué carpeta están.
Notificaciones: avisos en el móvil y en el ordenador, servidos por el propio NAS. Sin cuenta en ningún sitio y sin que tus avisos pasen por nadie.
Archivos: clic derecho sobre un archivo → «Versiones anteriores…», para recuperar el de ayer sin bucear en las instantáneas.
Copias de seguridad: «Preparar sitio para un equipo…», que deja lista en un paso la carpeta, el usuario y la cuota para que un PC o un Mac copien contra el NAS.
Archivos: pedidos de subida, el enlace inverso al de compartir: alguien te manda archivos sin tener cuenta en el NAS.
Escritorio: buscar en todo el NAS con Ctrl+K —aplicaciones, ajustes, carpetas y archivos—, y dentro del contenido de los archivos cuando se pide.
Escritorio: fondo de pantalla con tu propia foto, iconos en el escritorio y memoria de dónde estaba cada ventana.
Archivos: la carpeta compartida de otro equipo se monta en el NAS y se usa como una carpeta más. Las imágenes de disco se abren con un clic.
Papelera: buscador dentro de lo borrado.
Móvil: el panel se siente como una aplicación. Se vuelve deslizando desde el borde, el inicio dice cómo está el NAS de un vistazo y las aplicaciones abiertas son un carrusel.
Máquinas virtuales: la imagen de instalación se descarga sola, sin buscarla a mano.
Red: el servidor DNS del NAS puede escuchar en otro puerto y convivir con una aplicación que ya use el 53.
Cambios
Todo el panel: abre rápido y nada se queda girando para siempre. La Tienda, el menú de aplicaciones, Copias de seguridad, Salud, Resumen, Máquinas virtuales, Almacenamiento y Nubes dejan de hacerse esperar.
Cámaras: el directo abre en un segundo en vez de varios, y aguanta sin degradarse por mirarlo un buen rato.
Todo el panel: nada se sale por los lados, y los botones azules se leen en modo oscuro.
Correcciones
Cámaras: dejar de grabar ya no es un secreto, y una cámara que se corta sin parar avisa.
Cámaras: la grabación no puede acabar en el disco del sistema, un tropiezo pasajero del disco ya no la mata para siempre y una grabadora parada se rearranca sola.
Cámaras: un parpadeo de la cámara condenaba el directo a recodificarse, y una cámara que enmudecía lo dejaba congelado.
Cámaras: dar de alta dos cámaras a la vez podía fabricar un éxito falso.
Cámaras: reproducir una grabación tardaba o se quedaba en negro.
Almacenamiento: un volumen cifrado se llevaba Docker dentro, y destruir un volumen ZFS dejaba los discos sin poder reutilizarse.
Almacenamiento: un volumen cifrado que fallaba a mitad dejaba los discos inservibles, y un disco colgado congelaba la pantalla entera.
Almacenamiento: un repaso de Btrfs con errores se anunciaba «sin errores», y la salud SMART no se vigilaba en todos los discos.
Copias de seguridad: no se hace copia de un disco que no está montado, y «Comprobar» lee ahora el contenido de verdad en vez de mirar solo que el archivo esté.
Archivos: mover con «sobrescribir» podía borrar justo lo que ibas a mover, y copiar una carpeta dentro de sí misma se rechaza.
Archivos: mover o borrar mucho decía «servidor offline» a los 30 segundos.
Archivos: un enlace compartido recién creado desaparecía.
Usuarios: borrar un usuario le quita también sus permisos sobre las carpetas.
Red: deshacer un cambio de red dejaba restos, y apagar SMB no cerraba sus puertos de descubrimiento.
Resumen: el DNS, el DHCP y el acceso exterior se enseñaban mal.
Monitor: la tabla de procesos se quedaba en «Cargando…» para siempre y apilaba peticiones.
Notificaciones: se limpiaban solo en la pantalla, y el resumen por correo se perdía si el envío fallaba.
Todo el panel: el NAS aguanta semanas encendido sin degradarse; se cerraron las fugas de memoria del freno de intrusos y los procesos que dejaba colgados el directo de una cámara.
Seguridad
Tienda de aplicaciones: una aplicación podía publicar el disco entero por SMB, y una receta de un catálogo de terceros montar el sistema con solo una variable.
Aplicaciones: el editor de puertos y volúmenes podía montar el sistema.
Archivos: copiar un archivo podía escribir fuera de tus carpetas, y recibir archivos por un pedido de subida podía pisar lo que ya hubiera.
Usuarios: un usuario de solo panel recibía acceso a los archivos por red sin querer.
Sesiones: «Cerrar todas las sesiones» podía deshacerse solo, y cerrar dos a la vez dejaba una sin revocar.
Almacenamiento: ampliar un volumen ZFS podía destruir la redundancia en silencio.
Cortafuegos: una regla para un servicio de Docker no respetaba su origen, y dos cambios a la vez se pisaban.
Certificados: un certificado comodín pisaba el del dominio principal.
Copias de seguridad: las nubes configuradas para copias no se pueden montar como carpeta.
Cuarenta y dos correcciones sobre el código veterano: almacenamiento, carpetas compartidas, seguridad, red, avisos y el panel.
Correcciones
Almacenamiento: un disco muerto del todo no se podía reemplazar desde el panel, que es el caso que importa: el volumen se quedaba degradado hasta entrar por SSH. El reemplazo se vigila ahora hasta que termina.
Almacenamiento: un volumen Btrfs que está en los discos vuelve a poder recuperarse.
Almacenamiento: destruir un volumen ocupado decía que lo había destruido.
Carpetas compartidas: con el volumen desmontado se recreaban en el disco del sistema.
Red: la VPN no volvía sola tras un reinicio, porque sus reglas se perdían.
Notificaciones: los avisos importantes no llegaban con el disco lleno, que es justo cuando hacen falta.
Seguridad
Carpetas compartidas: una carpeta con todos los permisos en «ninguno» quedaba abierta a todo el mundo.
Cortafuegos: cualquier cambio de reglas olvidaba desde dónde se limita el acceso al panel.
Acceso: activar o desactivar la verificación en dos pasos podía deshacer un cambio de contraseña hecho a la vez.
Archivos: al pegar, mover, arrastrar o subir algo que ya existe se pregunta, una sola vez por operación: quedarse con los dos, dejarlo como está o sustituir. Antes cada camino decidía por su cuenta y una subida pisaba en silencio.
Archivos: copiar y mover muchos elementos enseña su progreso.
Archivos: cualquier carpeta se fija arriba de la barra lateral desde su menú.
Archivos: todos los enlaces compartidos, en una lista.
Cámaras: el candado de una grabación la deja fuera de la limpieza por días y por gigas hasta que se suelte. La marca viaja con la carpeta, así que sobrevive a cambiar de equipo.
Cámaras: marcadores en la línea de tiempo, para no perder el momento que costó encontrar.
Cámaras: pestaña «Todas», con todas las cámaras de un vistazo.
Cámaras: un botón guarda el fotograma que se está viendo del directo.
Carpetas compartidas: «docker» y «vm» salen ya en la lista, con su distintivo de sistema, y se les enciende SMB, NFS o WebDAV como a cualquiera. No se pueden renombrar ni borrar.
Seguridad
Carpetas compartidas: al compartir «docker», su almacén interno no se ve ni se toca desde la red.
Copias de seguridad: se puede mirar dentro de una copia y explorarla como una carpeta, y restaurar solo lo que se marque, hasta un archivo suelto.
Copias de seguridad: retención inteligente de fábrica en los trabajos nuevos —diarias recientes, semanales, mensuales— sin tener que decidir nada.
Copias de seguridad: botón «Comprobar», que lee la copia entera del destino sin mover un byte para decir si está de verdad.
Copias de seguridad: cifrado de extremo a extremo hacia la nube, para que el proveedor no pueda leer tus copias.
Copias de seguridad: la copia dice a qué velocidad va y cuánto le queda, en números.
Copias de seguridad: las exclusiones se eligen en el asistente, se puede copiar también a un segundo destino y el historial distingue las comprobaciones de las copias.
Cámaras: la línea de tiempo enseña los huecos sin grabación, va fina con miles de trozos y saca las miniaturas aunque el trozo no esté indexado todavía.
Archivos: borrar muchos elementos de una vez, con su barra de progreso. Se acabó el tope de 200.
Correcciones
Cámaras: cuatro de cada cinco horas no se estaban grabando. Volver a grabar tras una caída tardaba de diez a dieciocho segundos y ahora tarda uno, y el NAS avisa si la cámara está rota.
Cámaras: un puerto mal escrito dejaba la aplicación entera en blanco.
Cámaras: la limpieza por espacio se llevaba la hora que se estaba grabando, y la retención podía borrar un día entero que aún estaba en plazo.
Cámaras: la noche del cambio de horario de octubre descolocaba las grabaciones.
Cámaras: exportar un tramo que cruza un hueco se traía una hora de más, y una carpeta de grabaciones ilegible se perdía en silencio.
Copias de seguridad: «Comprobar» daba verde cuando no tenía con qué comparar.
Copias de seguridad: una copia a un disco que falla a medias dejaba basura para siempre, y las versiones antiguas desaparecían del panel.
Archivos: vaciar la papelera no contaba la verdad, y una subida cortada a medias se hacía pasar por buena.
Carpetas compartidas: quitarle WebDAV a una carpeta no la retiraba, y editarla borraba sus ajustes de SMB.
Instalación: un Docker que no arranca abortaba la instalación entera, y el paso que activa el repositorio del que depende ZFS no hacía nada.
Actualizaciones: revertir una actualización fallida no devolvía la configuración.
Panel de control: liberar una tarjeta de red pedía confirmación con un texto que no existía, y apagar un servicio se llevaba el formulario a medio escribir.
Panel de control: varias pantallas decían «aquí no hay nada» cuando lo que pasaba es que no lo sabían.
Seguridad
Usuarios: una cuenta del panel no puede llamarse «root».
Tienda de aplicaciones: una receta no puede pedir el mando del NAS.
Acceso: el código de dos pasos ya no vale dos veces, y «Cerrar todas las sesiones» las cierra de verdad.
Cámaras: el permiso que abre el vídeo ya se puede revocar.
Archivos: un ZIP podía escribir fuera de la carpeta al extraerse, y copiar seguía los enlaces fuera de la carpeta compartida.
Copias de seguridad: la copia de la configuración se llevaba dentro la clave de SNMP.
Instalación: Node se instalaba pasándole a root un script sin comprobar.
Cámaras pasa a ser una grabadora de verdad, los discos avisan antes de morirse, y un barrido de más de cien correcciones por todo el panel.
Novedades
Cámaras: muro con todas las cámaras, pantalla completa, captura de imagen y menú de clic derecho. La ventana del directo se redimensiona de verdad.
Cámaras: reproductor forense con calendario, exportación de tramos y control PTZ.
Cámaras: horario de grabación semanal, y búsqueda de una grabación por fecha y hora.
Cámaras: las grabaciones se recorren con su línea de tiempo, con miniaturas.
Cámaras: las grabaciones se cosen por horas, así que se acabaron los miles de archivos sueltos, y la carpeta vive dentro del volumen y se puede abrir desde Archivos.
Almacenamiento: los contadores SMART se leen en cristiano y el NAS los vigila solo, para que un disco avise antes de morirse.
Almacenamiento: borrar un disco del todo antes de venderlo o tirarlo.
Almacenamiento: los volúmenes pueden nacer cifrados.
Archivos: las nubes se usan como una carpeta más del NAS.
Copias de seguridad: Docker y las máquinas virtuales ya se pueden copiar.
Copias de seguridad: la copia se comprueba pesando los dos lados, y dice si avanza o se ha colgado.
Actualizaciones: rclone se actualiza desde el panel, sin entrar por SSH.
Escritorio: tres fondos nuevos, pintados con degradados. «Opciones regionales» pasa a llamarse «Región y apariencia».
Correcciones
Carpetas compartidas: el NAS no salía en «Red» de Windows. Nunca. Era una ruta mal escrita, y el panel además echaba la culpa a la red.
Cámaras: toda cámara que no arrancaba decía lo mismo, «la cámara no respondió», y en el muro no decía nada en absoluto.
Cámaras: la grabación podía pararse en silencio y para siempre, y un corte de luz se llevaba el último tramo entero.
Cámaras: abrir la aplicación y cada salto de la línea de tiempo tardaban una eternidad con el NAS perfectamente sano.
Cámaras: el directo chocaba con la grabación, y fallaba con «Operation not permitted».
Cámaras: el NAS iba lentísimo por culpa de las miniaturas.
Cámaras: la contraseña de la cámara salía dentro de los mensajes de error.
Copias de seguridad: el diagnóstico decía justo lo contrario de lo que pasaba —«fallo al subir …: Skipped copy as --dry-run is set»— y el consejo llegaba partido por la mitad.
Copias de seguridad: el cartel verde «Copias al día» convivía con «Última copia correcta: nunca», y un fallo al listar versiones se disfrazaba de «todavía no hay versiones».
Copias de seguridad: «0 archivos» quería decir dos cosas distintas, y una versión con «0 archivos» no está vacía.
Resumen: las tarjetas de Cámaras y de Copias decían lo mismo pasara lo que pasara, un volumen cifrado bloqueado hacía decir «Sin volúmenes todavía», y en tema oscuro pasar el ratón las convertía en un tarjetón gris.
Almacenamiento: la pantalla moría con un error interno si lsblk fallaba.
Todo el panel: Estado de los discos, Instantáneas, Carpetas compartidas y Copias se quedaban en blanco por una consulta secundaria que fallara.
Actualizaciones: un nombre de paquete equivocado dejaba el NAS sin instalar nada, rclone no se podía descargar nunca y el registro se contradecía.
Actualizaciones: la actualización se caía por IPv6 —«npm error errno ENETUNREACH»— con el NAS conectado perfectamente.
Tienda de aplicaciones: salían ocho copias de la misma aplicación, porque se agrupaba por nombre, y se seguía ofreciendo lo retirado.
Tienda de aplicaciones: instalar una aplicación grande fallaba por el reloj.
Usuarios: el usuario «wsdd» no se podía borrar.
Panel: abre casi el doble de rápido desde fuera; antes descargaba un solo archivo de 1 MB antes de enseñar nada.
Documentación: en el móvil se salía media pantalla y las órdenes salían en una sola línea con la palabra bash delante.
Todo el panel: 63 botones ignoraban el tamaño de letra, los de borrar salían grises y dos desplegables se salían de la pantalla en el móvil.
Tareas programadas: una revisión rota dejaba sin hacer todas las siguientes.
Licencias: cada clave vale para un solo NAS, se da de baja desde el propio equipo y una clave que no conste emitida no se activa. Licencia gratuita al registrarse.
Correcciones
Copias de seguridad: un archivo grande no subía a Nextcloud con la cuenta medio vacía, y el aviso del fallo se cortaba justo donde decía dónde mirar.
Repaso del Panel de Control entero, con el panel abierto delante.
Acceso: el primer arranque no dejaba entrar.
Todo el panel: un fallo del servidor llegaba como «Error HTTP 500» a secas, y el diálogo de usuarios se comía el error entero.
Panel de control: faltaba una carpeta de configuración y el panel no lo decía.
Panel de control: DNS, DHCP y Comprobación del sistema repetían el mismo párrafo dos veces.
Idioma: Comprobación del sistema salía entera en castellano con el panel en inglés, y quedaban otros dos restos sin traducir.
Panel de control: «Programar» y «Analizar» salían apagados sin decir qué faltaba, y el SAI guardaba sin decir nada.
Red: sin ninguna tarjeta, la pantalla no decía nada.
Carpetas compartidas: el pie de la pestaña rsync era el de NFS, y cada carpeta enseña ahora sus tres protocolos, no dos.
Copias de seguridad: el motivo de un fallo podía ser una línea de «todo va bien» —«\<5\>NOTICE:»— y el código 1 acusaba al panel de un fallo que no era suyo.
Copias de seguridad: «Crear la copia» salía en gris sin decir qué faltaba, y dos avisos empezaban a media frase.
Terminal: se quedaba en negro sin decir nada.
Tienda de aplicaciones: la misma categoría salía dos veces, una de ellas en inglés.
Móvil: el panel se maneja como una aplicación, y los diálogos suben desde abajo.
Seguridad
Licencias: revisión completa del portal antes de comercializarlo. Se cierra un fallo crítico, una compra solo la ve su dueño, el acceso resiste la fuerza bruta y se añaden las cabeceras contra el secuestro de clic.
Informe de espacio: dice en qué se va el disco, carpeta por carpeta.
Monitor: historial de métricas, para ver cómo ha ido el equipo estos días.
Aplicaciones: editor visual de puertos y carpetas, sin tocar la receta a mano.
Almacenamiento: los discos aparecen al enchufarlos.
Licencias: LGM-OS pasa a ser de pago único y para siempre. Se comprueba en el propio equipo, sin internet; el NAS nunca se bloquea por la licencia, y la clave va vinculada a ti, no a la máquina. Hay interruptor de modo gratuito.
VPN: se configura sola. La dirección pública se detecta sin preguntar, el DNS se propone solo, las redes de casa son configurables y se avisa si un cliente no va a llegar a nada.
Notificaciones: avisos por Telegram, Discord y ntfy, y cada nivel elige por dónde sale.
Red: el NAS aparece solo en Windows y en el Mac, con nombre, descripción y grupo de trabajo configurables.
Diagnóstico: pruebas de red que salen de verdad al exterior, tres automatizaciones nuevas y descarga del registro.
Cambios
Máquinas virtuales: la consola se abre en una pestaña, no en una ventana emergente.
Escritorio: las ventanas y los diálogos recuerdan su tamaño.
Correcciones
Centro de registros: «Máquinas virtuales» no funcionaba y nunca lo había hecho; el arranque de Samba salía en rojo y la mitad de las filas eran rutas del código fuente.
Seguridad
Acceso: el bloqueo automático de intrusos vale ya para SSH.
Copias de seguridad: copias en la nube con retención bloqueada.
Cámaras: una sola conexión por cámara, repartida entre todos los que miran, y el directo va sin recodificar.
Máquinas virtuales: el CD se quita solo cuando la máquina ya está instalada, hay ajustes avanzados y se puede forzar el apagado.
Cambios
Móvil: en pantallas estrechas no hay escritorio: el panel toma forma de aplicación, respeta la muesca, volver al inicio no cierra nada y se instala como aplicación también en el iPhone.
Panel de control: la aplicación «Sistema» desaparece del escritorio y todo lo suyo pasa al Panel de control, para no tener dos puertas a lo mismo.
Correcciones
Acceso: una contraseña incorrecta decía «Sesión expirada», y el usuario venía con «admin» ya escrito.
Almacenamiento: las cifras de un volumen Btrfs no cuadraban, porque no se puede medir con la regla de un disco normal.
Seguridad
Panel: los WebSockets comprueban de dónde vienen, el panel no se puede meter en un marco ajeno y la excepción de desarrollo ya no viaja a los NAS.
Actualizaciones: barra de progreso real, del 1 % hasta el reinicio, y el error se ve sin salir del panel si algo falla.
Instantáneas: candado contra el secuestro de datos, en Almacenamiento → Instantáneas. El estado se le pregunta al sistema de archivos, no se guarda en el panel, y con Btrfs se dice que no se puede en vez de fingir que sí.
Archivos: el gestor, rehecho. Una barra de herramientas en vez de dos, el tipo de archivo se reconoce de un vistazo y la fila seleccionada se ve.
Correcciones
Actualizaciones: quedarse sin memoria se confundía con un error de compilación.
Archivos: las carpetas de Docker y de las máquinas virtuales no se veían.
Cámaras: el sondeo encuentra las que antes no aparecían, respeta la dirección desde la que contestó cada una y saca entero un grabador con varios canales.
Todo el panel: el anillo del foco deformaba el elemento al enfocarlo, y en tema oscuro no se veía.
Comprobación del sistema: dos avisos salían sin haber ningún problema: «El panel tiene SSH apagado pero ssh está en marcha» y «Sin nas-helper el panel no puede tocar el sistema».
Cámaras: el sondeo sale ahora por todas las redes del NAS, no solo por una.
Comprobación del sistema: decía «Consola remota (SSH): apagado» mientras había una sesión SSH abierta en ese mismo equipo. Ahora, cuando el panel cree que un servicio está apagado, se comprueba igual, y la pantalla dice a qué hora se comprobó.
Todo el panel: fuera lo que fingía funcionar. «Almacenamiento S3», «No hay actualizaciones pendientes», «El cortafuegos está activado», el cifrado de la copia y «Volver a conectar la cuenta» decían cosas que nadie había comprobado.
Comprobación del sistema: repasa todos los servicios y caza lo que se rompe sin dar error: Samba en marcha con una configuración que no tiene tu carpeta, una exportación NFS cuya carpeta ya no existe —que tumba las demás—, WebDAV encendido con su servidor parado, Docker con su almacén en el disco del sistema, poco espacio, un volumen sin montar o una cámara grabando en una unidad que no está.
Archivos: la cola de subida vive en la barra superior, se puede seguir trabajando mientras sube y, si un archivo falla, los demás siguen. Antes se caía la tanda entera y el panel se quedaba mudo hasta el final.
Carpetas compartidas: WebDAV se marca en la carpeta, y ni NFS ni WebDAV piden ya rutas. Las exportaciones NFS sueltas de versiones anteriores se siguen viendo.
Correcciones
Usuarios: las etiquetas de permisos se leían como si fueran botones.
Usuarios: cuotas por persona, en Panel de control → Usuario y grupo → Cuotas. Las aplica el sistema de archivos, no el panel, así que solo funcionan en volúmenes ZFS; en los demás se explica por qué.
Acceso: la sesión pasa a una cookie que el navegador no deja leer, con su defensa contra peticiones cruzadas, y caduca por media hora de inactividad en vez de a las doce horas.
Archivos: la contraseña de un enlace compartido dejaba rastro en la dirección, y de ahí en el registro del servidor y en el historial. La pantalla no enseña ni el nombre del archivo antes de acertar, y son cinco intentos por enlace.
Cámaras: aplicación nueva. Se añade una cámara con su dirección RTSP y graba sola; graba el sistema, no el panel, copiando el vídeo sin recodificar. Se limpia sola y todo vive dentro del volumen. La contraseña de la cámara no sale del NAS.
Cámaras: directo sin reproductor ni retardo.
Cambios
Escritorio: los registros, el editor, la papelera y todo lo que abre un diálogo se mueven arrastrándolos.
Copias de seguridad: las copias salen a la nube —Drive, OneDrive, Dropbox, S3 y varias más—. Conectar la cuenta no obliga a instalar nada en tu ordenador y las credenciales no se guardan en el panel.
Copias de seguridad: el destino se prueba antes de guardarlo, y se explica cómo funcionan las versiones en cada nube.
Almacenamiento: el almacén de Docker se muda solo al crear el volumen; desaparece el botón «Mover a la pool».
Archivos: la ruta ocupa su propia línea entera y los botones van en una fila debajo, con el buscador y la papelera a la derecha.
Escritorio: las barras de desplazamiento van a juego con las ventanas.
Correcciones
Almacenamiento y Copias de seguridad: las dos aplicaciones se cerraban solas nada más cargar sus datos.
Tienda de aplicaciones: cambiar de pestaña, de categoría o buscar dejaba la lista nueva a media altura.
Carpetas compartidas: la comprobación de SMB dice ahora la dirección exacta que hay que escribir, y un usuario mal escrito ya no se convierte en invitado.
Actualizaciones: los dos pasos largos —instalar paquetes y compilar la interfaz— avisan de que tardan varios minutos y de cómo seguirlos. Sin decirlo parecían colgados.
Actualizaciones: la primera actualización de un equipo recién instalado moría antes de empezar, precisamente por no tener ninguna actualización anterior.
Docker y Máquinas virtuales: sin volumen no se instala nada, y se dice: «Crea primero un volumen de almacenamiento», con su botón. Lo que crece vive en el volumen, nunca en el disco del sistema. Antes solo lo avisaba la Tienda.
Almacenamiento: todo lo que crece vive en el volumen. Al crearlo se preparan solas las carpetas de Docker, de las máquinas virtuales y del catálogo, y el almacén de Docker se muda allí. Antes las imágenes se quedaban en el disco del sistema —casi siempre el pequeño— y en semanas lo llenaban; lo primero que dejaba de funcionar era la propia actualización.
Docker: en un NAS al que se le puso el volumen después, la aplicación avisa de que sus datos siguen en el disco del sistema, dice cuánto ocupan y los mueve con un botón. Si la mudanza falla, Docker arranca igual como estaba.
Actualizaciones: la interfaz se compila donde hay sitio de verdad, así que actualizar necesita 400 MiB en el disco del sistema en vez de 1 GiB. En un equipo con el sistema en un disco pequeño la actualización no cabía por mucho que se limpiara.
Consola: la pantalla del NAS pasa al terminal 7 y el inicio de sesión de siempre se queda en el 1, así que Ctrl+Alt+F1 da una consola de verdad aunque la pantalla se rompa. Antes el equipo se podía quedar sin ninguna forma de entrar desde su propio teclado.
Correcciones
Actualizaciones: unos cuantos intentos fallidos dejaban restos que hacían morir al siguiente con «espacio insuficiente», sin decir que la causa eran ellos. Ahora se limpian antes de medir y, si aun así falta, se dice qué lo está ocupando.
Consola: la pantalla del NAS se enciende al actualizar, y se instala en el momento si el equipo tiene pantalla y no la tenía. Si la apagaste desde el panel, sigue apagada.
Correcciones
Consola: en un equipo sin tarjeta de vídeo dedicada la pantalla moría con «no screens found» o no respondía al teclado. Y si no puede arrancar, se rinde tras cinco intentos dejando el motivo escrito, en vez de reintentar para siempre.
Actualizaciones: una actualización que fallaba y se revertía dejaba la pantalla idéntica, indistinguible de una que ni se había intentado. Ahora se dice en verde de qué versión a cuál se pasó, o en rojo en qué fase falló y por qué.
Terminal: botón de reconectar, 10.000 líneas de historial y marco rojo cuando la sesión es de root.
Cambios
Panel de control: los usuarios salen de los servicios de archivos y «Usuario y grupo» pasa a ser una entrada con categoría propia. Antes cada servicio tenía su lista y la misma persona acababa con cuentas distintas según por dónde se la creara.
Panel de control: SNMP pasa a Conectividad, y Seguridad se queda con lo que protege el equipo: asesor, cortafuegos y bloqueo de direcciones.
Máquinas virtuales: aplicación nueva. Se crea una máquina con su nombre, memoria, procesadores y disco, se instala desde una imagen que tengas en tus carpetas y se ve su pantalla dentro del propio panel. Los discos van al volumen y crecen según se usan.
Máquinas virtuales: la pantalla de cada máquina escucha solo dentro del equipo; se ve por un puente del panel que exige sesión de administrador, nunca abierta en la red.
Máquinas virtuales: si el equipo no puede virtualizar, se explica qué falta.
Correcciones
Todo el panel: cambiar de sección heredaba la posición de desplazamiento de la anterior.
Consola: la pantalla del NAS no se instalaba en máquinas virtuales, por no encontrar un conector de pantalla que una tarjeta emulada no siempre publica.
Carpetas compartidas: botón «Comprobar» en SMB, que recorre en orden el servicio, el proceso, el puerto y los permisos para explicar por qué «Windows no puede obtener acceso a \\NAS».
Cambios
Panel de control: portada con las secciones agrupadas en rejilla —Uso compartido de archivos, Conectividad, Seguridad, Sistema— con buscador, en vez de una lista lateral de veinte entradas.
Correcciones
Tienda de aplicaciones: un fallo pasajero de un catálogo borraba sus miles de recetas de golpe y dejaba la tienda a medias, sin explicación. Ahora solo se retira lo de los catálogos que han contestado, y la hoja de fuentes dice qué trajo cada uno y cuándo.
Consola: el servidor abre el panel en su propia pantalla, a pantalla completa, como cualquier sistema operativo. Solo se instala si el equipo tiene pantalla, y se apaga desde Sistema → Información.
Archivos: comprimir y extraer. Al extraer se crea una carpeta con el nombre del comprimido, en vez de vaciar cien archivos sueltos encima.
Archivos: compartir con enlace, con caducidad y contraseña opcionales, y la lista de enlaces activos con su contador de descargas y su botón de revocar.
Archivos: búsqueda de verdad por todo el árbol, sin distinguir mayúsculas ni tildes, con la carpeta de cada resultado. Antes solo filtraba lo que ya estaba en pantalla.
Archivos: vista previa, «Copiar a…», «Mover a…» y menú de clic derecho completo.
Archivos: copiar y mover en bloque en una sola operación; los nombres repetidos pasan a «x (2)» en vez de fallar a medias.
Cambios
Actualizaciones: se retiran las actualizaciones del sistema operativo desde el panel. Pueden reiniciar servicios o dejarlos a medias sin nadie delante; quien quiera hacerlas tiene la consola. LGM-OS se sigue actualizando desde el panel.
Seguridad
Tienda de aplicaciones: el identificador de una aplicación se valida antes de construir una ruta con él; un «..» suelto apuntaba fuera del catálogo.
Terminal: una cuenta con la contraseña sin estrenar ya no abre el terminal, que es lo más peligroso del panel.
Carpetas compartidas: la descripción no puede llevar saltos de línea, que dentro de la configuración de Samba son directivas nuevas.
Archivos: al extraer un comprimido se descartan las entradas que apuntan fuera de la carpeta y los enlaces simbólicos.
Carpetas compartidas: SMB, NFS y WebDAV pasan a un solo sitio. Estaban en tres entradas del menú, como si fueran cosas distintas, y compartir una carpeta obligaba a recorrer las tres.
Carpetas compartidas: los distintivos SMB y NFS de cada carpeta se pulsan, sin abrir el editor entero.
Usuarios: permisos por persona, con sus carpetas y tres columnas —sin acceso, lectura y escritura, solo lectura—, incluido el permiso que le llega por sus grupos.
Usuarios: una persona, una cuenta. Había dos sitios donde crear personas y la misma acababa con dos cuentas y dos contraseñas que se desparejaban. El panel no se queda sin administrador ni quitándoselo uno mismo.
Correcciones
Centro de registros: «Panel» y «Servicio privilegiado» daban error 500 por un tope de tamaño que las unidades más habladoras pasan de sobra. El mismo límite rompía cualquier archivo grande leído por esa vía.
Centro de registros: una línea del diario que no fuera texto válido tumbaba la lista entera, y los registros se eligen ahora por su nombre de siempre.
El NAS deja de ser algo que solo se usa desde casa: se publica hacia fuera, guarda copias de verdad y da servicios de red a la propia red local.
Novedades
Copias de seguridad: aplicación nueva. Cada versión se ve entera al abrirla pero solo ocupa lo que cambió, y cada origen se guarda con su ruta completa, así que dos carpetas que se llaman igual no se pisan.
Copias de seguridad: destinos en disco local o en un servidor remoto por SSH, con claves que el panel no puede leer. La prueba de conexión distingue el equipo inalcanzable, la clave no autorizada, la huella cambiada, la carpeta que no existe y el permiso de escritura, en vez de un «no se pudo conectar» que no dice qué arreglar.
Copias de seguridad: la retención solo borra tras una copia correcta, así que un fallo repetido no puede dejarte sin ninguna copia. Restaurar recrea la ruta original dentro de la carpeta que elijas, sin machacar los datos vivos.
Acceso externo: DDNS, con el proveedor avisado solo cuando la dirección cambia de verdad. El testigo vive aparte, así que la configuración viaja en la copia de seguridad y el secreto no, y se borra de cualquier mensaje de error.
Acceso externo: certificados automáticos, que se resincronizan a diario para que una renovación llegue también al panel.
Acceso externo: proxy inverso, que valida la configuración antes de recargarla y restaura la anterior si falla. Los destinos se restringen a direcciones privadas literales.
VPN: WireGuard, con la clave privada de cada cliente enseñada una sola vez, al crearlo, dentro de su configuración y de un QR generado en el propio NAS. Añadir o quitar clientes no corta los túneles abiertos.
Red: DNS y DHCP, con reservas por dirección física. La configuración se valida antes de instalarla y se restaura la anterior si el servicio no arranca. Activar el DHCP exige confirmación y avisa si detecta otro servidor DHCP en la misma red.
Archivos: papelera dentro de cada carpeta compartida, visible también por SMB. La anterior vivía en el disco del sistema, así que borrar un archivo grande lo copiaba entre discos y podía llenarlo.
Correcciones
Instalación: las instalaciones hechas desde la ISO no podían actualizarse desde el panel. Ninguna, nunca.
Instalación: si el primer arranque moría a mitad, el equipo se quedaba bloqueado para siempre en «instalando» sin forma de recuperarlo.
Actualizaciones: la actualización se promociona conservando la anterior y, si el panel no responde tras reiniciar, se vuelve solo. El panel ya no puede cantar un éxito que no ocurrió.
Copias de seguridad: la copia de la configuración perdía las carpetas compartidas, y con ellas SNMP, el portal de acceso, el SAI y el bloqueo de direcciones.
Primera versión pública, renumerada a 1.0. La historia anterior sigue más abajo, con su numeración interna 2.x.
Instalación: instalador propio con cuatro elecciones —nombre del servidor, red, usuario de consola y disco del sistema—, tema oscuro y ninguna pregunta suelta del sistema base.
Consola: pantalla con logo, dirección y URL, con barra de progreso en vivo durante el primer arranque, y la orden lgm para ver el estado, la URL con su QR y el progreso.
Acceso: asistente de primer acceso. No hay administrador de fábrica: la primera visita crea el tuyo.
Panel: se instala como aplicación en el móvil y en el ordenador.
Escritorio: panel lateral de widgets en vivo —salud del sistema, monitor de recursos, almacenamiento, usuarios conectados, tareas programadas y registros recientes—, con menú para activarlos, anclarlos, plegarlos y reordenarlos.
Marca: logo propio en la pantalla de acceso, en la barra superior y en la pestaña del navegador.
Correcciones
Escritorio: el arrastre y el redimensionado de ventanas, rehechos de raíz. Funcionan con ratón, dedo y lápiz, con ocho asas y sin salirse del escritorio.
Todo el panel: los botones secundarios habían perdido su estilo.
Carpetas compartidas: una sola definición crea la carpeta, aplica los permisos por usuario y por grupo y la publica por SMB y NFS.
Usuarios: grupos reales del sistema gestionados desde el panel, usables en permisos.
Usuarios conectados: sesiones web en vivo, conexiones SMB y sesiones de consola, con su pestaña y su widget.
Asesor de seguridad: análisis con puntuación —contraseña de fábrica, doble factor de los administradores, endurecimiento de SSH, cortafuegos, actualizaciones pendientes, bloqueo automático— y sus consejos.
Seguridad: bloqueo automático de direcciones tras varios intentos fallidos, con lista blanca y desbloqueo desde el panel.
Panel de control: zona horaria y hora en red, agente SNMP de solo lectura, y portal de acceso con título y mensaje personalizables.
Dispositivos externos: discos USB con montar, desmontar y expulsar seguro, visibles desde Archivos.
Escritorio: widgets arrastrables con su posición recordada, y el lanzador de aplicaciones pasa al dock.
Correcciones
Usuarios: la pantalla devolvía un error del servidor por una ruta mal formada.
Panel de control: los ajustes se agrupan en «Compartición de archivos», «Acceso remoto», «Seguridad» y «Energía», y Sistema en «Equipo», «Actualizaciones», «Automatización» y «Mantenimiento», para encontrar cada cosa de un vistazo.
Archivos: panel lateral de acceso rápido, cortar, copiar y pegar, mover arrastrando, subida soltando archivos encima y creación de archivos y carpetas.
Archivos: selección múltiple y atajos de teclado —F2 renombrar, Supr a la papelera, Ctrl+C/X/V, Intro abrir, Retroceso subir—.
Archivos: ordenar por nombre, tipo, tamaño o fecha, vista de lista y de cuadrícula, buscador, barra de direcciones editable, propiedades y menú de clic derecho completo.
Monitor: tabla de procesos en vivo, con su usuario y su consumo.
Docker y Almacenamiento: menú de clic derecho en contenedores y en volúmenes.
Instalación: instalador rediseñado, con logo en color, pasos numerados y pantalla final.
Correcciones
Cortafuegos: no se podía activar nunca.
Almacenamiento: crear un volumen Btrfs con un guion en el nombre lo dejaba sin poder montarse. Los nombres se restringen a letras, números y guion bajo.
Instalación: el instalador no dejaba ZFS listo, así que crear un volumen ZFS fallaba.
Carpetas compartidas: WebDAV impedía arrancar el servidor web por duplicar su puerto.
Usuarios: borrar un usuario de SMB dejaba su cuenta del sistema.
Cortafuegos: el panel avisa de que SMB, NFS y WebDAV quedan bloqueados hasta abrir sus puertos.
Terminal: consola de verdad dentro del panel, solo para administradores. Corre como el usuario del servicio, no como root.
Almacenamiento: reemplazar un disco averiado y ampliar un volumen desde el panel, con el reequilibrado en segundo plano.
Correcciones
Papelera: restaurar varios elementos no se abortaba entero por uno, y dos archivos con el mismo nombre dejaron de pisarse.
Tareas programadas: dos cambios a la vez se pisaban.
Almacenamiento: el estado de un volumen confundía los discos de caché con los de datos.
Panel: la reconexión insistía sin descanso tras un fallo de sesión.
Seguridad
Copias de seguridad: la copia de la configuración incluía la clave que firma las sesiones y no exigía ser administrador: un usuario de solo lectura podía descargarla y hacerse pasar por administrador.
Acceso: el código de doble factor se comparaba mal, y la contraseña de fábrica no bloqueaba nada hasta cambiarla.
Carpetas compartidas: compartir se restringe a las rutas de datos, para no poder exportar el sistema entero.
Resumen: aplicación nueva, con la salud y la ocupación de los volúmenes, el estado de los servicios, el consumo, el SMART, los contenedores y las notificaciones en una sola vista.
Archivos: papelera de reciclaje, con listar, restaurar y vaciar.
Almacenamiento: pruebas SMART cortas y largas por disco.
SAI: apagado seguro por batería configurable, con el estado en vivo en el panel.
Cambios
Todo el panel: iconografía propia en toda la interfaz; se retiran los emoji.
Escritorio: el dock distingue la aplicación activa, la abierta de fondo y la minimizada, y un clic la trae al frente o la minimiza según dónde esté el foco.
Archivos: gestor web, con listar, subir, descargar, renombrar, copiar y eliminar.
Usuarios: cuentas de archivos unificadas, con una sola contraseña para SMB y WebDAV.
Almacenamiento: conjuntos de datos con cuota y compresión, instantáneas manuales y programadas con retención y restauración, y SMART con verificaciones a demanda y programadas.
Notificaciones: avisos por correo y por webhook, con vigilancia de la ocupación, de los volúmenes, de los servicios caídos y del SMART, y su centro en el panel.
Carpetas compartidas: servidor NFS, papelera de red y copias de Time Machine.
Copias de seguridad: copia y restauración de la configuración, a mano o programada.
Red: configuración de red desde el panel, con VLAN y agregación de tarjetas.
Tienda de aplicaciones: catálogo remoto verificado, registro y estadísticas de cada contenedor y actualización de lo instalado.
Tareas programadas: planificador integrado para instantáneas, verificaciones y copias.
Escritorio: tema oscuro Liquid Glass con conmutador y detección del sistema, e interfaz en español e inglés.
Seguridad
Panel: cifrado obligatorio, con certificado propio generado en el primer arranque y sustituible.
Panel: el panel corre sin privilegios y todo lo que toca el sistema pasa por un ayudante con lista blanca cerrada de órdenes y de rutas.
Acceso: límite de intentos por dirección, bloqueo de cuenta tras cinco fallos, registro de auditoría, cierre de sesión real —también global y al cambiar la contraseña— y doble factor.